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lunes, 31 de marzo de 2014

CAPITÁN AMÉRICA, EL SOLDADO DE INVIERNO

Steve Rogers, poco a poco, va adaptándose a su nueva vida como habitante de la América de primeros del siglo XXI, además de ejercer sus funciones como agente de SHIELD, participando en misiones de alto riesgo. En el transcurso de una de ellas, en la que aparentemente debe salvar a unos rehenes, Rogers empieza sospechar que hay algo de dicha organización gubernamental que no acaba de ser trigo limpio. Las circunstancias hacen que sus sospechas se conviertan en evidencias claras cuando el coronel Furia, cabeza visible de operaciones de SHIELD, es víctima de un asalto por parte de unos tipos vestidos de policía, acompañados de un extraño personaje, enmascarado, que posee un brazo de acero. Rogers descubrirá entonces que SHIELD está bajo el influjo de una amenaza que creía del todo eliminada y, además, que el citado enmascarado tiene relación con unos hechos del pasado, que le marcaron de forma absoluta.  Sin el apoyo de Furia, fallecido a causa de las heridas sufridas en el atentado. Con la ayuda de la Viuda Negra y de un agente especializado en lucha aérea, conocido como el Halcón, el Capitán América hará frente a una conspiración de proporciones épicas, que pondrá de manifiesto que no puede estar seguro de nada ni de nadie...
La Marvel prosigue con su desarrollo a nivel cinematográfico, y tras una primera entrega, de aires claramente retro, que nos narraba los orígenes del personaje nacido en plena Segunda Guerra Mundial, y tras encuadrarlo con Los Vengadores en una espectacular, potente y espectacular aventura fílmica, gracias a la excelsa valor de Joss Whedon, le toca profundizar en su situación actual en el siglo XXI, teniéndose que adaptar a la fuerza, como consecuencia de unos hechos que pondrán en tela de juicio su honorabilidad, a ojos del exterior, pero que le demuestran que ciertos enemigos, que creía muertos, siguen bien vivos, así como la presencia de un personaje de su pasado, que regresó también de los hielos pero con intenciones bien diferentes que las del Capitán América.
Mucho se ha hablado del hecho de que esta segunda entrega es una especie de homenaje al "thriller" de espionaje de los setenta, lo que explicaría la presencia de Robert Redford en un papel que va mucho más allá de mero cameo, para ser un personaje clave en el devenir de la trama. A partir de un guión de Christopher Markus y Stephen McFeely, este "Capitán América, el Soldado de Invierno" pretende dar contenido a un tipo de películas que brillan más por su envoltorio, por su espectacularidad, que no por profundizar en su discurso interno, que suele resolverse mediante grandes secuencias de acción, orquestadas con gran profesionalidad y, en líneas generales, un par de frases que ponen de manifiesto que sus responsables se creen aquello que están contando, más que nada para que el público no se siente del todo defraudado, siempre y cuando realmente estén interesados en lo que cuenta la película y no en los efectos especiales y lo guapa que sale Scarlett Johansson (que también tiene su interés, para qué les voy a engañar). 
Así pues, la película digamos que es un entretenimiento de primer orden, narrado con solvencia por dos hermanos directores, los Russo, Anthony y Joe, que hasta el momento no habían tenido oportunidad de hacer trabajos de gran relieve, en el sentido de gran presupuesto y promoción a sus espaldas. En este caso, su trabajo en el filme que nos ocupa es merecedor de notable; estamos ante un divertimento que no defraudará a los fans del personaje o del cine de acción, que disfrutarán como berracos con sus dos horas de metraje, dinámicas y espectaculares. Ahora bien, si lo que pretenden es rascar algo de "chicha" a su discurso político (que lo hay) francamente van a darse con un canto en los dientes, porque "Capitán América, el Soldado de Invierno" no pretende ser un filme de denuncia, ni mucho menos, básicamente adopta los modos y formas del cine de espías moderno, muy al estilo del James Bond actual, interpretado por Daniel Craig, pero sin su aliento trágico. En las películas marvelianas no hay espacio para la escala de grises. O blanco o negro. Malo o Bueno. Bueno, está la Viuda Negra...Pero en este aspecto no creo que el espectador vaya a fijarse en su escala de valores, precisamente.

lunes, 24 de marzo de 2014

BODY SNATCHERS

Un médico, que ha logrado rehacer su vida tras perder a su esposa en un trágico accidente, se traslada a su nuevo destino, una base militar, junto  a su nueva esposa y sus dos hijos. La mayor, una joven adolescente, es rebelde y eso de la vida castrense no va con ella, pero al poco de llegar conoce a la hija del coronel que dirige la base, así como a sus amigos, con lo cual parece que todo va sobre ruedas. Pero nada más lejos de la realidad, pues una fuerza desconocida, de más allá de las estrellas, está haciéndose con el control de los habitantes de la base, creando réplicas exactas, carentes de sentimientos y de cualquier atisbo de humanidad...
Cineasta tan polémico como personal, hombre conocido por su carácter irascible con la prensa, Abel Ferrara hizo con "Body snatchers" (1993) su primer, y último, trabajo dentro de los cánones establecidos de Hollywood. Y tal y como salieron las cosas, al parecer no quedó para nada contento con los resultados. 
De hecho Ferrara llegó al proyecto, ni más ni menos que la tercera adaptación de la novela original de Jack Finney (tras las dos, sublimes, dirigidas por Don Siegel en 1956 y Philip Kaufman, en 1978), casi de rebote, encontrándose con un guión por el que ya habían pasado Larry Cohen, Stuart Gordon y el habitual socio de éste a la hora de escribir libretos, Dennis Paoli. El director de "El funeral" (1996) se mostró muy contundente a la hora de calificar el guión de "basura", y puso a su por aquel entonces casi inseparable Nicholas St. John a empezar casi de cero. La Warner, en primera instancia, le dejó hacer, pero tras ver un primer montaje empezó a ver claro que aquella película era excesivamente subversiva en cuanto a su discurso político. Ferrara fue apeado y los mandamases de la Warner realizaron un nuevo montaje, mucho menos duro, que se estrelló en taquilla de muy mala manera, circunstancia que provocó que en países como España su distribución fuera directa a vídeo.
Las intenciones de Ferrara pasaban claramente por ofrecer una lectura política de la historia, todavía más clara que sus dos adaptaciones precedentes. Para Ferrara, la idea era que los militares ya tenían el cerebro lavado lo suficiente como para que nadie notara la diferencia si eran poseídos por unos extraterrestres de aspecto vegetal, que creaban réplicas exactas, pero exentas de sentimientos. Pero eso era algo que seguramente superaba con creces lo que una productora del tamaño de Warner podía llegar a arriesgarse. Sencillamente le dieron la patada y remontaron la cinta su gusto.
Así pues, este "Body snatchers" posee algunos instantes que dan indicios de por dónde iban los tiros del director; apoyado en una atmosférica fotografía de Bojan Bazelli, Ferrara crea una historia de terror que plantea un dilema escalofriante: el saber si aquellos a quienes más amamos son realmente ellos. Uno de los mejores momentos, el más logrado, es cuando el niño, hijo del médico, es testigo de cómo su madrastra se transforma en un doble. Es ahí dónde radica la indiscutible valía de esta versión, que si bien no llega a alcanzar los niveles de excelencia de sus antecesoras, digamos que ofrece una lectura cuando menos curiosa, por más que la Warner no nos permitiera más que ver los retazos de una obra de mayor envergadura y con una carga de profundidad aún mayor de la que se vislumbra en el montaje editado en vídeo, que si bien cortó y remontó, deja entrever que la cosa poseía al menos bastante fuerza visual y, por encima de todo, un alto nivel de paranoia. 
En el reparto destaca la presencia de la guapa Gabrielle Anwar, algo crecidita como para pasar por adolescente, Forest Whitaker y Meg Tilly, que contó con la colaboración de su hermana Jennifer para las escenas en que se convierte en su doble extraterrestre, dado el gran parecido entre ambas, aún no siendo gemelas. 
Pero el caso es que la experiencia no obtuvo los resultados esperados, y Ferrara regresó al cine independiente, realizando "Juego peligroso" (1993), un experimento de cine dentro del cine tan, pero tan, sobrecargado de pretensiones, que puede terminar por exasperar al más pintado. Contando con la presencia de un Harvey Keitel desmandado, una Madonna inusualmente convincente y un James Russo francamente sobrio, "Juego peligroso" tampoco despertó excesivo entusiasmo allá por donde se proyectó...En España nos la ahorramos de verla en pantalla grande, como tantas otras películas del director anteriores a "El funeral" teniendo que conformarnos con una edición videográfica doblada de muy mala manera. 
No sería hasta el estreno de "El funeral" (1996) que, de repente, el cine de Abel Ferrara viviría una etapa de enloquecido fervor, tanto es así que se recuperó hasta la inédita "The addiction" (1994), curiosa historia de vampiros, rodada en blanco y negro. Luego vendría la muy insoportable "The blackout" (1997), una especie de melodrama alucinógeno con unos muy abofetables Dennis Hopper y Matthew Modine, arropados por una apetecible Beatrice Dalle y una Claudia Schiffer que ejerció funciones de gancho comercial, aún cuando su aparición era casi un visto y no visto...Para entonces el cine de Ferrara ya había perdido el interés de la mayor parte de la misma peña que lo había puesto entre los imprescindibles. Por perder hasta había perdido la amistad de Nicholas St. John, fiel guionista y único capaz de controlar los efluvios autorales de un director que siempre ha fardado de polémico, cuando la realidad es que, cuando se lo propone, puede ser un pelmazo de tres pares.

