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sábado, 30 de noviembre de 2013

FORTALEZA INFERNAL

Stuart Gordon es un director por el que siento un especial aprecio, no ya por ser el director de "ReAnimator" (1985), una de las joyas del cine de terror de los ochenta, o de "Dolls" (1986), otra muestra de su indudable maestría tanto en el Fantástico como en la serie B, si no por ser el responsable de cosas del calibre de esta "Fortaleza infernal" (1992), vehículo hecho para el lucimiento de un actor, el francés Christopher Lambert, cuya cara de besugo siempre me ha causado desagrado, por mucho que en su día, como algunos de mi generación, flipáramos en colores con "Los inmortales" (1986), aunque a mí siempre me resultó más simpático el personaje de Sean Connery, por el estilo guasón que le otorgó el intérprete escocés, que se comía con patatas a un gabacho que, aparte de hacer de Tarzán en una adaptación que, vista hoy, resulta soporífera, entraba en la década de los noventa con sus niveles de popularidad ya muy tocados, siendo esta película, uno de sus últimos títulos de éxito, para luego iniciar un claro declive, que le llevaría a mantener viva la llama de "Los inmortales" en varias secuelas infumables, aunque también tuvo tiempo para hacer un par de "thrillers" medianamente pasables: "Jaque al asesino" (1993), en la que actuó junto a su santa esposa, Diane Lane, y "Resurrección" (1998), un entretenido pastiche de "Seven" que acaba por ser simpático dentro de su condición de derivado.
Rodada en Australia, "Fortaleza infernal" nos pone en la piel de un militar, Brennick, que junto a su esposa están decididos a huir de un Estados Unidos futurista como consecuencia de la política del régimen fascistoide que prohíbe los embarazos. La pareja, que andan esperando un hijo, son pillados en la frontera y Brennick es trasladado a un penal de máxima seguridad, dirigido por un sádico (Kurtwood Smith), que hará la vida imposible al pobre Brennick, quien no tardará en organizar una fuga junto a otros presos, con el fin de rescatar a su esposa, que se halla en manos del citado alcaide, que además de sádico es un pervertido del copón.

Christopher Lambert, un francés en Hollywood, con su habitual gesto de sufriente ante las amenazas del perverso Kurtwood Smith
Debo reconocer que, en su día, cuando se estrenó en cines, no vi esta película, que rescaté posteriormente en DVD en mi proveedor oficial. Me dejé arrastrar por algunas malas críticas y terminé por dejarla pasar. Craso error, por fortuna ya subsanado, pues estamos ante una película que, dentro de sus limitaciones (estamos ante una baratija, de presupuesto holgado pero baratija al fin y al cabo) es entretenida y disfrutable al cien por cien. Gordon, cuyo gusto por la ciencia ficción chusquera se vería reforzado con aquella muy digna gema del género que es "Space truckers" (1996), dota a la cinta de un estilo de cómic muy deudor de los tebeos de ciencia ficción ochenteros, tipo "1984", "Metal Hurlant" o similares, lo que mezclado con las típicas escenas de cine carcelario (los presos "broncas" que provocan al abnegado protagonista, los compañeros de celda, que primero desconfán y luego casi besan el suelo por donde pasa el protagonista...) hacen de ella un pasatiempo francamente recomendable, siempre y cuando se la miren sin prejuicios y sean capaces de tolerar a Lambert, actor que por regla general puede resultar harto cargante cuando se pone en plan sufriente, y aquí se pone las botas. A lo bestia.
Siete años después el neozelandés Geoff Murphy realizaría una secuela...Mala hasta decir basta.

Christopher Lambert junto a la bella Loryn Locklin, actriz hoy  en día dedicada de pleno a la pequeña pantalla, en una imagen promocional de "Fortaleza infernal" (1992) una muy reivindicable cinta de ciencia ficción hecha por un director que quizá merece mayor grado de consideración crítica.

martes, 19 de noviembre de 2013

EL HORROR SEGÚN LOVECRAFT

La editorial Siruela, dentro de su colección Nuevos Tiempos, ha editado un estupendo volumen que recopila quince relatos de otros tantos escritores con un elemento en común, ser los preferidos del gran HP Lovecraft, quien cierra el libro, y que conforman el "corpus" de lecturas predilectas del escritor estadounidense, a los que dedicó amplios comentarios en su libro "El horror en la literatura", ensayo recopilado, póstumamente, en 1939, aunque anteriormente, entre 1933 y 1935, el propio escritor logró colocar extractos en muy diversas publicaciones.
Dado que en vida el desdichado Lovecraft no se comió un colín, literariamente hablando, su papel como antólog no fue tenido en cuenta. Fallecido en 1937, fue su albacea e incorruptible protector de su legado, August Derleth, el encargado de velar por la publicación de la obra lovecraftiana, finalizando personalmente todos aquellos relatos que el autor de "En las montañas de la locura" había dejado inconclusos.
"El horror según Lovecraft" compendia una serie de relatos que son, sin lugar a dudas, de lo mejor nunca escrito dentro del género terrorífico. Autores como Arthur Machen o Lord Dunsany, esenciales en el propio estilo lovecraftiano, así como F. Marion Crawford, con su obra maestra, "La litera de arriba", tienen un espacio privilegiado, pero tampoco hay que olvidarse de Clark Ashton Smith, amigo personal de Lovecraft y un escritor que creo que merece cierto grado de reivindicación, pues posee obras de gran categoría, como el ciclo de "Zothique", o el "Quién sabe? de Guy De Maupassant, un imprescindible relato de fantasmas.
Como ya he indicado anteriormente, Lovecraft cierra el volumen con "El testimonio de Randolph Carter", primera de las entregas de una serie de historias protagonizadas por el citado Carter, trasunto aventurero y "echado para adelante" de una persona que no poseía ninguna de ambas cualidades, aunque como escritor sí que fue uno de los grandes en su género...Por más que tuvo que serlo pasados varios lustros de su muerte.
Por último indicar que se trata de la última edición de uno de los volúmenes más reeditados por Siruela, y de la cual existe una edición de bolsilllo, editada en tapa dura y dividida en dos partes. La presente ha sido editada de forma unitaria y en una versión que, desde la perspectiva económica, resulta más aceptable para el bolsillo que la anterior, por muy de bolsillo que sea.

