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martes, 19 de julio de 2016

SILVER KANE O EL ESPLENDOR DEL BOLSILIBRO...


En este blog ya he ido, en diversas ocasiones, comentando el interés que merecen los bolsilibros, los cuales van más allá del género del Oeste y de escritores como Marcial Lafuente Estefanía, el más comercial de todos ellos, o al menos el más célebre, pero no por ello el mejor, pues sus niveles de destajismo no podían permitirle llegar a un nivel cualitativo regular, quedando todo en manos de argumentos pueriles, mil y una vez vistos, algo que sus dos hijos, quienes mantuvieron la "marca" al morir su progenitor, se encargaron de acentuar sin demasiados remilgos ni buscar salidas más o menos originales: sencillamente siguieron el modelo establecido y ahí se mantuvieron. 
Caso bien diferente sería el de profesionales del bolsilibro como Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz) y Silver Kane (Francisco González Ledesma), que se esforzaron por hacer originales mixturas genéricas, que dieron lugar algunas piezas de indudable categoría. Hoy me centraré en un par de muestras de cómo un autor como Silver Kane podía tocar el Oeste y el Terror ofreciendo unas novelas que cumplían a la perfección su objetivo de entretener, pero a la vez también se notaba una clara pretensión de ofrecer calidad en cada una de sus páginas, algo que no solía ser costumbre en Lafuente Estefanía, quien en muchas ocasiones redundaba en lugares comunes y clichés como única arma identificativa de un estilo por lo demás bastante pobretón. En el caso de Kane, de Garland ya les hablaré en otra ocasión, ese era un aspecto que no entraba dentro de sus planteamientos como escritor a sueldo de la Editorial Bruguera. 
Curiosamente, la primera novela que les comento aquí, "Ataúdes de lujo" fue editada por Ediciones Astri, compañía que en la segunda mitad de los ochenta intentó mantener viva la llama de los bolsilibros, contratando los servicios de escritores que habían trabajado intensamente para Bruguera, por aquel entonces en pleno proceso de cierre por quiebra. Especializada en tebeos de corte erótico, Astri editó diversas colecciones de bolsilibros, la mayoría de ellas reediciones de obras ya editadas por la extinta Bruguera. Aparte del Curtis Garland, que se apuntó a la aventura de Astri, Silver Kane también entró en esta editorial, en la que contó con una colección dedicada a él en exclusiva, lo que indica que los responsables de Astri no pretendían ir por las fórmulas típicas, pretendiendo ofrecer material de calidad contrastada, fuera original o recuperada de materiales ya editados con anterioridad. 
"Ataúdes del lujo" es un bolsilibro en el cual sobresale la mezcla de erotismo y violencia en la cual su autor era un maestro de un valor indiscutible. A partir de una historia que remite más a la novela negra, género donde González Ledesma brilló como autor "serio", esta novela se deja de tópicos para impactar mediante una narrativa que remite con contundencia al mejor "western" europeo.
En el campo del terror, Silver Kane también dejó su marca de fábrica; "Abrigo de piel de hiena" es una obra escrita para Bruguera en su mítica "Selección terror", convertida hoy en día en colección de culto para entusiastas del género. En "Abrigo de piel de hiena" tenemos otra muestra de cómo su autor sabía usar los parámetros del cine de terror, en este caso el italiano, ofreciendo una historia de supuestas venganzas de ultratumba que no desentonaría en un filme dirigido por un Argento en horas muy altas. 

Cubierta de Salvador Fabà para la novela original de Silver Kane (Francisco González Ledesma) editada en 1979 por Editorial Bruguera en el seno de su Selección Terror, mítica dentro de su temática entre los entusiastas del bolsilibro y el pulp hispano.
    