Carátula de la edición videográfica de "Juego peligroso", la historia de un director de cine que se toma su trabajo muy a pecho, poniendo a sus dos actores, Madonna y James Russo, al borde del abismo. Harvey Keitel destaca por una interpretación excesivamente cargante. Con todo, se la destaca por contener la mejor interpretación de Madonna, no del todo difícil, en tanto en cuanto básicamente hace de ella misma. 
  

domingo, 23 de marzo de 2014

SECRET WARS

En 1985 la compañía de juguetes Mattel adquirió los derechos para sacar una línea de muñequitos, y sus correspondientes accesorios, de los personajes de la Marvel. El por aquel entonces editor en jefe de la compañía, el tan pegado de sí mismo como polémico (*) Jim Shooter, tuvo la idea de apoyar el lanzamiento de la línea mediante la edición de un cómic que, además de animar las ventas de juguetes, le permitiría escribir una de esas historias épicas, de gran impacto, que a él tanto le gustaban. De este modo, nació uno de los cómics más importantes de la Marvel ochentera, al menos para los que, rondando los cuarenta, leíamos entonces tebeos de superhéroes.
Por aquellos años, mediados de los ochenta, yo era bastante fan de la Marvel, aunque no seguía una colección en concreto. Tanto podía leer "Los Vengadores", como "Spiderman" o "Los 4 Fantásticos", pasando por "La patrulla X", aunque a éstos no los aprecié hasta mucho más tarde, cuando descubrí la genial etapa de Chris Claremont y John Byrne, que es otra de esas joyas que se quedan en la retina del aficionado. Aún recuerdo ver el número uno de "Secret Wars" colgando en el escaparate del kiosco de mi barrio, me costó cien pesetas y me lo leí y releí millones de veces. 
"Secret wars" es un cómic que viene a representar la cima de su principal responsable creativo, Jim Shooter. Este guionista empezó su carrera siendo un tierno infante, cuando empezó a vender guiones para la DC, logrando ser el guionista habitual de la "Legión de superhéroes". A mediados de los setenta recala en la Marvel, y se hace con el puesto de editor en jefe de la empresa. Su mandato estuvo marcado por sus claras muestras de prepotencia: fueron muchos los profesionales que acabaron hartos de sus injerencias, su tendencia a marcar la pauta en el trabajo de los demás de modo casi dictatorial. Shooter amaba los personajes con poderes casi ilimitados porque él, en su fuero interno, se sentía casi un intocable dentro de la Marvel. Pero como suele ocurrir a veces, un exceso de confianza, o de egolatría, le llevó a cavarse su propia tumba cuando convenció a la Marvel para crear un nuevo concepto, el llamado "Nuevo Universo", toda una gama de personajes creados por él, y con los cuales pretendía erigirse "de facto" en el sucesor de Stan Lee, algo que fue casi una obsesión para él. Pero la operación, a nivel de ventas, no funcionó todo lo bien que se preveía. Shooter fue relevado de su cargo(**), siendo sustituído por su "segundo de abordo", Tom DeFalco, que básicamente hizo lo mismo, pero como poseía un perfil más bajo, menos prepotente, digamos que recuperó la confianza de aquellos a quienes Shooter había despreciado de manera brutal (***).
Toda esta parrafada no quiere decir que estemos ante una obra escasamente distiguida, poco recomendable. Para nada. "Secret wars" es un cómic la mar de entretenido, que posee momentos mágicos dentro de la historia de la Marvel. Habrá ciertos fans marvelianos, más veteranos que yo, que seguramente la desprecien, pero uno siempre la ha situado como la guinda de su infancia. El placer de ver a prácticamente todos los personajes de la Marvel juntos, enfrentados a la caterva de villanos de la casa creados por Stan Lee es de aquellos que se te quedan grabados a fuego. 
¿Aspectos negativos? Bueno, es evidente que el principal problema que tuvo esta serie fue que Mike Zeck, el dibujante, tuvo serias dificultades para mantener el ritmo de producción, por lo que tuvieron que buscarle un colega para que le echase una mano, Bob Layton. A esto hay que sumarle que, inicialmente colaboraron tres entintadores de primer nivel, caso de John Beatty o Jack Abel, pero también colaboraron un sinfín de profesionales más en su realización, y no todos ellos congeniaban con el estilo de Zeck, lo que da lugar a que haya números un tanto flojos, pero la historia urdida por Shooter es tan entretenida, tan emocionante, que terminas por olvidarte de algunas viñetas un tanto burdas.
Ni que decir tiene que la serie, de doce números de extensión, fue un éxito de ventas enorme, que ayudó mucho a las ventas de juguetes, que era de lo que se trataba y de paso a vender tebeos, que era el otro factor que la Marvel andaba interesada en lograr. Como no podía ser de otro modo, surgió "Secret Wars II", esta vez un macroproyecto en el cual no se implicaba a una colección limitada de doce números, sino que se buscaba ya meter a toda la gama de títulos Marvel de la época, en una gran saga de la que ya seguí bien poco porque no era para tanto y debías leerte una veintena de títulos al mes, lo que significaba una locura, además de gastar un dinerillo que no tenía. Por otra parte, Frank Miller acababa de sacar "Batman, año uno", junto a David Mazzucchelli. En resumidas cuentas, flipé en colores con aquella historia y me pasé, con armas y bagajes, a la DC editada por Zinco.
Poco más tarde descubriría "El Vibora" y digamos que entonces entré en otro tipo de cómic, aunque tampoco es que olvidara a los superhéroes del todo. Pueden llamarlo eclecticismo o, directamente, que a uno siempre le ha gustado picotear en esto de las viñetas, más que en otros tipos de ocio o consumo cultural...Aunque con esto del IVA al 21 % está la cosa chunga para el picoteo. Más bien uno debe mirar entre las migajas. 

(*) Una de sus acciones más recordadas, entre muchas otras, es la que dice que vetó la posibilidad de que hubiera un personaje de Marvel homosexual, porque "en el Universo Marvel no hay homosexuales". El resto de su actividad como editor en jefe de la compañía se basa en hacer la vida imposible a cuanto guionista no comulgase con sus ideas o planteamientos, el caso de Bill Mantlo es también muy sangrante, e ilustra la catadura moral del sujeto en cuestión. 

(**) Posteriormente estuvo involucrado en un plan para comprar Marvel, aunque la jugada le salió rana...Para suerte de los empleados de la empresa, sin duda alguna. 

(***) A día de hoy Jim Shooter digamos que tiene la vida solucionada, al menos a nivel financiero. Tras algunas aventuras como editor que terminaron más mal que bien, Shooter ocasionalmente aún sigue escribiendo guiones, pero sus días de gloria como escriba han quedado atrás.

INVASORES DE MARTE

En una tormentosa noche, David Gardner es testigo del aterrizaje, en una zona boscosa cercana a su casa, de una nave extraterrestre. Asustado, el pequeño David avisa a sus padres de lo que acaba de ver, pero éstos no le hacen caso alguno, haciéndole ver que todo ha sido una pesadilla, aunque el padre le promete que al día siguiente inspeccionará la zona, por si acaso está más tranquilo. A la mañana siguiente, David descubre que su padre tiene ahora un carácter extraño, actuando como un autómata. Y lo peor de todo es que no es el único de su entorno que actúa de manera similar. La invasión ha dado comienzo, y David, ayudado por una profesora, será la única esperanza para impedir que tenga éxito...
Tras la experiencia de "Poltergeist" (1982) en la que tuvo que hacer frente a las injerencias de Spielberg que, como productor, metió la mano más de la cuenta y, de paso, puso en tela de juicio su profesionalidad, Tobe Hooper parecía que no iba a levantar cabeza, Pero un contrato con la Cannon Films hizo que el director de "La matanza de Texas" recuperara las energías y filmara un trío de títulos indudablemente básicos dentro del género de terror y ciencia ficción. "Lifeforce" (1985), "La matanza de Texas 2" (1986) y ésta "Invasores de Marte" (1986). Hubo el proyecto de una cuarta película (¿Quizá "Spiderman", que la Cannon anunció a bombo y platillo en algunos medios de comunicación por aquella misma época?) pero los fracasos comerciales de las tres películas antes citadas provocaron que la carrera de Hooper en el seno de la Cannon terminara ahí, iniciando desde entonces una larga cuesta abajo. 
Recibida en espadas en alto en el momento de su estreno, despreciada por la mayor parte de la crítica, "Invasores de Marte" puede considerarse la respuesta de Hooper a los estilemas spielbergianos del "buen extraterrestre" establecidos en "E.T., el extraterrestre" (1982). El problema reside en que Spielberg contó con un niño, Henry Thomas, que imprimía realismo, despertaba empatía en el espectador, mientras que Hooper tuvo la mala pata de elegir a Hunter Carson, intérprete que dos años antes había debutado en "París, Texas" (1984), a las órdenes de Wim Wenders, y cuya evidente nulidad dramática resta fuerza en los momentos clave, con lo cual resulta más una carga insufrible que no un elemento identificador. 
Y es una lástima, porque "Invasores de Marte" (1986), "remake" de un pequeño clásico de la ciencia ficción de los años cincuenta, dirigido por William Cameron Menzies en 1953, posee un diseño de producción, una imaginería visual, que la hacen sumamente atractiva. El gran Stan Winston participó en el diseño de las criaturas, obteniendo unos seres que realmente dan escalofríos por su realismo, pero es que además se alejan muy mucho de lo que por aquel entonces se estilaba en materia de alienígenas cinematográficos. La banda sonora, de Christopher Young, es una delicia, aunque también hay que reconocer que en ocasiones está demasiado presente, subrrayando escenas que no era necesario ilustrar musicalmente. Por otro lado, Hooper pudo contar de nuevo con la fotografía de Daniel Pearl, viejo colega de los tiempos de "La matanza de Texas" (1974), quien propone una iluminación que otorga a la película un aspecto de cómic de ciencia ficción muy estimulante a nivel visual.
Pero el caso es que la película no funcionó en taquilla, y Hooper tuvo que jugársela a una carat, en principio, ganadora, la secuela de "La matanza de Texas"...Que tampoco logró funcionar a nivel comercial, llegando a algunos países a estrenarse directamente en vídeo, como el caso de España, mediante el sello Izaro, el de las cajas grandes de plástico, que más de uno recordará... Ya lo sé, uno se hace mayor, qué quieren que les diga.
Un pequeño clásico de los ochenta que, pese a sus deficiencias, pese al protagonismo de uno de los peores niños actores que hayan habido en Hollywood, posee su encanto.