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) figura capital de la literatura fantástica y de terror, por más que en vida pasó por periodos de estrechez económica, que le obligaron en ocasiones a trabajar de "negro" para escritores bien poco talentosos con la pluma o la máquina de escribir.


lunes, 18 de noviembre de 2013

SERVICIO COMPLETO

Realizado a partir de las entrevistas que el escritor Lionel Friedberg realizó a Scotty Bowers, el volumen es el retrato directo, descarnado, de primera mano de uno de los personajes más singulares de la historia de Hollywood. Scotty Bowers era ni más ni menos que el responsable de proporcionar desahogo sexual a la mayor parte de d elas grandes estrellas del Hollywood clásico. A lo largo de casi cinco décadas de actividad initerrumpida, Bowers trabajó para gente como Cary Grant, Randoplh Scott, Katherine Hepburn, Tyrone Power, Charles Laughton, Spencer Tracy, Rock Hudson o Anthony Perkins, entre los más conocidos, aunque su "descubridor" fue el venerable Walter Pidgeon, que se lo "ligó" en la gasolinera donde trabajaba Bowers tras licenciarse del ejército.
El volumen no escatima episodios que van de lo escandaloso a lo escabroso; uno, tras terminar el libro, puede creer o no todo lo que dice Bowers con respecto a sus peripecias con toda esta pléyade de intérpretes inolvidables. Para intelectuales como Gore Vidal, lo que explica Bowers es verdad, en tanto en cuanto los actores suelen ser poco dados a contar verdades sobre su vida. Cada uno puede ser libre de creerle o no. Algunos episodios resultan ciertamente difíciles de tomarse en serio, pero es indudable que Bowers, que a sus noventa años posee una memoria casi fotográfica, fue el testimonio principal de las intentonas de un ya muy decadente Errol Flynn para mantener intacta su fama como semental imparable, aunque la realidad, al menos en aquellos días era bien distinta. O de las peculiares aficiones culinarias de Charles Laughton; pasando por el tiquismiquis de Montgomery Clift, que nunca se mostraba del todo satisfecho con la gente que Bowers le traía a su casa para pasar un rato más que agradable. O la conducta, casi suicida, de Rock Hudson, que pasó de un matrimonio de conveniencia preparado por la universal con otra aspirante a actriz (lesbiana), a salir a la búsqueda de amantes de la peor calaña en los peores barrios de Los Ángeles. Todas las estrellas tienen su cara oculta, y Bowers fue confidente y testigo autorizado de una época ya del todo perdida. No llega a los niveles de "Hollywood babilonia", la inolvidable recopilación de escándalos y barbaridades que Kenneth Anger convirtió en biblia para el aficionado más desprejuiciado, pero es una obra francamente curiosa y divertida de leer. Pero ya les digo, considerar algunas de sus revelaciones como verdaderas ya depende de cada lector. No recomendada para lectores fácilmente escandalizables ni mitómanos irredentos, porque pueden llevarse más de un chasco con algunos de sus ídolos.

Imagen de Scotty Bowers recién licenciado del ejército, en 1946, tras servir en el Pacífico y poco antes de empezar a trabajar en una gasolinera de Los Ángeles. Su proverbial encuentro con el actor Walter Pidgeon, que se lo "ligó", fue el comienzo de una exitosa carrera como experto en montar juergas para las grandes estrellas de Hollywood de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta.

Para finalizar, una imagen actual de Scotty Bowers, efectuada pocos meses después del lanzamiento del libro en los Estados Unidos. Acaba de cumplir noventa años y es historia viva, de la cara oculta de la Meca del Cine.