MERCENARY

Un importante hombre de negocios organiza en su casa un acto en honor de un importante escritor y activista por la paz. El acto acaba siendo saboteado por la aparición de un grupo de hombres armados, que asesinan a una gran cantidad de personas, entre ellas al activista y a la esposa del organizador de la recepción. Éste, decidido a tomarse la justicia por su mano, a pesar de que no se halla en las mejores condiciones físicas para llevar a cabo sus intenciones, contrata los servicios de Alex Hawks, un antiguo miembro de las fuerzas especiales de la OTAN y que ahora ejerce de mercenario, ofreciendo sus servicios al mejor postor. El hecho de que el millonario pretenda unirse al comando de acción no termina de convencer a Hawks, que lo ve más como una molestia, por mucho que éste ponga todo de su parte para intentar estar a la altura. Lo que no saben aún Hawks y su contratante es que alguien les ha traicionado, revelando a sus enemigos las intenciones de una misión que se convierte, en apariencia, en casi un suicidio.
A mediados de los noventa, empujado por el éxito de "action men" del estilo de Jean Claude Van Damme o Steven Seagal, el mercado de serie B buscó también a posibles intérpretes que, siendo duchos con las artes marciales más que en el arte dramático, protagonizasen filmes de acción que, argumentalmente, no diferían demasiado de las producciones de gran presupuesto, con guiones donde la violencia y las ansias de venganza fueran el acicate principal para que el aficionado menos exigente pudiera alquilarlas en el videclub de la esquina y, tras visionarlas, alquilar otra y otra más sin pedirle peras al olmo. 
Uno de esos "actioners" que hicieron su agosto, y que siguen aún en activo dentro de los márgenes de la producción directa a DVD, fue el francés Olivier Gruner, que fue lanzado como la respuesta barata del belga Van Damme. Hijo de una familia de médicos, Gruner, nacido en 1960, pronto se mostró más interesado por una vida más movida, enrolándose en las fuerzas especiales del ejército gabacho. Acabada su etapa de movilización, y tras distinguirse como artista marcial en diversas competiciones, fue descubierto por un cazatalentos, que se encargó de hacerle un hueco en el cine de acción barato. 
"Mercenary" (1996/Avi Nesher) es una cinta que puede decirse que interesará al aficionado al cine de acción, que seguramente pasará un rato bastante digno con un filme que nunca pretende engañar al espectador. Gruner, como actor, es un patata de cuidado, pero es que tampoco sus compañeros de reparto están en mejores condiciones de darle una respuesta que permita creerse el entramado argumental de la cinta, un tanto pillado con pinzas. Y es que eso de que un millonario deseoso de vengar la muerte de su esposa contrate a un mercenario puede ser más o menos creíble, pero lo de que él mismo exiga formar parte del pelotón digamos que ya no resulta tan factible. El ya fallecido John Ritter en gran medida intenta con notables esfuerzos dotar de contenido a su personaje, pero el resto del elenco, con unos muy penosos Robert Culp, Ed Lauter o un Martin Kobe pasado de rosca, derrumban la credibilidad de un guión, por otro lado, repleto de lugares comunes, que en ocasiones remite sin rubor alguno a "Rambo: acorralado 2ª parte" (1985/George P. Cosmatos) para luego introducir pinceladas cómicas que un inexpresivo Olivier Gruner arruina sin demasiadas dificultades. 
Lo que resulta más triste de todo esto es que la dirección de este subproducto recayese en el israelí Avi Nesher, un cineasta sobre el cual se albergaron grandes esperanzas a raíz del estreno de "Treinta minutos para morir" (1991), aunque por estos lares nos enteramos menos pues nos llegó directamente en formato magnetoscópico, una modélica serie B que unía con dinamismo y torrenciales dosis de imaginación y buen hacer tras las cámaras el cine de acción ochentero con las conspiranoias propias de los años setenta. Después de la escasa recepción comercial de dicha cinta, del todo inmerecida, Nesher tuvo que ir dilapidando su talento en productos extremadamente rutinarios, que apenas proporcionaban elemento alguno de interés, salvo alguna que otra secuencia de acción resuelta con buen tino. En este caso, al estar al servicio de un actor como Gruner, Nesher básicamente se dedica a potenciar su condición física, por encima de sus nulas habilidades interpretativas. Y teniendo en cuenta el escaso presupuesto con el que contó, podemos decir que el resultado del conjunto se revela pronto como una misión imposible, pues ni Gruner logra brillar en su faceta de "action hero" ni tampoco Nesher puede lucirse dadas las estrecheces económicas de una película directa a DVD en la que ninguno de sus responsables pensaron realmente en ofrecer algo fuera de lo habitual, quedándose en un pasatiempo que se olvida tan pronto circulan los títulos de crédito finales. A pesar de ello, la cosa funcionó lo bastante bien en el mercado de DVD como para que Gruner interviniera en una secuela, "Mercenary 2" (1999), dirigida por el australiano aficionado a series Z Phillippe Mora, producida en esta ocasión para colarla en televisiones de pago y que, a nivel argumental, no tiene nada que ver con ésta, aunque Olivier Gruner interprete a un tal Hawk