 

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL TEMPLO DEL ORO

Max Donigan y Leo Porter son dos aventureros que andan con la idea de separarse, por cuanto sus expediciones les han reportado beneficios más bien escasos y ya no sienten el "gusanillo" de jugarse la vida por según qué clase de botín. Pero las cosas cambian por completo cuando conocen a Patricia Goodwin, una joven y pizpireta muchacha, que les ofrece la posibilidad de ir a la búsqueda de una antigua mina de oro situada en Arizona. La misión resulta, a priori, bastante fácil, más que nada porque la chica tiene un mapa con la situación exacta de la mina; el único que puede plantear dificultades es un sujeto bastante peligroso llamado Coyote, un tipo que desciende de antiguos chamanes indios y que reclama la mina por pertenecer a sus ancestros. 
En 1986 la moda de Indiana Jones aún coleaba en los cines, y eran muchas las imitaciones que se hacían un hueco en las plateas. La Cannon, que un año antes ya lo había intentado con una nueva versión de "Las minas del rey Salomón" (1985), con Richard Chamberlain y una jovencita Sharon Stone, decidió lanzarse de nuevo con un proyecto que mantenía unas coordenadas similares, esto es, aventuras desenfadadas, para toda la familia, pero situándola en unos escenarios contemporáneos. 
Para llevar a cabo este plan, contaron con el mismo director de "Las minas del rey Salomón" , el británico J. Lee Thompson, que por aquellos años era ya un director "fijo" de la casa, siendo el realizador habitual en las epopeyas violentistas de Charles Bronson, que por aquellos días aún llenaban las arcas del estudio. 
A la hora de elegir a la pareja protagonista, la Cannon pensó en la idea de aúnar el concepto de dos personas de caracteres antitéticos. Uno de los elegidos fue Chuck Norris, una elección un tanto chocante, por cuanto no poseía una imagen de héroe simpático, antes lo contrario, como lo era Harrison Ford en sus tribulaciones aventureras con sello spielbergiano. El "actor", lejos de amilanarse, muestra un sincero esfuerzo por adaptarse a lo que se le pedía, pero sus muy evidentes limitaciones dramáticas se hacen muy evidentes en algunas escenas. Como compañero se escogió a Lou Gossett Jr, actor que se hizo un lugar en Hollywood por su papel de instructor hijoputa en "Oficial y caballero" (1982), que le valió un Oscar al Mejor Secundario. Tras ese papel tan exitoso, este actor afroamericano inició una espiral descendente, que le llevó de marcarse tantos en producciones de cierto relieve a caer en picado en las simas de la serie B más churresca. Algo similar puede decirse de la hermosa Melody Anderson, que hizo de Dale Arden en la "peculiar" adaptación de "Flash Gordon" (1981) financiada por Dino DeLaurentiis...Tras aquel acercamiento a la superproducción, la pobre Melody padeció algunos tropiezos tanto a nivel de cine como de TV. Poco después de "El templo del oro" abandonó su actividad como actriz. en un papel secundario destaca John Rhys Davies, actor británico ya presente en  "Las minas del rey Salomón", además de en "En busca del arca perdida" (1981) e "Indiana Jones y la última cruzada" (1989), con lo cual la conexión con el modelo original era completo. 
"El templo del oro" es un pasatiempo muy de su época, elaborado por una compañía que en los años ochenta se marcó sus buenos tantos en el cine de acción, pero que erró cuando quiso apostar por hacer productos "de lujo", caso de "Masters del Universo" (1987) y "Supermán IV" (1987), que se estrellaron a la larga, provocando serios daños financieros que la herirían de muerte, entrando en bancarrota al cabo de pocos tiempo. Chuck Norris intentó ayudar con su "Desaparecido en combate III" (1988), pero los tiempos estaban cambiando y el público ya no respondió como antes. Lee Thompson lo intentó a su vez, acompañado de su casi inseparable Charles Bronson en "El mensajero del miedo" (1989), que planteaba ligeras diferencias con productos típicos del pétreo actor de origen polaco. Viendo el panorama, los dos mandamases de la compañía, los israelíes Menahem Golan y Yoram Globus, abandonaron el barco, dejando a la Cannon meciéndose cual "Titanic" hacia su querido iceberg, hecho que se produciría hacia 1993.
Hoy, ironías de la vida, productos tan denostados por la crítica de la época pero que hoy han sido elevados a la categoría de clásicos populares, siendo emitidos repetidamente en diversos canales temáticos de cine. Cosas de nuestros tiempos y de los cambios generacionales, que antes miraban los ochenta con horror y ahora los miran con nostalgia.  
  

LA ORGÍA NOCTURNA DE LOS VAMPIROS

Un pequeño autocar atraviesa las montañas transilvanas; en su interior lleva a un grupo de gente que se traslada a un lugar cercano, con el fin de iniciar una nueva etapa en sus hasta ahora complicadas existencias, trabajando como servidumbre de una importante familia de la comarca. La súbita muerte del conductor hace que tengan que pasar la noche en un pueblucho dejado de la mano de Dios, Tolnia, donde da la sensación que les esperaban con los brazos abiertos, por cuanto ya tenían comida preparada y las camas listas. Pese a las suspicacias, la presencia de un viajante de comercio hace que se relajen un tanto...La realidad es que las gentes de Tolnia ocultan un escalofriante secreto. 
Entre tanta colaboración con Paul Naschy, León Klimovsky se hizo cargo de esta producción "made in Jose Frade", escrita al alimón por Gabriel Moreno Burgos y Antonio Fos, y en la que intervenían dos actores habituales del terror español de la época, el estadounidense afincado en España Jack Taylor, así como la rusa Dianik Zurakowska, presencia femenina en títulos tan remarcables e imprescindibles como "La marca del hombre lobo" (1968), debut en pantalla grande de Paul Naschy (con quien no acabó de congeniar del todo bien) o en la divertida "La orgía de los muertos" (1973), a las órdenes de José Luís Merino y de nuevo con Naschy, aunque en este caso realizando una aparición breve pero de las que dejan huella, pues hacía de necrófilo.
"La orgía nocturna de los vampiros" (1973) viene a ejemplificar el grado de explotación al que estaba llegando, a nivel industrial, el género fantástico por aquellos años. El terror, como antes el "western" en escenarios almerienses, estaba de moda, y los productores de turno se subían al carro con suma facilidad, aceptando cualquier guión que oliera a terror, por malo que fuera, y el de esta película era de un despropósito de padre y muy señor mío. Como ocurriera posteriormente con el cine erótico, que fue morirse Franco y todos se lanzaron a hacer comedietas de muy baja estofa, con la Cantudo o Naiduska de preferencia, el cine de terror español entró en un callejón sin salida.
Pero Klimovsky es Klimovsky, y lo suyo era estar al servicio del guión que le tocara en suerte, imprimir una puesta en escena más o menos bien resuelta y, una vez acabado el trabajo, pasar al siguiente proyecto sin solución de continuidad. En "La orgía nocturna de los vampiros", el director de "Último deseo" (1977) deja claro que lo suyo era adaptarse al género que le cayera en suerte, sin andarse por las ramas o entrar en cuestiones estéticas, para él del todo innecesarias, como afirmó en varias ocasiones, él era un cazador, dispuesto a hacerse con la pieza más preciada y pasar a la siguiente con el fin de mantenerse fresco en la industria del cine español de aquel periodo. Y José Frade, por aquel entonces en la cresta de la ola, contó con él en diversas ocasiones, especialmente por su capacidad de adaptarse a lo que se le pidiera, sin salirse de la ruta marcada y, lo más importante, sin pasarse de presupuesto. 
Por otra parte, excepto en casos muy puntuales, la mayor parte de estas producciones iban destinadas a las salas de programa doble o de reestreno, cines de los llamados de segunda categoría, con el fin de mezclarse con el grueso de las producciones de serie B internacionales. Con ese objetivo las películas se doblaban, aún habiéndose rodado en español. En el caso que nos ocupa, es chocante ver a un actor como Luis Ciges hablando con un tono de voz tan impostado, que nada tenía que ver con su peculiar, e inolvidable, voz real.
Con un prólogo directo y contundente, en el cual se dan pistas sobre la verdadera naturaleza de los habitantes de Tolnia, "La orgía nocturna de los vampiros" destaca porque a ratos parece como si sus responsables pretendan no tomarse muy en serio, tomando como base (y salvando las distancias, ni que decir tiene) la maravillosa "El baile de los vampiros" (1967) de Roman Polanski, mientras que en otros busca impactar con escenas escabrosas, que acaban resultando más risibles que las pretendidamente más distendidas. Aunque si hay que quedarse con un momento es el de la escena en la cual el personaje interpretado por Jack Taylor se queda tan pancho tras espiar como Dianik Zurakowska se desnuda, mediante un agujero hecho en la pared de su habitación. Una escena tan, a ojos de hoy, políticamente incorrecta, hace de esta película una pieza cinematográfica, a la par que sociológica, de unos tiempos que, ciertos políticos de la derecha que hoy nos gobierna, intentan hacernos recuperar a marchas forzadas...  
Aparición especial de Helga Liné, otro de los rostros inconfundibles de aquella etapa, en un rol de importancia.
Por cierto, pese a contener la palabra "orgía", no esperen desmelenes...La censura todavía andaba apretando y con las tijeras dando. 