domingo, 17 de noviembre de 2013

EL GATO DE LAS 9 COLAS

Franco Arno es un hombre, ciego de nacimiento, que vive junto a su sobrina, una simpática niña de unos ocho años llamada Lori. Un día, mientras van de regreso a casa tras un día de paseo, escuchan por casualidad una conversación entre un par de sujetos que parecen estar vinculados a un chantaje. Poco más tarde uno de ellos es aseinado en una estación de tren, en lo que en un primer momento se considera un suicidio pero que pronto se revela como un asesinato en toda regla, gracias a la fotografía realizada por un reportero gráfico, amigo de un periodista, Carlo Giordani, que poco más tarde aparece también asesinado. Giordani, ayudado por Arno, iniciarán una investigación en la que se mezclan el espionaje industrial y un estudio sobre la psique criminal, que se realiza en una clínica especializada en estudios genéticos...
Segundo largometraje de Dario Argento tras "El pájaro de las plumas de cristal" (1969), "El gato de las 9 colas" es otra aportación de su director al género "giallo" o cine de suspense cien por cien italiano, que el director de "Suspiria" (1977) ayudó a remodelar, siguiendo los parámetros fundacionales de Mario Bava, responsable del nacimiento del género merced a la fundacional "Seis mujeres para el asesino" (1964).
 "El gato de las 9 colas" es un buen filme de este estilo, aunque se hace evidente que Argento estaba ya buscando elementos diferenciadores, en tanto en cuanto este tipo de películas se habían puesto de moda de forma casi expansiva, por lo que se hacía necesario dotarlas de aspectos diferenciadores, algo que Argento comprendió, estableciendo con la sensacional "Rojo oscuro" (1975), unos parámetros propios plenamente diferenciadores que, junto a la ya citada "Suspiria", llegarían a su máximo esplendor en cuanto a puesta en escena. De hecho puede decirse que, tras "Phenomena" (1985) el mismo Argento pareció entregarse al autoplagio, iniciando un cierto declive que, pese a todo, le ha permitido seguir activo, aunque sea haciendo cosas tan innecesarias como una nueva versión de Drácula, en 3 dimensiones, sí, pero del todo desdeñable.
Volviendo a  "El gato de las 9 colas", en el reparto destaca la presencia del siempre sólido Karl Malden como el ciego Arno y James Franciscus como el abnegado Giordani, además del reclamo de la sueca Catherine Spaak, con objeto de dotar de leves toques de erotismo a la trama, por más que lo hace de un modo tan soso y mecánico que más bien despierta el soponcio que no la líbido...

EXPEDIENTE WARREN (THE CONJURING)

Es una verdadera lástima que James Wan, director de esta película, haya decidido apostar por abandonar el género de terror para abordar pastos más variados, y seguramente mejor remunerados, cuando está más que claro que su manera de abordar el Fantástico estaba llegando a niveles casi de perfección absoluta. Y eso que en sus inicios, cuando dio el pistoletazo de salida a la saga "Saw", junto a su entonces inseparable compinche, Leigh Wannell, parecía que no iba a ser más que otro manufacturador de horrores gore hechos más para audiencias adictas a la casquería. La, en su momento, incomprendida "Silencio desde el Mal" ya demostraba que el binomio Wan-Wannell estaban por hacer otra cosa, más estéticamente trabajada, mejor elaborada. Cuando la saga "Saw" se mantenía viento en popa, estirándose hasta lo indecible, los dos colegas decidieron apartarse de la franquicia, y con "Insidious" refrendaron que lo suyo iba muy en serio.
Ya sin Wannell, Wan se hace cargo de este "The conjuring", una vuelta de tuerca al cine de posesiones y casas encantadas, rodada con modos muy setenteros, que tanto parecen ecos de "El exorcista" (1973), como de "La maldición de la mansión del Infierno" (1973) como de "Terror en Amityville" (1979). Apoyándose en la excelente labor de John R. Leonetti en la fotografía y en una escenografía diseñada al detalle, Wan imprime su extraordinaria puesta en escena, desplegada con inusual grado de perfección y soltura. Me perdonarán sus detractores, que los hay, pero pocas veces se encontrará uno con una película de terror tan bellamente ejecutada, en la que el espectador podrá recuperar en su justa medida el aroma del cine de terror americano de los setenta, que los títulos anteriormente reseñados, en especial los dos primeros, que son referenciales, en el cual el género vivió una auténtica Edad de Oro.
¿Pegas? La única pega que yo le veo a esta cinta es que los de la New Line están decididos a convertirla en franquicia, y teniendo en cuenta cómo la gastan estos sujetos, capaces de arruinar sagas de forma casi automática (con Freddy Krueger y los Critters fueron especialmente crueles, sin olvidar lo que ya comenté al respecto de "Jason X") es de prever que, sumado a la ausencia de Wan, la cosa no pasará de ser un pálido reflejo de una película que, desde ya, queda como una de las indiscutibles obras maestras del género en esta segunda década de siglo XXI, por no decir directamente de lo que va de siglo. Ya lo sé, suena muy exagerado, pero es que los tiros van por ahí. En cualquier caso, el tiempo dirá... De momento queden estas palabras finales como provocación, perdón, constatación de la indiscutible calidad de esta cinta.   

