miércoles, 24 de septiembre de 2014

PIRAÑA 2

Estrenado en 2010, "Piraña" era un bastante digno y entretenido remake del original firmado en 1978 por Joe Dante. Bajo las manos de un realizador que sabe muy bien lo que se hace, el francés Alexandre Aja, el filme resultaba un festín para el buen amante del gore y el cine de terror ochentero, pues por ahí iban las intenciones de su responsable, un cineasta que domina muy bien los resortes del género, y que en este caso decidió pasárselo teta (y nunca mejor dicho) realizando un pasatiempo que en ningún caso busca la trascendencia, sino básicamente un filme entretenido y que no engaña a nadie en ningún momento. 
La cinta, recibida con los cuchillos en alto, fue en gran medida apaleada por buena parte de la crítica, y siempre me ha costado horrores defenderla, pues son muchos los que la detestan sin medias tintas. Personalmente creo que es un filme que, sin querer ir de trascendente en ningún momento, obtiene unos resultados francamente muy potentes. El caso es que, como suele ocurrir, el público pasó bastante de la crítica, y la película funcionó lo bastante bien como para que sus responsables se decidieran a poner en marcha la secuela. Pero claro, en lugar de ir hacia arriba, gastar más pasta y hacer algo diferente, que marcara distancias con su predecesora, decidieron tomar las de Villadiego. El resultado: Uno de los filmes más absolutamente impresentables de lo que llevamos de ejercicio.
"Piraña 2", estrenada en España directamente en DVD, no es, bajo ningún concepto, un "direct to DVD". Pero los productores decidieron escoger a un director especializado en este tipo de productos, John Gulager, un tipo que, por las entrevistas, parece haber quedado muy contento con su trabajo, pero que es un auténtico manazas con la cámara. Pocasa veces he visto una película visualmente tan mal resuelta, que busca el chiste, no ya fácil, sino zafio, burdo, como base de una película que por momentos parece una parodia del filme de Aja, más que una secuela al uso. David Hasselhoff juega a ser el malogrado Leslie Nielsen de la función, y puede que su actual carrera vaya por esos derroteros, vayan ustedes a saber, pero el hecho es que sus intervenciones son todas ellas de vergüenza ajena, mofándose de su decadencia física, que no interpretativa (el hombre ya hace años que está en una especie de liga estratosféricamente diferente al resto de actores en decadencia) y pretendiendo ser cómico cuando casi puede decirse que resulta deprimente. Para que el bueno de David no se sintiera solo, los productores contaron con los servicios de otro David, David Koechner, un actor eminentemente cómico, muy conocido en tierras yanquis, pero que aquí creo que solo conocen en la embajada de su país. El hombre, en su rol de villano, es otro de los que merecería una buena patada en el trasero por parte del respetable. 
La protagonista, la guapa Danielle Panabaker, hace un buen trabajo, el problema es que parece que trabaje en otra película diferente a la que hacen el resto de sus compañeros. En su primera mitad, "Piraña 2" parece ir en serio, o al menos tan en serio como lo hacía su precedente, pero el caso es que a mitad de metraje la cosa toma una ruta del todo inesperada que, como ya he indicado, parece ser más una parodia que no una secuela. Pues Danielle parece no enterarse del asunto, y va a su absoluta bola, como si la misa fuera de difuntos y ella se pusiera a gritar viva los novios con absoluta impunidad. 
Rodada originalmente en 3 dimensiones, la película tampoco aprovecha en ningún caso dicho formato, cuando lo hace es para centrarse en los momentos más gore, en las tetas grandes y en poner en evidencia las muchas carencias, tanto artísticas como presupuestarias, de una secuela que, a todas luces, parece haber sido hecha por el peor enemigo de los productores. O eso, o es que tienen mucha pasta y son tontos de remate. O las dos cosas a la vez. Es de esperar que John Gulager no vuelva a pillar una cámara en su puñetera vida. Lo que ha hecho aquí tiene delito, lo puedo asegurar. 
Para completar la jornada, le concedí una segunda oportunidad a "Critter 4" (1992/Rupert Harvey), película que vino a poner el punto y final a una franquicia, la de los critters, que ya había dado lo mejor de sí en una segunda entrega que ya daba indicios de agotamiento. Pero la pela es la pela, y los de New Line aún exprimieron el jugo de los bichitos peludos en dos entregas más, las dos bastante nulas. En especial la cuarta que, si por comparación, parece "Ciudadano Kane" frente a la nefasta "Piraña 2", valorándola de manera autónoma no ha Dios que sea capaz de aguantarla.
Por suerte, otra secuela vista este fin de semana, "Maniac cop 2" (1992), vino a rescatarme de la situación de crisis y mal cine visto hasta ese momento. Estupendamente dirigida por William Lustig, con un impagable Robert Davi en el rol de un policía más duro que las piedras de Stonehenge, "Maniac cop 2" es una muestra de cómo hay que hacer las cosas en una franquicia, aunque esta sea de las consideradas de segunda fila. Lustig imprime un ritmo endiablado, con eficientes toques de comedia negra y golpes de acción perfectamente unidos en un guión de ese gran señor del cine de serie B que es Larry Cohen.  

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