martes, 18 de marzo de 2014

DR. JEKYLL Y EL HOMBRE LOBO

Un hombre de negocios, de mediana edad, casado con una mujer joven y bella, decide que ha llegado el momento de hacer un viaje a su tierra natal, en los Cárpatos, con el fin de recuperar sus raíces, pues tuvo que abandonarla como consecuencia de las fuerzas comunistas tras la Segunda Guerra Mundial. El viaje transcurre sin mayores dificultades hasta que son asaltados por un grupo de ladrones, que hieren mortalmente al marido. Cuando están a  un paso de agredir a la esposa, aparece Waldemar, un  hombre que vive, cual ermitaño, en los apartados bosques de la zona. Tras dejar a los atracadores hechos unos zorros, la joven, que sin comerlo ni beberlo ya ha olvidado al difunto y empieza a sentir cierta atracción por Waldemar, le propone irse con ella a Inglaterra, donde vive. Waldemar ve en ello la posibilidad de curarse de su dolencia, pues padece de licantropía y la chica es amiga, ni más ni menos, de un descendiente directo del Dr. Jekyll. Ya en las Islas Británicas, en el populoso Londres, el Dr. Jekyll empieza a tener claro que con Waldemar tiene una muy buena materia prima para recuperar las investigaciones de su antepasado. Pero una enfermera celosa, que teme que Jekyll aún sienta algo por la viuda, lo fastidia todo. Waldemar se convierte en una mezcla de tres personalidades distintas, la suya propia, la de hombre lobo y, en última instancia, la de Mr. Hyde. El terror está servido...
"Dr. Jekyll y el hombre lobo" (1972) surgió como un encargo del productor José Frade, que andaba muy interesado en hacer una película de terror con la pareja León Klimovsky-Paul Naschy quienes, dos años antes, habían recaudado un buen fajo de pesestas con "La noche de Walpurgis". Frade estuvo muy implicado en la redacción del libreto que, como siempre, escribió un entregado Naschy. Pero llegado el momento de pasar al rodaje, el productor dejó de estar interesado en el asunto, por lo que Naschy tuvo que buscarse a otro financiados para sacar adelante el proyecto, siendo el elegido Arturo González. 
La película, digámoslo ya, es todo un monumento al delirio más desbocado; en este caso, Waldemar Daninsky pasa por el trauma, no sólo de ser un hombre lobo, sino de ser Mr. Hyde, como consecuencia de las manipulaciones del Dr. Jekyll (una muy bien hilvanada interpretación de Jack Taylor), que utiliza la fórmula de su antepasado con el objetivo de repetir la experiencia ya narrada por Robert L. Stevenson en su genial "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde". Pero una enfermera cargada de celos y mala uva (Mirta Miller, actriz que por aquellos años era una presencia habitual del cine de género español) hará que la situación tome unos derroteros del todo impensables, con el protagonista cambiando de Hyde a hombre lobo y viceversa con la misma facilidad que algunas cambian de novio en un "reality" de Tele 5. 
Pero antes de eso, la película tiene un impagable prólogo ambientado en tierras del Este europeo, en el cual se produce el primer encuentro entre la protagonista femenina (Shirley Corrigan) y Waldemar, que la salva de unos ladrones en una secuencia de pelea de las que hacen época, con tono de "western" europeo.
Con "Dr. Jekyll y el hombre lobo", Klimovsky demuestra de nuevo que era el director ideal para Paul Naschy, aparte del propio Naschy. El director argentino afincado en España asume al cien por cien el tono B de la propuesta, en la que se conjuga el gusto por el goticismo de su protagonista y guionista, además de unos toques de "thriller" psicológico, que redondean con brillantez el conjunto.
Con todo, la respuesta comercial no llegó a los niveles logrados con "La noche de Walpurgis", seguramente porque eran muchos los que esperaban un filme similar, encontrándose con un producto más enloquecido, en el sentido de que no está encorsetado a modelos extranjeros, como era lo habitual, optando por una original, y por momentos muy "bolsilibresca" mezcla de mitos del terror, muy de la Universal en el fondo, pero netamente naschyana en las formas. El hecho es que fueron muchos los que se tomaron excesivamente en serio una película que pide a gritos ser vista con desprejuicio... 

ÚLTIMO DESEO

En una finca de lujo, su propietaria tiene la costumbre de organizar reuniones para hombres de negocios y personas de similar poder adquisitivo, a los que proporciona un rato de relax con mujeres y comidas y bebidas de alta categoría. En el transcurso de una de sus fiestas, se produce en el exterior algo que no acaba de quedar claro, aunque aparentemente todo queda en un temblor de tierra y en algo de inquietud entre los habitantes de la casa. La realidad es que se ha producido una explosión nuclear, y las personas que viven en el exterior han quedado ciegas, volviéndose violentas en el proceso. Los ocupantes de la casa deben tomar la decisión de hacerse fuertes en ella o marcharse del lugar, aunque ninguna de tales decisiones sea la más útil para salvar la vida...
A partir de un guión escrito al alimón por Vicente Aranda y Joaquín Jordá, dos personas tan alejadas de tales profesionales del cine, tanto en intenciones como en pretensiones estilísticas, como eran León Klimovsky o Paul Naschy se reunieron por última vez, ocho años después de haber marcado un punto álgido para el género del fantaterror español. 
La película mezcla sin demasiada sutileza, la ciencia ficción de raíz "Twilight zone" con el cine erótico que por aquellos años marcaba el paso dentro del cine español. La presencia de Nadisuka, tan bella como inexpresiva, ejemplifica claramente las intenciones de sus responsables, al igual que la participación de Naschy, que aquí deja a un lado su rol de héroe sufrido pero más valiente que un ocho, para convertirse en el villano de la función. Ello no significa que su personaje asuma una actitud cobarde, antes lo contrario, si no que lo hace desde otro punto de vista. 
Es en esta mezcla, tan rara en el enunciado como atractiva en su puesta en escena, lo que convierte a "Último deseo" en una de las aportaciones más inusuales del fantástico español, que bien merece una recuperación por parte de los aficionados. Klimovsky, siempre funcional, pero que sabía cómo hacer su oficio, realiza una pieza francamente sugestiva, que quizá de haber sido dirigida por algunos de sus dos guionsitas hbiera ganado cierta condición de culto pero que, al estar dirigida por un director que para nada se las daba de autor, pasó sin más pena que gloria por los cines españoles en el momento de su estreno. Desde entonces pocas veces ha sido emitida por TV y solamente consta una edición videográfica en 2002.
A los ya reseñados Nadiuska y Naschy se añaden la presencia del argentino Alberto de Mendoza (que según cuenta el propio Naschy en sus memorias, no acabaron de congeniar en el rodaje, más bien todo lo contrario), la catalana Teresa Gimpera (Nashy y ella habían coincidido el año anterior en el rodaje de "Secuestro", un "thriller", de nuevo a las órdenes de Klimovsky), la casi imprescindible Julia Saly y un par de secundarios de hierro de nuestro cine, como son Ricardo Palacios y Emiliano Redondo. En un papel más breve puede verse a María Perschy, otra de las actrices que tuvieron su hueco particular en el cine de género hecho en España. 
Si hay una película que merezca la coletilla "a descubrir", no les quepa duda que ésta es una de las primeras de la lista.   

domingo, 16 de marzo de 2014

AMITYVILLE 1992

Jacob es un arquitecto que regresa a su casa tras un viaje de negocios, trayendo consigo un reloj antiguo. Éste, que vive junto a sus dos hijos, tras enviudar, mantiene una relación con una profesora, Andrea, pero se trata de una relación un tanto complicada, marcada por las diferencias de criterio entre ambos. Se respetan, pero Andrea ha sufrido mucho con todo el asunto, por más que siente un enorme aprecio por los hijos de Jacob, ayudándoles en todo aquello que puede estar en su mano. Como ahora, cuando el reloj que ha comprado Jacob revele pronto su diabólica naturaleza, pues es el último vestigio de la casa maldita de Amityville...Poco a poco irá tomando el control del arquitecto y, paulatinamente, el horror se hará realidad. 
Es curioso que una película que no era nada del otro jueves, "Terror en Amityville" (1979/Stuart Rosenberg) acabara generando una ristra de secuelas tan decididamente poco remarcables. Basada en una serie de supuestos hechos reales, centrados en la matanza de una familia por parte del hijo mayor, y de cómo dichos sucesos afectaron a los sucesivos ocupantes de la casa, quienes aseguraron que ésta se hallaba "poseída" por entidades diabólicas, la historia pasó a manos del periodista y escritor John G. Jones, que logró todo un libro multiventas, que pronto fue adaptado al cine. Tras la película de Rosenberg, se producirían ya casi de corrillo dos secuelas más, una de ellas dirigida por un Richard Fleischer (la otra, la primera, estuvo en las manos de un italiano, Damiano Damiani) que ya andaba en pleno declive, en formato tridimensional. Se trataba de "El pozo del Infierno" (1983); no fue hasta cinco años más tarde que la saga sería reemprendida con una cuarta entrega que fue recibida con notoria indiferencia, pero en los noventa la saga aún daría para un par de entregas adicionales, que pretendían ser una especie de "reset" para la franquicia, pero digamos que la cosa no salió todo lo redonda que podría imaginarse, más bien todo lo contrario.
"Amityville '92" (1992) recayó en las manos de un director, Tony Randell, que se había destacado dentro del género por haber estado vinculado a la productora New World, siendo uno de los productores de "Hellraiser" (1987/Clive Barker). Al año siguiente debuta como director con la secuela de la película de Barker, una cinta no tan desdeñable como se dice por ahí. El hecho es que aquella cinta parecía ser el presagio de una carrera como realizador hasta cierto punto digna de cierta consideración, pero la verdad es que ésta siguió en los más estrictos márgenes de la producción directa a vídeo, sin ofrecer títulos remarcables. 
El hecho es que la película posee un planteamiento argumental francamente interesante, con el tiempo como eje central de la historia, pero sea porque el guión no daba para más, o porque Randel tampoco era un realizador visualmente muy dotado, la cosa se queda a medio camino, sin que en ningún instante la película pueda salir de su condición de producto derivativo, de "secuela de..." facturada con mecánica precisión y con algún que otro fotograma potable a lo largo de su hora y media de metraje, que transcurre sin espacio para las sorpresas. Porque la película, señoras y señores, es de un anodino y un soso de aúpa. 
A todo esto hay que sumar que la labor interpretativa tampoco ayuda demasiado a que la película funcione. En el papel de Jacob tenemos a Stephen Match, intérprete de larga experiencia en cine y TV, especialmente en la caja tonta, que sobreactúa cosa mala, llegando a niveles casi abofeteables en más de una ocasión. En el papel de Leonard, psiquiatra que tiene un lío con la protagonista, está Jonathan Penner, que también hace méritos para ser apaleado, pues pocas veces uno podrá toparse con un intérprete tan absolutamente nefasto, de verdad se lo digo. Si al primero se le podría abofetear, a este se le podría directamente enviar a una academia de interpretación, porque es que pone de los nervios cada vez que hace acto de presencia. 
Como contrapartida femenina, y encarnando a la sufrida pero finalmente entregada Andrea, destaca Shawn Weatherly, que empezó como modelo publicitaria a finales de los setenta; en 1980 ganó el concurso de Miss USA, para luego ser elegida Miss Universo. Tras algunos roles de escaso nivel, Shawn viviría su gran momento profesional al integrarse en la serie "Los vigilantes de la playa", a finales de los ochenta, pero la abandonó tras una temporada con la idea de buscar nuevas y mejores propuestas, que no pasaran de pasear su cuerpo en bañador rojo por las playas de Malibú. Por desgracia el resto de productores no lo vieron de la misma manera, y regresó a los papeles de escasa entidad, siendo "Amityville '92" su papel más reconocido fuera de su intervención en la citada serie televisiva. Pocos años después, cansada de una carrera como actriz que nunca despegaba, se centró en la actividad inmobiliaria, ejerciendo de agente de la propiedad. 
Los guionistas, Chistopher DeFaria y Antonio Toro, no contentos con una secuela que tomaba el nombre del original en vano, pretendieron seguir en la brecha con una nueva película, "Amityville: el rostro del diablo" (1993), fabricada para su distribución directa a vídeo, y en la que se agudizaban de forma harto dolorosa los defectos de la cinta de Randell, dando lugar a un subproducto sin ninguna gracia, sentido o interés. El cotarro quedó en manos de John Morlowsky, director también muy centrado en la serie B de videoclub, y si en este caso era un reloj, en el otro era un espejo maldito, que daba lugar a una especie de pirueta argumental con el fin de vincularla a la saga de Amityville por la vía más absurda y atontolinada. 
En la próxima entrega, proseguiremos con el repaso a la obra de Paul Naschy, en este caso comentando la curiosa "Último deseo" (1977), una de las últimas colaboraciones entre el actor-guionista y el director argentino León Klimovsky.     