viernes, 15 de noviembre de 2013

STAR TREK EN LA OSCURIDAD

Qué quieren que les diga, yo fui uno de los pocos, al parecer, que mostraron su entusiasmo con respecto a la relectura, renovación, díganle como quieran, de la franquicia "Star Trek" realizada por JJ Abrams y sus habituales compinches Roberto Orci y Alex Kurtzman. En su momento, algunos seguidores acérrimos de la saga se sintieron algo desengañados con los resultados: peor para ellos. pretender que William Shatner y el resto de la peña original volvieran al redil era un imposible, pues están todos de un yayo que quita el hipo, cuando no ya están criando malvas así que era hora de hacer borrón y cuenta nueva, de hacer un reset, respetar las esencias básicas de la franquicia y volverla a poner en plena forma.
Por el medio quedan las películas protagonizadas por el estirado del capitán Picard y  su pandilla; eran películas entretenidas y, una de ellas, "Star Trek, primer contacto" (1997) hasta resultaba francamente notable, pero luego cometieron el error de hacer "Star Trek insurrection" (1999) y tras una última entrega, "Star Trek, Némesis" (2002) los mandamases de la Paramount decidieron cerrar la parada y pensar cómo iban a resituar la saga en su debido lugar.
Abrams, y sus inseparables compañeros escribas anteriormente citados, a los que en esta segunda entrega se suma Damon Lindelof, compañero de Abrams en estas lides en la serie "Perdidos", lo que hacen es servirse de elementos, personajes, situaciones, reconocibles de la mitología trekiana pero dotándolas de un barniz nuevo, más dinámico y resultón. En su primer acercamiento, Abrams no acabó de hilar fino todos los elementos en liza, muy probablemente porque se trataba de presentar de nuevo a todos los personajes y eso necesita su tiempo, con lo cual la historia de base, con un villano interpretado por Eric Bana, quedaba algo coja.
Para esta segunda parte, y contando con mayor presupuesto y, por tanto, pudiendo jugar a unos niveles superiores, el director de "Super 8" se desmelena, ofreciendo un gran capítulo de lujo de la serie clásica de "Star Trek", con su escena a modo de prólogo y todo. El resto son dos horas de puro espectáculo, no ya visual, que lo es, y a niveles realmente muy potentes, es que los actores muestran mayor grado de comodidad en sus respectivos roles, lo que permite que todos ellos puedan tener su instante de lucimiento. Pero quien se lleva la parte del león es el británico Benedict Cumberbatch, quien asume el papel de villano, un villano de proporciones épicas, que el intérprete encarna con escalofriante realismo. Creo que les costará muy mucho encontrar a un actor que, en el futuro, pueda llegar a ser tan resolutivo como contrario del "nuevo" Kirk y el resto de tripulación de la Enterprise, pues Cumbertbatch ha puesto el listón muy alto.
"Star Trek, en la oscuridad" es una excelente película de ciencia ficción, además de una gran película de la saga creada en 1966 por Gene Roddenberry. Su futuro, si se mantiene en manos responsables y creativamente imaginativas, no puede ser más positivo. El resto son pataletas de "freaks" talibanes y nostálgicos en la tercera edad.

DESTINO FINAL

Fogueados en el campo del guión mediante sus libretos para diversos episodios, por otro lado memorables, de la gran teleserie "Expediente X", James Wong y Glen Morgan tuvieron la oportunidad de tener su propia serie televisiva, "Space, above and beyond", un producto que intentaba retornar a los territorios de la "space opera" de tono más militarista, pero que no halló su hueco en la jungla catódica, siendo fulminada a las primeras de cambio. Ni cortos ni perezosos, los dos guionistas pusieron sus ojos en la pantalla de grandes dimensiones, que por aquel entonces aún tenía algún valor, e hicieron el camino a la inversa d elo que, hoy por hoy, se hace en el panorama hollywoodiense, saltaron al cine.
El resultado de sus desvelos fue este "Destino final" (2000), una producción que se sumaba a la vorágine de películas de terror adolescentes que, espoleada por el inusitado éxito comercial de "Scream" (1996), y sus sucesivas secuelas, saltó a inundar las pantallas de productos inocuos, como fue el caso de "Sé lo que hicisteis el último verano" (1998), que a su vez dio lugar a una secuela de menor calado, que ya es decir, o "leyenda urbana" (2000), que más o menos resultó dar los mismos frutos, pero aún peores en cuanto a resultados.
El caso de "Destino final" es especial en el sentido de que sus responsables, al menos, se esforzaron por hacer algo medianamente digno, no muy original, es cierto, pero que tampoco molesta ni resulta un insulto a la intelgiencia del, en ocasiones, sufrido aficionado al género. El filme posee una especie de efervescencia interna, de dinamismo, que la convierte en una película entretenida, en la que incluso el en ocasiones abofeteable Seann Michael Scott, luego lanzado con "American pie" y secuelas, funciona con sus gracietas de imbécil integral.
Su sorprendente éxito en las taquillas de la mayor parte del mundo hizo que la New Line, acostumbrada a hacer secuelas de casi cualquier cosa que oliera a terror, iniciara una franquicia que, como suele ocurrir en estos casos, fue denigrando la curiosa premisa inicial hasta convertirla en una especie de excusa para el despliegue de muertes gore y cada vez más espectaculares, más por absurdas que no por otra cosa. Es evidente que la cosa no era para tanto, pero el hecho es que la New Line fabricó cuatro secuelas más, exprimiendo en lugo hasta en una quinta entrega que se servía de las 3 dimensiones para darle un empujoncito en las recaudaciones.
En el reparto destaca la presencia de la hermosa Ali Larter, actriz que luego ganó coerta notoriedad gracias a su papel en la fallida serie de TV "Héroes", así como Kerr Smith, otro actor de procedencia catódica, en su caso de "Dawson crece", y que luego se dejó ver en la resultona "Un San Valentín sangrienton 3D". Del protagonista, Devon Sawa...Pues poco más hizo el muchacho, aparte de algún "thriller" para la pequeña pantalla y paren ústedes de contar. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