viernes, 14 de marzo de 2014

DOBLE JUEGO

Jack Grimaldi es un policía que, en un momento de su vida, decide jugárselo todo para ganar más dinero. Considerado como un policía ejemplar, Grimaldi no tiene problema alguno en trabajar como "chivato" para un mafioso. Por otra parte, está casado con una mujer hermosa, pero mantiene relaciones con una joven, e ingenua camarera, sin hacerle ascos ni tan siquiera a su cuñada, con la que también ha tenido sus rollos de una o dos noches. Pero las cosas toman un cáriz del todo diferente cuando conoce a Mona DeMarkov, una asesina profesional, que destaca por su casi nula presencia de escrúpulos. El hasta entonces equilibrado Grimaldia comete el error de entrar en el juego de Mona, una mujer que le llevará hasta las mismísimas entrañas del Infierno. Una caída en la cual el agente de policía perderá casi todo, incluso hasta su cordura...
Cineasta de trayectoria cuando menos curiosa, por variada en cuanto a géneros tocados y resultados obtenidos, Peter Medak se ganó un lugar dentro del cine de terror gracias a "Al final de la escalera" (1979), película de referencia sobre el tema de los fantasmas, alrededor de las cual han bebido casi todas las películas del subgénero hechas posteriormente, incluída "El sexto sentido" (1999). Después de eso, Medak fue el responsable de una comedia paródica que tuvo también cierto predicamento en su día, "Estos zorros locos, locos, locos" (1981) y cierta preferencia por el "thriller" atmosférico, caso de "Secretos indiscretos" (1986) o "Los Kray". En 1998 rueda "Species II", secuela de la muy irregular cinta de ciencia ficción filmada tres años antes por el australiano Roger Donaldson, muy superior a su filme precedente, aunque tampoco es que sea como para tirar cohetes. Su fracaso en taquilla hizo que su director tuviera que emigrar al medio televisivo, donde se mantiene en activo a día de hoy, con pocas probabilidades de que vuelva a la pantalla de gran formato en un futuro cercano. 
"Doble juego" ("Romeo is bleeding/1993) tampoco es que fuera un éxito, más bien todo lo contrario, se pegó una costalada de padre y muy señor mío en la taquilla, que supuso la primera parada de su director en el medio cinematográfico, regresando precisamente en 1998 con la ya citada "Species II", que al ser otro fiasco comercial, vino a significar su exilio definitivo en los andurriales catódicos. La idea partió de un guión de Hilary Hnekin, que estuvo durmiendo el sueño de los justos en el cajón de algunos productores, antes de que el propio Henkin decidiera ser él mismo quien lo financiara. El guión siempre fue muy bien considerado entre el mundillo, pero no fue hasta que Henkin se encargó personalmente de levantar el proyecto, que la cosa empezó a tener cara y ojos. 
La película es una muy buena muestra de cine negro moderno; es probable que, de haberla hecho Tarantino, hoy estaríamos hablando de una cinta de culto, reverenciada por los popes de la crítica, pero al caer en manos de un director funcional, de esos que hacen "lo que les echen", hablando en plata, nadie llegó realmente a reparara en ella, a apreciarla como es debido. Su estrepitoso fiasco en la taquilla americana hizo el resto; en España nos llegó directamente en vídeo, casi de tapadillo, con un doblaje espantoso.
Estéticamente, la película quizá ha envejecido un tanto, con esa fotografía "de diseño" pero su planteamiento argumental, el descenso a los Infiernos de un policía ambicioso, que se lo juega todo a una carta, representada en una bella y brutal asesina a sueldo, Mona DeMarkov (encarnada por una Lena Olin convertida, desde ya, en objeto de deseo de cualquier amante del cine negro, sea este clásico, posmoderno o de vaya usted a saber dónde), pura versión modernizada de los estilemas del mejor cine negro, así como su pirueta final, hacen de ella una de las aportaciones más imaginativas que pudo hacerse al género del "trhiller" en el Hollywood de primeros de los noventa, pero por las razones que sean, la cosa no terminó de enganchar comercialmente. Un año después, Tarantino, siempre Tarantino, con "Pulp fiction" (1994) asumiría una apuesta visual y temática similar que, esta vez sí, daría lugar a un título que se convertiría en el estandarte del género para los restos. 
Al pobre Medak, por desgracia, le tocó el papel de "cornut i pagar el beure", de pionero que abrió el sendero pero sin hallar la recompensa al final del camino. Ese honor quedó en manos de Tarantino, con las consecuencias que todos ya sabemos...
Una pega que se le puede encontrar a esta película es la interpretación de un Gary Oldman recién salido de su labor en el "Drácula de Bram Stoker" (1992) de Francis Coppola. Si bien en un primer momento la cosa funciona con cierto buen nivel, lo cierto es que posteriormente el actor se pierde en la sobreactuación más supina. Cierto es que su personaje no está creado para mover a la simpatía, antes al contrario, pero es que puede llegar a ser inaguantable en según qué momentos. 

LA MALDICIÓN DE LA CALAVERA

Christopher Maitland es un coleccionista de antigüedades que consigue ni más ni menos que hacerse con el cráneo del marqués de Sade. El tipo que le ha proporcionado la pieza, Marco, le asegura que el cráneo es auténtico, algo que confirma otro coleccionista, y amigo personal de Maitland, Pillips. Éste último, además, le pide encarecidamente que, primero, no la compre, y una vez enterado de que su amigo no le ha hecho caso y la ha adquirido, que se deshaga de ella, pues el cráneo influye muy negativamente sobre las personas que la poseen. Maitland, que se define como una persona racional, poco dada a supersticiones, rechaza las recomendaciones de su colega y amigo. Pronto lamentará no haberle hecho caso...
En 1957, con "La maldición de Frankenstein" (Terence Fisher), daba comienzo la Edad de Oro del cine de terror británico. Dicho periodo de esplendor genérico e industrial se refrendaría con creces al año siguiente con "Drácula", de nuevo con Fisher a los mandos de la cámara y con la pareja Lee-Cushing marcando el paso ante ella. La responsable de esta etapa realmente única e irrepetible fue la Hammer Films, que a lo largo de veinte años, hasta 1976, impulsaría el terror de raíces góticas hasta niveles casi insuperables en la mayoría de los casos, muy especialmente en los años sesenta. Luego, en los setenta, la flor terminaría por secarse; "La monja poseída" (1976), triste historia de posesiones muy a lo "El exorcista" (1973), cerraría irremisiblemente tan gran etapa.
Pero aparte de la Hammer, hubieron otras empresas que, siguendo el estilo de ésta, se subieron al carro del cine de terror. Unas, como la Amicus, tuvieron aciertos parciales, aunque trabajaban desde presupuestos modestos, tocando el cine de terror (de episodios como preferencia) ambientado en decorados contemporáneos más por una cuestión de ahorro que no por pretender realmente acercarse al goticismo hammeriano, que también, pues al fin y al cabo la cuestión era hacer la competencia. 
Fundada por Milton Subotsky y Max Rosenberg, la Amicus inicia sus actividades en 1964 con "Doctor Terror", una cinta de terror confeccionada a base de episodios, con un reparto coral encabezado, como no podía ser de otra manera, por Christopher Lee y Peter Cushing. La película fue filmada por Freddie Francis, hasta entonces un muy reputado director de fotografía, que había dado muestras de su sensacional estilo visual en un título tan absolutamente imprescindible como es "Suspense" (1960/Jack Clayton), así como para diversas obras maestras de David Lynch, me refiero a títulos como "El hombre elefante" (1980), "Dune" (1984) o "Una historia verdadera" (1999) que supuso su último trabajo profesional, retirándose poco después. Moriría en 2007 a los noventa años. 
Como realizador, Francis vehiculó su actividad al cine de ciencia ficción y de terror, aunque no eran éstos unos géneros por los que sintiera demasiada preferencia, antes al contrario. Profesional hasta la médula, su idea era la de ganar en versatilidad, por eso se hizo también director, pero siempre se sintió encorsetado por el hecho de tener que rodar en ocasiones producciones en exceso confinadas a los intereses del productor de turno, sin poder poner en ello algo parecido a un sello personal. El concepto era filmar con eficiencia el guión que le propuesieran y punto. Quizás la única oportunidad de poder hacer algo parecido a un proyecto personal fue "El doctor y los diablos" (1985), pero las injerencias de los productores terminaron por fastidiar una inicialmente prometedora adaptación de una novela de Dylan Thomas. 
"La maldición de la calavera" (1965) ejemplifica las virtudes, así como los defectos, del Francis cineasta; estamos ante un filme rodado con estilo, eficacia, buen hacer, todo lo que ustedes quieran, pero al servicio de un guión algo plano, muy funcional, en el cual ni Christopher Lee ni Peter Cushing brillan como de costumbre. El primero está algo estólido en las pocas apariciones que tiene, y el segundo no parece muy cómodo en su interpretación.
La película adapta un relato de Robert Bloch (1917-1994), escritor y guionista estadounidense que se hizo muy popular por ser el autor de la novela "Psicósis", que sirvió de base a la ya mítica película de Alfred Hitchcock. Bloch empezó su carrera de muy joven, escribiendo para revistas de literatura barata como "Weird tales", en los años treinta, trabando contacto con H.P. Lovecraft, de quien fue amigo. Aupado por la popularidad de la adaptación hitchcockiana de su obra, de la que él no se sentía muy satisfecho, al parecer, inició una destacada labor como guionista y adaptador de sus relatos para el cine y la televisión. A mediados de los sesenta conoce a los mandamases de la Amicus, convirtiéndose en su principal mina de argumentos para sus producciones. La relación terminaría a primeros de los setenta, más que nada por discrepancias directas con Milton Subotsky, quien gustaba de creerse un guionista de primer orden, cuando resultaba ser precisamente todo lo contrario. La cima de esta colaboración vendría con la genial "Refugio macabro" (1972), curiosa historia de terror ambientada en un hospital psiquiátrico (*). 
Título menor dentro de la historia del cine de terror británico, "La maldición de la calavera" no es por ello un título desdeñable, pero sí puede decirse que sus responsables no estuvieron al cien por cien de sus capacidades creativas, quedando como una aportación irregular, con algún destello de genio, pero que se queda en eso, en el enunciado de algo que, hecho con un poco más de brío, quizá hubiera dado lugar a una obra de mayor relieve.
Presencia, en roles secundarios, de un trío de actores británicos que también dieron tardes de gloria al cine de género hecho en las Islas: Nigel Green, Patrick Wymark y Patrick Magee. Y cameo, como responsable de la subasta, de otro imprescindible como es Michael Gough.

(*) Para saber más datos sobre la Amicus y "Refugio macabro" les remito a mi artículo dedicado a dicha película, que aparecerá próximamente en "Ultramundo revista pulp", junto a otros comentarios sobre otras tantas películas del género hecho en Gran Bretaña. Ya sé, suena a publicidad descarada, pero es que me eché un buen curro con ellas y creo que merecen la pena que las consulten, si les apetece. Muchas gracias. 

LATIDOS DE PÁNICO

Un empresario, descendiente directo del temible Alaric de Marnac, noble del medioevo conocido por su gusto por el sadismo más descarnado, se traslada junto a su esposa a la casa de campo que poseen, con el fin de que ésta pueda descansar y recuperar fuerzas, pues tiene una grave dolencia cardíaca. Ya en la casa, el marido pronto se muestra especialmente interesado en la sobrina de la fiel ama de llaves, una chica joven que tampoco es que oculte que el tipo le gusta un rato largo. Ni que decir tiene que en este triángulo la que sobra es la esposa, y el marido pronto organiza un plan para deshacerse de la desgraciada, y que todo el asunto parezca un "accidente". En apariencia, el plan surte efecto, pero las consecuencias serán aterradoras para los implicados en el plan...
Rodada en una solariega casa de campo situada a las afueras de Madrid, y que perteneció al mismísimo Franco (cuenta Naschy en sus memorias que la casa se hallaba del todo abandonada, con vehículos de lujo en el párking y documentos tirados descuidadamente por el suelo), "Latidos de pánico" (1963 se rueda en un momento de transformación dentro del cine de terror hecho en España. Las cosas no están muy boyantes para los cultivadores del cine de género, el "otro" Franco, Jesús, se mantiene a duras penas, inasequible al desaliento, y Naschy también se las apaña, pero es evidente que pintan bastos, y gordos, con la "Ley Miró" desestructurando la, ya de por sí, débil industria del cine español.
Naschy, que todavía no había iniciado sus colaboraciones con financiación japonesa, rodó un último acercamiento a la figura de Alaric de Marnac, personaje surgido de su puño y letra, pero inspirado en Gilles de Rais, noble francés que combatió en la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco. La captura y posterior ejecución de la Santa dejaron muy afectado a de Rais, que entró en una sangrienta espiral de asesinatos masivos de niños en su castillo, a los que hacía padecer terribles torturas antes de matarlos. Descubierto por las autoridades, el noble fue detenido y ejecutado posteriormente, quedando como una de las figuras más horripilantes de la crónica más negra de la Historia. 
Naschy presentó en sociedad a Alaric de Marnac en "El espanto surge de la tumba" (1972/Carlos Aured), para luego recuperarlo dos años más tarde con "El mariscal del Infierno" (1974/León Klimovsky) que era, directamente, una reconstrucción, muy al estilo naschyano, de la historia real de Gilles de Rais. En "Latidos de pánico", Naschy recupera el nombre de Alaric de Marnac, facturando una película que sigue las líneas principales del modo y manera de hacer cine de su principal responsable, aunque las cosas estuvieran cambiando y el cine de terror estuviera mutando hacia otro tipo de modelos. 
La película empieza con un prólogo simple pero muy efectivo, para luego derivar hacia una historia de intriga sobre el marido (Naschy) que, enamorado de la sobrina algo díscola de su ama de llaves (Lola Gaos), decide eliminar a su sufrida esposa (Julia Saly, actriz muy vinculada al cine naschyano que, desapareció a finales de los ochenta, sin que sepa exactamente cuál es su paradero actual), enferma del corazón. La ama de llaves pronto sabrá de qué va el asunto, más que nada porque la cosa se ve a la legua, con lo que también será convenientemente eliminada de escena. 
Quizá el problema de "Latidos de pánico" estriba en que la historia es sumamente previsible; por mucho que lo intenté, el suspense no funciona porque uno sabe desde el primer minuto que el personaje principal, como descendiente directo de Alaric de Marnac, oculta una personalidad maléfica, que Naschy refuerza con su habitual gusto por las miradas perversas, lascivas, marca de la casa. Pero la presencia de la gran Lola Gaos hace que la función supere un tanto los escollos, ofreciendo un filme de terror facturado con cierta simpleza pero que tampoco es un bodrio, quedando como un producto digno, que sin ninguna duda satisfará a los fans de Naschy. Los no "convertidos" a la causa, no creo que cambien de postura con ella, sinceramente.
Añadir la participación, breve, de actores de indudable carisma dentro del cine español, como son Manuel Zarzo y el ya desaparecido José Vivó. 
    

lunes, 10 de marzo de 2014

LA VENGANZA DE LA MOMIA

En la Inglaterra de finales del siglo XIX, la momia del temible faraón Amenhotep regresa a la vida dispuesta a seguir con sus atrocidades. Para ello necesita la sangre de mujeres, que su ayudante, sumo sacerdote del culto que él representa, y que ha mantenido viva la memoria de Amenhotep a través de los siglos, le proporciona. Las cosas tomarán un giro inesperado cuando crea ver en una joven el espíritu redivivo de su antigua amante.
Cuarta, y última, de las colaboraciones entre el director Carlos Aured y el actor y guionista Paul Naschy (alias de Jacinto Molina), tras los buenos resultados obtenidos con "El retorno de Walpurgis", rodada el año anterior. En este caso el objeto de interés no es el hombre lobo, sino la momia, en un planteamiento que, como ocurría con  "El retorno de Walpurgis", bebe de las fuentes de la Universal de los años treinta, por más que los ademanes de Aured distan muy mucho de los desplegados por Karl Freund en su acercamiento al personaje, "La momia" (1932) con un ya imperecedero Boris Karloff, que al igual hace aquí hace Naschy, asume los dos roles principales, el de momia resucitada y el de responsable directo de su vuelta a la vida. 
"La venganza de la momia" (1973) tiene sus deficiencias, sólo hay que ver el prólogo, ambientado en el Egipto de los faraones, rodado en un decorado relleno de tapices y alfombras con el fin de ocultar lo vacío del espacio, poniendo más en evidencia el hecho de que tras esas paredes falsas no hay nada. Naschy asume su acercamiento al personaje con su habitual grado de estilo, que varía de su inexpresividad dramática, pero su eficacia a la hora de desarrollar al villano de la función, desde una vertiente clásica que funciona con bastante estilo, aunque ya sabemos que Aured si brillaba en algo, seguramente no era en su estilo, siempre se concentraba en ofrecer una narración simple pero efectiva, como buen alumno de León Klimovsky que era. 
En el reparto destacar las presencia de dos actores que desarrollaron una amplia labor dentro del cine de género hecho en España, el estadounidense Jack Taylor, actor muy vinculado también al cine de Jesús Franco, pero que trabajó prácticamente con todos los cultivadores del cine de terror manufacturado en la Península, así como Helga Liné, actriz que también tocó el cine de género de forma asidua, destacando su presencia en "Pánico en el Transiberiano" (1972), otro clásico del terror ibérico. 
Sin llegar a afirmar tan rotundamente como Luís Gasca que estamos ante una de las mejores adaptaciones al cine del personaje de la momia, "La venganza de la momia" sí puede considerarse como una película digna, que dentro de sus limitaciones, funciona bastante bien, con un buen ritmo y ciertas soluciones visuales muy caras al cómic de terror que por aquellos años se estilaba en los kioskos españoles.