THE STUFF

Larry Cohen es el responsable principal (dirige, escribe y produce) esta modélica muestra de serie B ochentera, realizada con un alto nivel de mala leche por un director un tanto irregular, pero que en aquella década estuvo particularmente sembrado, pues enlató "La serpiente voladora" (1982), una pequeña gran joya del género, de la cual ya les hablaré algún día de éstos.
Tras graduarse en la universidad, a mediados de los sesenta, el joven Larry empezó como botones de los estudios de la cadena televisiva NBC, donde aprovechaba los ratos libres para intentar meter algún que otro guión. Tras mucho perseverar, logró que ni más ni menos que Alfred Hitchcock se fijara en alguno de los mismos, los cuales se convirtieron en sendos episodios de la serie "La hora de Alfred Hitchcock". Ya plenamente reconocidos sus méritos, en 1967 crea la serie "Los invasores", precedente directo de "Expediente X" (1993-2002). Ya en la década de los setenta inicia su actividad en el cine, tanto como director, como guionista y productor, o las tres cosas a la vez, mediante la creación de su propia compañía, Larco. Sus primeros films como realizador son producciones baratas centradas para el mercado de la gente de color, los llamados "blaxplotation", pero su carrera dará un giro de 180 grados con "Estoy vivo" (1974), escalofriante relato sobre un bebé asesino, de la cual llegará a rodar dos secuelas más, ya netamente inferiores. En los ochenta, además de la dos cintas ya citadas, realizará la decepcionante "Regreso a Salem's Lot" (1987) y "la bruja de mi madre" (1989), sarcástica comedia que supuso la despedida del cine de la gran Bette Davis. Como guionista, cabe destacar que fue el impulsor de la trilogía "Maniac cop", de laq ue escribió y produjo las tres entregas, dejando la dirección en manos de William Lustig, aunque la tercera parte se vio lastrada por problemas durante el rodaje con los otros socios financieros que culminaron con la marcha de los dos amigos, que se desentendieron de ella.
"The stuff" es un buen ejemplo de los modos y formas de este auténtico hombre orquesta del cine de género en clave B. Se trata, en líneas generales, de hacer una crítica social, o de reminiscencias sociales, sirviéndose de las características del cine de género. Este hecho hace que sus películas posean una estructura que las hace muy especiales, pues funcionan plenamente en su aspecto de género, pero flaquean sobremanera en sus intenciones políticas o sociales, que en ocasiones pueden dar de él la imagen de reaccionario, cuando lo más probable es que esté realizando una parodia.
La película arranca con el descubrimiento, por parte de un par de operarios, de una sustancia que sale de la tierra, y que posee un gusto delicicioso, muy similar al yogur. Una multinacional, dirigida por un hombre sin escrúpulos, se hace con los derechos de explotación, creando un producto alimenticio que pronto se convierte en número uno a nivel de ventas en todos los Estados Unidos. La competencia, sumamente preocupada por la pérdida de mercado, se hace con los servicios de un ex-agente del FBI muy pegado de sí mismo, quien va realizando una serie de averigüaciones que ponen entela de juicio la naturaleza bondadosa que la sustancia pueda tener en el cuerpo humano, que es más bien poca, por no decir nula. A la lucha se sumarán la responsable de publicidad de "The stuff", que se siente culpable de lo que ha hecho por vender un producto tan sumamente pérfido, un muchacho que pronto descubre la naturaleza real de la sustancia, así como un militar de ideas ultraderechistas que pone toda la carne en el asador para salvar a la patria del desastre, lo cual consiguen...Aunque no del todo.
Con una clara inspiración en "la invasión de los ladrones de cuerpos" y protagonizada por un sólido reparto, encabezado por un fijo del cine coheniano, Michael Moriarty, seguido de dos espléndidos secundarios de fuste, como son Paul Sorvino y Danny Aiello, "The stuff" ejemplifica las notables virtudes de ciertos directores que, como en el caso de Cohen, hicieron un gran bien para la industria del cine barato americano, aunque posteriormente se han visto relegados al medio televisivo, cuando no al más inmerecido de los silencios.
Serie B de la Buena y Vieja Escuela Americana.

¿La invasión de los yogúres atómicos?...Nah, es "The stuff" de uno de los grandes popes del cine de bajo presupuesto americano, Larry Cohen

sábado, 9 de noviembre de 2013

JASON X

Cuando una saga de las características de la que nos ocupa llega a su décima entrega, digamos que quedan ya pocos, muy pocos, lugares o elementos que no se hayan explotado hasta la extenuación. En el caso de "Viernes 13" la cosa llega a niveles casi de haber secado la fuente, de haber exprimido todo el jugo aprovechable sin dejar caer una gota, por pequeña que fuese, al suelo.
Los ejecutivos de la New Line, que debían tener por aquellos días algún tipo de diarrea mental de órdago, tuvieron la feliz idea de mantener en funcionamiento la franquicia ambientando la DÉCIMA entrega en el espacio. El estudio estaba muy lejos de aprender de los errores del pasado; con "Critters 4" (1992) hicieron dos cosas realmente difíciles de hacer a la vez: meter la pata hasta el fondo del cubo, pero hasta el foooooondo, y caer en el mayor de los ridículos posibles. Los resultados fueron tan nefastos, pero tan nefastos, que se cargaron la franquicia pero de golpe. Con "Jason X" casi hicieron lo mismo, aunque poco más tarde se superaron con creces con "Freddy contra Jason", una basurilla simpática, salvable por su terceto de féminas protagonista, pero basurilla al fin y al cabo. Tras estos dos ñordos, el estudio perdió los derechos sobre "Viernes 13", que hoy por hoy han vuelto a las Paramount, que ya en 2009 resucitó la franquicia con un remake tipo Coca Cola Zero de la cinta original de 1980. Esto es: menos marihuana, más silicona entre pecho y, bueno, ya está.
El argumento de "Jason X"...Digamos que es el mismo de las otras nueve entregas, pero en el espacio exterior, en un lejano futuro, en el 2455 (casi ná) un grupo de jóvenes estudiantes, que realizan un viaje de exploración a una Tierra devastada hace ya tiempo por la guerra y la Peste, rescatan los cadáveres congelados de una joven experta en seguridad y, naturalmente, Jason. Los jóvenes, que pese a ser estudiantes de ciencias van igual de salidos que los colegas de las otras nueve entregas de la saga, y son igual de cretinos, cometerán el error de descongelar a Jason, que ni corto ni perezoso se pondrá al día, tanto es así que hasta, cuando le dan por muerto, es reseteado en un nuevo Jason en plan Terminator. Básicamente es esto todo lo que hay sobre la mesa. El guionista del artefacto, Todd Farmer, se cubrió de gloria bendita, cobró su cheque y hoy en día debe vivir, solo, en algún lugar helado del Canadá profundo. O puede que le dieran una buena paliza. Cualquiera de las dos opciones es buena.
El responsable de poner en imágenes el libreto fue Jim Isaac, un reputado técnico en efectos especiales que ha venido trabajando para directores como George Lucas, en "El retorno del Jedi" (1983) o para David Cronenberg, en títulos como "la mosca" (1986) o "Existenz" (1999) y que, por amistad, se avino a colaborar como actor, mediante un papelito de jefe cabroncete al principio de la cinta. "Jason X" supone el segundo trabajo tras la cámara de Isaac, pues ya en 1989 realizó "House III", una insignificancia, una serie Z de tres al cuarto, que si destaca por algo es por el mal rollo que daba el tristemente fallecido Brion James como matarife de turno.
¿Los actores? Todos unos desconocidos, exceptuando a Kane Hodder, de nuevo encarnando a Jason...El resto hoy por hoy siguen en el mayor de los anonimatos.
No me extraña.
Una imagen del rodaje de "Jason X"; en ella vemos a James Isaac dando indicaciones a Kane Hodder, maquillado como elk temible carnicero de Crystal Lake, aunque aquí trasplantado al espacio exterior... La carrera como director de Isaac quedó fulminada tras esta película. Y no es de extrañar.