Imagen promocional de "La venganza de la momia", con Paul Naschy caracterizado de momia y la guapa Rita Otolina.

viernes, 7 de marzo de 2014

MEMORIAS DE UN HOMBRE LOBO

Cuando se editan estas "Memorias de un hombre lobo", autobiografía de Jacinto Molina, alias de Paul Naschy, éste acababa de estrenar "Licántropo" (1996), película que debería haber supuesto su retorno por la puerta grande del cine español del género. Lamentablemente, por causas ajenas a Naschy, y más vinculadas al poco olfato, a la escasa querencia del director de la cinta, Francisco R. Gordillo, hacia el cine de terror, la propuesta apenas levantó interés a nivel de taquilla, aunque sí permitió que Molina pudiera volver de nuevo a primer plano de los medios, así como ser reivindicado por ciertos sectores de la afición al cine de terror, por más que éstos, cuando Naschy intentó de nuevo regresar al medio estrenando una película, le dieran con la puerta en las narices. Ahora veremos lo que ocurre cuando se estrene, en formatos digitales, su testamento cinematográfico, "Empusa" (2009), película comenzada por el también fallecido Carlos Aured, que Naschy se encargó de continuar y finalizar toda vez se demostró que el pobre Aured no estaba en condiciones físicas de hacerse cargo de un rodaje.
Pero volvamos a estas  "Memorias de un hombre lobo"; se trata de un libro que, en gran medida, y como suele ser habitual en el caso de las autobiografías, pero en este caso más, sirvió para que su autor se reivindicara. Naschy, por el que debo decir que tengo un enorme respeto, tiene películas de indudable interés dentro de su filmografía. Personalmente aprecio títulos como "La noche de Walpurgis" (1970), "Dr. Jekyll y el hombre lobo"(1972, ambas dirigidas por otro de sus directores "fetiche", León Klimovsky, pero también hay otras películas interesantes, siempre desde mi punto de vista, como son "El retorno de Walpurgis" (1973), del ya citado Carlos Aured, "Inquisición", que supuso su debut en tareas directivas, en 1976, y que es una película francamente recomendable y disfrutable. Luego está "la venganza de la momia" (1973), película en la que de nuevo trabajaron juntos Aured y Naschy, que ha recibido palos de todos lados pero cuyo tono de bolsilibro, de tebeo de terror setentero, siempre me ha llamado muy mucho la atención, además de contar con un par de rostros fundamentales del cine de género del periodo, como son Jack Taylor y Helga Liné. 
Todos estos títulos pertenecen a la época dorada del cine de terror español (si me permiten la expresión, ya sé que es un tanto osada) pero a primeros ochenta puede decirse que Naschy entró en un progresivo declive. Al igual que pasó con el resto de directores que tocaron el cine de género, caso de Jesús Franco, los condicionantes políticos, representados por la llamada "Ley Miró", provocaron que el espacio que ocupaban Naschy y el resto se fuera empequeñeciendo paulatinamente. Naschy resistió la sacudida tan buenamente como pudo, pero la suerte estaba echada. "Latidos de pánico" (1983) o la muy recomendable "La bestia y la espada mágica" (1983), curiosa coproducción entre España y Japón, suponen el canto del cisne de un profesional que, como demuestra "Mi amigo el vagabundo" (1984) busca pastos en otro tipo de géneros, más "amables", para mantenerse a flote de una situación industrial por completo beligerante ante cualquier cosa que tuviera visos de fantasía, terror y ciencia ficción...
Por desgracia, Naschy, en un intento de demostrar que podía virar hacia otros géneros, afrontó una cinta de acción de altos vuelos, "El último kamikaze" (1984), pero la cosa le salió rana. Y no digamos "Operación Mantis" (1984), cuyo fracaso comercial cerró a cal y canto las coproducciones con Japón. En 1987, con "El aullido del Diablo", parece que estamos ante la última carga del actor-director, pero una serie de problemas tanto en pleno rodaje como posteriormente, hacen que la carrera de nuestro hombre lobo particular entré en una especie de bucle. Como he dicho anteriormente, "Licántropo" debiera haber sido la punta de lanza de un "come back" en toda regla, glorioso en fondo y forma, pero los resultados no fueron los deseados, y menos por el propio Naschy, que escribió el guión echando en él todo su cariño por el género, que era mucho, y eso no hay que ponerlo en duda. 
Fallecido en 2009, Paul Naschy fue una figura muy representativa de nuestro cine de planteamientos más comerciales, con el género Fantástico como santo y seña particular. Sirvan estas líneas para recordar su figura, su filmografía (que, como toda filmografía, tiene sus subidas y bajadas, sus títulos imprescindibles y otros que no lo son tanto) y que sirven de prólogo para la serie de artículos que, a partir de la semana que viene, conformarán un repaso más completo a la obra, no toda, evidentemente, de Jacinto Molina, en arte Paul Naschy. 

jueves, 6 de marzo de 2014

COCODRILO, AGUAS SANGRIENTAS

Una pareja de novios decide pasar unas agradables vacaciones en México, que se tuerce de muy mala manera cuando el avión en el que viajan es secuestrado por una banda de atracadores. Las cosas se les van de las manos, y el aparato se estrella en una zona pantanosa, habitada por un cocodrilo de proporciones enormes. La pareja, que ha logrado salir indemne del accidente, junto a algunos supervientes más, entre los cuales están algunos de los atracadores, tendrá que hacer frente no ya a los malhechores, sino al citado cocodrilo, que tiene hambre atrasada...
"Cocodrilo" (2000) fue una producción de la Nu Image dirigida ni más ni menos por un Tobe Hooper ("La matanza de Texas" (1974)) en horas bastante bajas. Como es habitual en la citada compañía, el buen resultado comercial de la cinta en los videoclubes propició que se rodara una secuela, que cayó en las mejores manos posibles, las de Gary Jones, que había dejado muy buen sabor de boca con la ya comentada "Spiders" (2000). Con todo, y a pesar de que Jones demostró su buen oficio, como es habitual en él, lo cierto es que este "Cocodrilo, aguas sangrientas" (2002) no acabó de quedar todo lo redonda que hbiera sido de desear. 
Al igual que la primera entrega, "Cocodrilo, aguas sangrientas" se rodó en la India, con el claro objetivo de abaratar costes, algo usual en la Nu Image, que tiene por costumbre rodar en países del Este, Sudáfrica y similares con el fin de ahorrar unos dólares y contar con mano de obra barata. Esta costumbre, que aún mantienen hoy en día, por más que hoy por hoy trabajen a una escala más elevada (recordemos que Nu Image es filial de Millenium Films, sello responsable de títulos como "Los mercenarios" y sus secuelas, la tercera en camino) se cubre en este caso de gloria, pues la película está ambientada en México, y por mucho que lo intenten, un hindú no puede pasar por mexicano, por mucho sombrerito que le pongan. 
Pero esto es una nimiedad comparado con el escaso gancho que posee la película, que nunca acaba de despegar del todo, aunque Jones se permita la licencia de homenajear "Tiburón" (1975). La inspiración, la solidez técnica de "Spiders" (2000), brillan aquí por su ausencia, quedando un subproducto del montón que se estrenan en DVD al cabo del año, más entonces, primeros del siglo XXI que hoy en día, todo hay que decirlo.
En el reparto destacan la guapa Heidi Lenhart, actriz de amplio registro en la pantalla televisiva (y no, guarretes, en este caso Jones fue precavido y no hubo teta huidiza), y el gran Martin Kove, actor bregado en mil y una series B de acción, recordemos su presencia en la segunda entrega de "Rambo" (1985), y que en este caso borda su papel de tío duro como el cemento armado. 
Pasable entretenimiento de barata concepción, aunque a varios cientos de kilómetros de distancia de la sensacional "Spiders". 

miércoles, 5 de marzo de 2014

SPIDERS

Una joven estudiante universitaria, que trabaja en el periódico estudiantil, recibe el soplo de que el gobierno está realizando una operación ultrasecreta a las afueras de la ciudad, donde ha montado una pista de aterrizaje donde debe llegar una lanzadera espacial que ha realizado diversas investigaciones científicas, aparentemente vinculadas a la industria del armamento. La chica, acompañada por dos compañeros, acude al lugar, asistiendo estupefacta cómo la nave se pega la gran nata. Todos los miembros de la nave mueren, exceptuando uno, que ha quedado muy malherido, siendo trasladado a una base cercana. Los tres chicos logran colarse en las instalaciones, pero pronto descubren que el superviviente cobija los huevos de una especie de arañas mutantes del espacio exterior que, ni que decir tiene, se escapan del cuerpo del pobre astronauta, montando la de Dios es Cristo. Un alto cargo de la CIA, con muy malas pulgas, no desea que hayan testigos, por lo que decide que los tres estudiantes no salgan vivos de la base...El problema es que las arañas están hambrientas y no distinguen entre universitarios y uniformados. La invasión de la Tierra es un hecho...O eso parece. 
Profesional versátil, fogueado en la dirección de segunda unidad, el desarrollo de efectos visuales y como operador de cámara, Gary jones empezó trabajando para Sam Raimi, en "El ejército de las Tinieblas" (1992) y en las series que éste produjo en Nueva Zelanda a mediados de los noventa, "Hércules" y "Xena, la princesa guerrera". Como realizador titular, Jones ha venido desarrollando su actividad en los más estrechos márgenes de la serie B videoclubera, debutando en estos menesteres en 1995  con "Mosquito".
"Spiders" (2000), su segundo largometraje, fue su primera incursión en el seno de la Nu Image (la otra es "Cocrodile 2", estrenada en DVD por estos lares como "Cocodrilo, aguas sangrientas") y la mejor de ellas. Y es que estamos ante un homenaje al cine de ciencia ficción de los años cincuenta que logra superar los escollos que la desangelada "Arachnid" (ver reseña para mayor información) no supo o no pudo o quizá no querían sus responsables principales, superar.
Jones, sabedor de que los medios con los que contaba eran muy modestos, no se anda por las ramas, ofreciendo una cinta que en todo momento deja claras cuáles son sus intenciones, ofreciendo un producto de evasión que funciona con muy buen ritmo, aún teniendo en cuenta que su rodaje se realizó en condiciones harto precarias, y un calendario de rodaje apretadísimo. Es en su entusiasmo, en su descaro, donde "Spiders" gana enteros. No es una película redonda, pero al menos no es una tomadura de pelo, resultando muy efectiva cuando debe serlo, y teniendo en cuenta la clase de birrias que pueden llegar a estrenarse en el mercado de DVD, ya es todo un milagro. Pese a lo ajustado del presupuesto, el director convenció a los excelentes Robert Kurtzman, Greg Nicotero y Howard Berger para que realizaran y supervisaran toda la labor de maquillaje y efectos especiales, lo que permitió que la película, en ciertos momentos, luzca como si se hubiera hecho con algunos dólares de más, ayudando a un resultado final más que digno. 
De un reparto de caras desconocidas, o que prácticamente han desarrollado su carrera en productos de similar calado, o para televisión, destaca una por entonces novata Lana Parrilla, guapa actriz de origen latino, hoy popular por su papel de villana de cuento en la serie de TV "Érase una vez". Como detalle curioso indicar que la película tiene la anécdota de que, en una de sus secuencias, en las cuales Lana se enfrentaba a un fornido agente de la CIA, del que luego se enamora, la actriz se tomó la pelea con un ardor digno de Agustina de Aragón, resultado de la cual se le escapó, literalmente, una teta de la escueta camiseta que lleva a lo largo de la película. Dicha circunstancia, que aparece fugazmente en la película, sirvió para crear alrededor de ella cierto predicamento, aunque la actriz siempre se ha mostrado molesta por el  hecho de que dicha escena no fuera vuelta a rodar o eliminada del montaje final. 
Sea por las arañas o por el pecho furtivo, "Spiders" funcionó lo suficientemente bien a nivel de videoclubes como para que la Nu Image, que no dejaba la ocasión para explotar los filones al máximo, como ocurrió con "Shark attack", realizara rauda y velozmente una secuela, estrenada en España como "Criaturas asesinas", pero que resultaba un producto ya muy de serie Z, más divertido por su cutrez confesa y evidente, que no por sus valores cinematográficos, harto inexistentes. Tamaño desastre fue dirigido por Sam Firstenberg, recordado responsable de títulos como "El guerrero americano" (1985) y secuelas, por aquel entonces en horas muy, pero que muy, bajas. 