UN PAR DE LIBROS

Bien, tras unos días algo complicadillos, vuelvo a las actividades blogueriles. Al estar tantos días sin postear se ha producido cierta acumulación de material, por lo que la idea es que este fin de semana intentaré ponerme un tanto al día. Es por esta razón que la reseña de libros es hoy doble; por un lado tenemos una biografía de Peter Cushing, escrita por Juan Manuel Corral, quien ya dedicó otro volumen a contar las gracias y desgracias de la otra gran figura del género en las Islas Británicas, Christopher Lee.
"Peter Cushing, el barón de la interpretación", publicado por el sello especializado en libros de cine "T&B" es un recorrido por la vida y milagros del gran actor Peter Cushing (1913-1994), coincidiendo con el hecho de que este año se ha venido celebrando el centenario de su nacimiento. El volumen realiza un profundo repaso a su actividad en teatro, televisión y cine, desde sus primeros intentos por hacerse un hueco en los escenarios teatrales, pasando a su (fallida) aventura en Hollywood, donde participó en algunas películas sin lograr establecerse como actor, circunstancia que le llevó a regresar a la Gran Bretaña, donde se erigió en estrella de la pequeña pantalla, entonces en sus estertores. Su vinculación al Fantástico vendrá dada por sus dos papeles más señeros e inolvidables: el temible Victor Frankenstein, que interpretó a las órdenes de Terence Fisher en la mayestática "La maldición de Frankenstein" (1957), y por ser Van Helsing, tenaz némesis del inolvidable Drácula encarnado por su gran amigo Christopher Lee, de nuevo bajo la batuta de Fisher, en 1958. Hombre de modos caballerescos, profesional exquisito, que nunca levantó la voz ni habló mal de nadie, Cushing fue un hombre que si vivió fue por su amor al trabajo y a su esposa, Helen, el fallecimiento de la cual, en 1972, lo dejó devastado, incluso pensando en la posibilidad del suicidio. Por fortuna, la intercesión de varios de sus amigos evitó tal tragedia, permaneciendo aún dos décadas en activo, aunque manteniendo una especie de fino hilo de conexión con el espíritu de su difunta esposa, con la que deseaba reunirse cuanto antes. En 1977, su intervención como villano en "La guerra de las galaxias" le convertiría de nuevo en un intéprete a considerar. Humilde hasta decir basta, Cushing mantuvo siempre la compostura, sin alardear. En 1986, con "Biggles", dirigida por John Hough, se despedía de la actividad interpretativa. Desde entonces, hasta su muerte, en 1994, se dedicó a una vida tranquila y sin demasiados sobresaltos, sencillamente esperando reunirse con Helen, el amor de su vida.
"Sexo, mentiras y Hollywood", editado por Anagrama, es la imprescindible segunda entrega de "Moteros tranquilos, toros salvajes", el descarnado retrato que el periodista y comentarista cinematográfico dedicó a la década de los setenta en Hollywood, con la eclosión de cineastas como Coppola, Scorsese, Lucas o Brian DePalma, además de Spielberg. En este volumen, la acción arranca a finales de los ochenta, cuando Robert Redford funda las bases que sustentaran el Festival de Cine de Sundance, cuna del llamado Cine Independiente Americano, cuyo impacto inicial vendrá asestado por Steven Soderbergh con su debut "Sexo, mentiras y cintas de vídeo" (1989), hasta que Tarantino revuelva los cimientos del mismo con "Reservoir dogs" (1992). Aparentemente las dos cintas tienen poco en común, pero sí que tienen un nexo de unión: los hermanos Weinstein: Harvey y Bob. Mediante su sello Miramax, los dos hermanos pasarán de ser ser simples distribuidores de películas europeas de arte y ensayo, con cuyos (pocos) beneficios, producían alguna que otra película propia, a codearse con los grandes estudios de la Meca del Cine. Por el camino, los Winstein no tendrán escrúpulos ni respeto alguno hacia nada ni nadie. Estamos hablando de los tipos que lograron desquiciar a Martin Scorsese durante el rodaje de "Gangs of New York", de maltratar (así como suena) a Guillermo Del Toro en el proceso de elaboración de "Mimic" o lanzar una campaña de desprestigio contra Spielberg, boicoteando "Salvar al soldado Ryan" en beneficio de "Shakespeare enamorado", película que ellos coprodujeron junto a la Universal. Algunos pasajes del volumen son realmente brutales, y ponen de manfiesto el grado de ruindad que se vive en Holliwood, en especial si caes en manos de estos dos hermanos...Un libro absolutamente recomendable si se quiere saber como funcionan las bambalinas hollywoodienses. Da escalofríos.
Portada del libro de Peter Biskind comentado más arriba; un ácido retrato de los tejemanejes de los máximos responsables del sello Miramax, los hermanos Weinstein, capaces de todo para hacer las películas como ellos consideran que deben hacerse, llegando incluso a maltratar a directores del nivel de Martin Scorsese, Guillermo Del Toro o Kevin Smith. Ninguno de ellos repitió la experiencia, evidentemente. El único, Quentin Tarantino, que por razones un tanto peculiares, por carácter afín o por lo que sea, es de los pocos que ha sobrevivido a sus maniobras de baja estofa, hasta el día de hoy.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA CALAVERA AULLANTE (y otros relatos de fantasmas espeluznantes) de Francis Marion Crawford

Hoy les hablaré de otra de ésas antologías, preparadas con sumo gusto y categoría, por la editorial Valdemar, en su ya, no me cansaré de repetirlo, imprescindible colección Gótica. En este caso se trata de la edición completa de "Wandering ghosts", publicados póstumamente en 1911 (el autor murió dos años antes).
Digo completa porque esta es la primera vez, en su edición castellana, que se incluye "El mensajero del Rey", relato que, por regla general, era obviado en otras ediciones, cosa que no se acaba de entender del todo, pues se trata de una de las joyas de este volumen, junto a piezas tan absolutamente magistrales (y esenciales dentro del relato de fantasmas) como son "¡Hombre al agua!, "Pues la sangre es vida" y "La litera de arriba", ésta última escalofriante, tanto es así que no hay antología sobre relatos del género que falte o, en caso contrario, debiera faltar, pues se trata de la gran obra maestra de este autor norteamericano.
Nacido en Italia, en 1854, Francis Marion Crawford fue un hombre culturalmente inquieto, que vivió largas temporadas en la India y en Italia, país donde se instalaría de forma permanente tan pronto su carrera como escritor quedó del todo asentada. Estudió sánscrito en Harvard, fue un entusiasta de la actividad marítima, que reflejó con gran exactitud en algunos de sus relatos. En su tiempo fue un escritor de gran éxito comercial, destcando en el relato de terror, pero también en el estudio histórico. Un dato curioso: en 1897 publicó "Corleone", novela que supone el primer retrato relevante de las actividades de la Mafia en tierras italianas.
Uno de sus seguidores más entusiastas, como no podía ser de otra menera era H.P. Lovecraft, quien siempre mostró su entusiasmo para con "Wandering ghosts", en especial por la ya citada "La litera de arriba", que queda como una de sus aportaciones más rotundas al género.

Francis Marion Crawford (1854-1909) un maestro indiscutible del relato de horror, en especial del relato de fantasmas. Relatos todos ellos reunidos en "La calavera aullante", cuya edición en inglés, en 1911, supuso uno de los grandes soplos de aire fresco dentro del género.

domingo, 3 de noviembre de 2013

TIEMPOS DUROS PARA DRÁCULA

¿Qué es lo peor que puede sucederle a una comedia? Que no haga gracia. Y este es el problema de "Tiempos duros para Drácula" (1976), estrafalaria coproducción hispano-argentina que se pretende seguidora de la senda abierta por la memorable "El jovencito Frankenstein" (1973) de Mel Brooks, quedándose en un artefacto más raro que un perro verde, del que solamente se salva la interpretación de José Luís Lifante, eterno secundario del cine español en, creo, su única actuación como protagonista absoluto, encarnando a Drácula, papel que ya había realizado para teatro por aquel entonces, en una producción que, muy probablemente, era mucho más digna y redonda que este desastre.
La película narra las vicisitudes de un Drácula que no tiene problemas para caminar bajo la cálida luz del Sol, que pierde su castillo por problemas económicos y que debe ganarse los garbanzos mediante mil y una maneras, que por lo general salen bastante mal. La idea, he de suponer, es que tales situaciones deberían ser cómicas, pero están rodadas con tan mala pata, que uno no acaba de entender exactamente cuáles eran las intenciones de los guionistas, el propio Darnell, acompañado de un tal Solly Wolodarsky, hacer una comedia o cargarse directamente el cine de vampiros. Porque realmente hay escenas que provocan verdadera vergüenza ajena, resueltas de la peor manera posible...Lo único positivo estriba en su duración, cerca de una hora y cuarto, que tampoco sirve de consuelo, porque puede hacerse interminable dado el "nivel" del conjunto.
El argentino Jorge Darnell debutó en tareas directivas en 1963, en su país de origen, con la película "El despertar del sexo". A mediados de los setenta recaló por estas tierras, donde filmó "El juego del Diablo" (1975), una imitación (una de las muchas, por lo general malas) de "El exorcista" (1973) de William Friedkin. Por los datos que he podido reunir, parece ser que la de Darnell pasa por ser una de las peores. En lo referente a "Tiempos duros para Drácula" baste decir que sus posterior explotación comercial fue pésima, por no decir directamente nefasta, estrenándose cuatro años después de su realización en cines de barrio. Su nula repercusión comercial afectó a la trayectoria profesional de su director, que tardaría veinte años en volver a ponerse tras la cámara, filmando "Veredicto final" (1996), producción argentina que se rodó en escenarios estadounidenses, en concreto Miami, y que tampoco despertó el más mínimo interés comercial, lo que enterró definitivamente la carrera de su director.
"Tiempos duros para Drácula" es pues una película que no posee mayores atractivos que los que proporciona ver a ese sólido intérprete de carácter que es Ruíz Lifante encarnando a un Drácula con estilo y convicción...Lástima que la película no esté a su misma altura, rayando en la tomadura de pelo, en el insulto al género.  
Comparativa que muestra el parecido físico entre José Luís Lifante y Christopher Lee, evidenciando, una vez vistas sus aportaciones como Drácula, que el primero es un digno Rey de los vampiros...aunque lo hizo en una película que no se merecía contar con su notable aplomo como no muerto. En cualquier caso sirvan estas líneas como homenaje a este actor catalán todoterreno, nacido en Barcelona en 1943, con una amplísima labor en teatro, televisión y cine. 