lunes, 3 de marzo de 2014

ARACHNID

Una avioneta se ve obligada a realizar un aterrizaje en una isla perdida del Sur del Pacífico; en ella viaja una expedición que tiene por objetivo investigar la presencia de un posible virus mortal. Pero lo que encuentran en ella es algo todavía más aterrador: unas arañas de gran tamaño, de procedencia extraterrestre, que comenzarán a cazar a los integrantes de la expedición. La lucha será a vida o muerte...
En este paseo por el grueso de producciones salidas de la "Fantastic factory" de la Filmax le toca el turno a "Arachnid". Quien lea estas líneas, y esté algo ducho en el tema, seguramente se llevará las manos a la cabeza recordando el nivel de despropósito de esta cinta, que pretendía recuperar el sabor añejo de la añorada ciencia ficción hollywoodiense de los cincuenta, al menos en teoría, pero que a la hora de ser llevada a la práctica, quedó resuelta de forma harto cochambrosa, quedando a eones de distancia del homenaje, siendo más bien una afrenta a la memoria de tan entrañable etapa de la ciencia ficción cinematográfica.
Y eso que el proyecto cayó en manos de un director, Jack Sholder, antaño reconocido por sus aportaciones de gran interés y categoría, caso de filmes como "Solos en la oscuridad" (1982), la muy curiosa "Pesadilla en Elm Street 2" o la memorable "Hidden, lo oculto" (1987) hicieron albergar en él esperanzas de ser una voz con muchas cosas que decir en el cine de género. Pero en 1989, con el "western" moderno "Renegados", su carrera inició un largo pero muy evidente declive, que primero le llevó a potenciar su labor en televisión, filmando episodios de toda una serie de producciones catódicas irrelevantes, que alternó con un "directo a DVD" del todo infame, "Wishmaster 2" (1999). Su carrera entró en barrena al verse implicado en la tormentosa postproducción de la cinta de ciencia ficción "Supernova, el fin del universo" (2000) en la que se hizo cargo de remontar el trabajo del director titular, Walter Hill, despedido por los productores por discrepancias en el resultado final. El trabajo de Sholder tampoco convenció a los ejecutivos de la United Artists, quienes le dieron la patada dejando que Francis Ford Coppola (el mismo que viste y calza, pero sin acreditar) salvara los muebles de una película destinada a ser uno de los grandes fracasos del recién nacido siglo XXI. Después de este golpetazo, y sin esperanzas de ubicarse en producciones de alto nivel, Sholder regresó al medio televisivo, donde filmó un interesante telefilme, "La playa del terror" (2005), traslación a la pequeña pantalla de la historia real que inspìró la novela, y la película, "Tiburón" (1975).
"Arachnid"es, más que una película, un artefacto falto de chispa creativa y de un nivel medianamente digno de considerarse aceptable. Sholder, al parecer, aceptó el proyecto por meras cuestiones crematísticas, la pela es la pela, y dejó de lado cualquier tipo de implicación personal y artística, con lo cual pueden imaginarse que el resultado final no fue, para nada, óptimo a ojos de un espectador medianamente interesado en lo que tiene ante sus ojos. La película posee un envoltorio que la emparenta con los subproductos "directos a DVD" de la Nu Image, tipo "Shark attack" y sus tropecientas secuelas, pero está hecho con tanta desgana, tanta inoperancia, que hace que éstas parezcan auténticas obras maestras del celuloide. 
Para colmo de males, Sholder vino a decir que el resultado final era culpa del equipo técnico español, asegurando que eran una pandilla de incompetentes sin ningún sentido de la profesionalidad. Este aspecto podría llegar a discutirse, si tuvieramos datos más concretos al respecto,  pero al fin y al cabo, él daba las órdenes y asumió todas y cada una de las decisiones, con lo cual si el resultado final fue semejante aberración fue culpa suya por entero, sin mayores consideraciones ni dobles lecturas que valgan.
En el reparto pueden destacarse las presencias del televisivo Chris Potter, de la británica Alex Reid, que luego tuvo su momento de gloria gracias a la muy notable "The descent", a las órdenes de un director de los que sí saben hacer las cosas como John Ford manda, Neil Marshall. Por parte española tenemos al malogrado José Sancho, que hace lo que puede con lo que tiene entre manos, y una Neus Asensi en plan Lara Croft castiza, con una escena de muerte de las que dan vergüenza ajena...Hasta sale Luis Lorenzo, actor en diversas series televisivas españolas que hoy en día disfruta de una segunda vida profesional en los canales de teletienda. 
Por no funcionar, no funciona ni como comedia involuntaria...Un ejemplo palmario de que la "Fantastic factory" erró de manera garrafal no en el enunciado, pero sí en su posterior desarrollo. La cosa iría a peor posteriormente pero, por el momento, me abstengo de proseguir con el repaso. Uno no tiene tantas tragaderas, ni edad, para más desastres fantasticofactorianos. 

domingo, 2 de marzo de 2014

FAUST, LA VENGANZA ESTÁ EN LA SANGRE

John Jaspers es un pintor, un bohemio cuya vida da un giro trágico cuando un grupo de mafiosos entra en su estudio, mata a su prometida, que le hace las veces de modelo, y le deja malherido. A un paso de acabar con su vida, al ser incapaz de superar la tragedia, Jaspers es "rescatado" por un extraño personaje, M, quien le propone un pacto que le proporcionará la fuerza necesaria para vengarse de aquellos que acabaron con la vida de su novia, aunque ello signifique, como contrapartida, el tener que vender su alma a Satanás...
"Faust, la venganza está en la sangre" (2000) pasa por ser la "puesta de largo" de la "Fantastic factory", aquel invento que, diseñado desde tierras catalanas, y bajo los auspicios del productor y jefe de la Filmax, Julio Fernández, pretendía crear una estructura de producción de cine de género en nuestro país, contando con la experiencia y los conocimientos de Brian Yuzna, que se reservó un papel relevante como responsable artístico del invento, que ya sabemos, por otra parte, que terminó dando lugar a algunos frutos francamente remarcables, caso de "Los sin nombre" o "Romasanta", pero que en líneas generales sirvió, que no es poco, a una serie de profesionales que posteriormente han desarrollado unas trayectorias francamente destacables. El único que no salió beneficiado fue Yuzna, que fue paulatinamente apartado de la primera línea de supervisión de la compañía.
Buena parte de ello es responsabilidad del propio Yuzna, quien nunca logró realmente que ninguna de sus aportaciones a la "Fantastic factory" pasasen de meros subproductos directos a vídeo, que lograron acceder a su estreno en cines para ser recibidos con un mayor grado de desinterés, no ya del público general, si no ya del aficionado bregado al cine de terror. "Faust, la venganza está en la sangre" es un buen ejemplo de las evidentes deficiencias de su director. Planos en cámara lenta del todo gratuitos e innecesarios, artificiosidad interpretativa, efectos digitales del todo mal elaborados. Todo ello acompañado de una música "heavy metal" estridente e insoportable, que pretende ser un guiño para que cierto sector del público se acerque a la película, la haga suya, pero logra justamente el efecto contrario, haciéndola todavía más antipática a ojos del sufrido espectador.
¿Hay algo en "Faust, la venganza está en la sangre" que pueda permanecer en la retina del espectador? Pues, si les soy sincero, bien poca cosa. El paso del tiempo ha hecho todavía más daño a una película que pretendía romper esquemas, pero que se quedó en un intento, fallido, de levantar una especie de piedra de toque sobre la cual construir las bases de un cine de terror hecho en España. Al final, las circunstancias, así como el propio desarrollo industrial, no ya de la "Fantastic factory", si no del cine español hizo que tal reverdecer se produjera desde otra perspectiva. Bueno, siempre quedarán los enormes ojos azules (los ojos, reitero) de Mónica Van Campen, modelo catalana que hizo sus pinitos como actriz a primeros de la década del siglo XXI.