viernes, 1 de noviembre de 2013

LIFEFORCE (FUERZA VITAL)

Tras la mala experiencia que supuso el rodaje de "Poltergeist" (1982), en el que las interferencias de toda índole acabaron por afectar sobremanera a su propia reputación como director de cine, Tobe Hooper, director de la genial "la matanza de Texas" (1974) recaló en la Cannon Films, mediante un contrato que le obligaba a rodar un número determinado de películas, creo que cuatro, aunque debo reconocer que no estoy muy seguro de ello, una de las cuales debía ser, por fuerza, la segunda entrega de su película sobre matarifes tejanos, que filmó en 1986 con Dennis Hopper encabezando el cartel y provocando una serie de reacciones del todo variadas, aunque creo que básicamente le dijeron de todo menos guapo.
Antes de eso, en 1985, los mandamases de la Cannon, Menahem Golan y Yoram Globus, le pasaron el proyecto de pasar a imágenes en movimiento la novela "The space vampires", escrita por Colin Wilson. Escritor de género fantástico y especialista en temas paranormales y de calado más o menos similar, además de no ser excesivamente amigo de la obra de Lovecraft, por el que tiene cierto grado de manía, del todo injustificada, Wilson es uno de esos autores que entienden esto del género de terror como algo exageradamente cultista y trascendental. Cuando leyó el guión de Dan O'Bannon y Don Jakoby se puso hecho un basilisco, pero lo cierto es que tanto sobre el papel como en su posterior plasmación en pantalla, debe decirse, bien alto y claro, que "Lifeforce" una obra maestra sin paliativos, la película esencial de un director que pocas veces estuvo tan inspirado como aquí. Y como suele pasar en la vida, el público no acabó de apreciarla, dando como resultado un fiasco comercial de altos vuelos que, sumado al también desastroso taquillaje de su siguiente incursión en el seno de la Cannon, "Invasores de Marte" (1986) y la fría acogida de "Masacre en Texas " (1986) precipitaron el lento pero progresivo declive de un director que en ningún caso merecía acabar perdido en subproductos de escaso relieve o que fuesen pasto de videoclubes.
Mathilda May y Steve Railsback, vampira del espacio y el astronauta pérdidamente enamorado de ella en un momento especialmente importante de la gran película de Tobe Hooper.
La nave espacial "Churchill" que forma parte de un proyecto conjunto entre la Agencia Espacial Europea y la NASA descubre en el transcurso de una misión de estudio alrededor del cometa Halley, una nave extraterrestre abandonada. Pero en ella encuentran los cadáveres de  tres tripulantes, que llevan a la "Churchill" con el fin de esclarecer su procedencia. En el viaje de regreso a la Tierra, algo sucede, quedando como único superviviente el comandante de la nave terrícola. Las autoridades se quedan los restos mortales de los extraterrestres, uno de ellos una hembra que vuelve a la vida, desatando el caos y el horror allá por donde pasa. Su sensual apariencia esconde aviesas intenciones, haciendo estallar el Apocalipsis.
Filmada en Inglaterra, "Lifeforce" se benefició de las prestaciones dramáticas de un buen puñado de intérpretes del terruño, complementados por el estadounidense Steve Railsback, como el desdichado comandante de la "Churchill" y la rotunda presencia física de la francesa Mathilda May, en un rol de vampira del espacio exterior que ha quedado marcada a fuego en la retina de cualquier aficionado al género que se precie. Colin Wilson tampoco se mostró muy satisfecho con el resultado final de la película una vez estrenada; muy probablemente descubrió que sus principales responsables, entre ellos el guionista O'Bannon, lovecraftiano de pro, habían llevado el agua cerca de unas fuentes que el novelista inglés tenía en poca, poquísima, estima. Peor para él, pues lo que se hizo fue quitar el grano de la paja, y dejar d elado sus disquisiciones para transformarlas en una película del todo punto sensacional.
Estéticamente muy deudora de los viejos clásicos de la Hammer, "Lifeforce" es una obra que decae un tanto en su tramo final, pero que posee una imaginería visual y estética pocas veces vista en otras cintas del género, algo que Hopper repetiría en su otro trabajo para la Cannon: "Invasores de Marte". Pero eso será motivo de otra reseña...

Mathilda May, que s epasa la mayor parte de la película desnuda, da el beso de la muerte a su amado en esta adaptación de la novela de Colin Wilson, que éste rechazó de pleno, aún cuando mejoraba el original, en exceso pretencioso...