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martes, 25 de noviembre de 2014

HISTORIA Y ANTOLOGÍA DE LA CIENCIA FICCIÓN ESPAÑOLA

España es un país que, por diversas razones, nunca ha tenido en demasiada estima todo lo referente a los géneros. Considerados como segundo plato, cuando no directamente como opio destinado a inculcar la idiotez en ciertos sectores considerados poco cultos, géneros como el Terror, la Fantasía y la Ciencia Ficción han sido en gran medida dejados de lado por las instancias de la alta cultura.
En el caso de la Ciencia Ficción, género por lo general ya muy minoritario, aunque en este país se han dado colecciones de enorme fuste e interés, ésta ha podido ser cultivada por verdaderos espíritus afines al mismo, que han dedicado su arte literario a cultivar la ciencia ficción, aún cuando con ello pudieran ser considerados escritores de segunda o tercera fila.
Como muestra un botón; este monumental "Historia y antología de la Ciencia Ficción española", que supone el número catorce de la colección de volúmenes que componen la colección "Letras populares" de Ediciones Cátedra. Se trata de una compilación que pretende ofrecer una visión amplia de los modos y formas de cultivo que el género ha dado en la Península Ibérica, abarcando desde aproximaciones realizadas a finales del siglo XIX, pasando por las escritas por autores muy actuales, aunque algunos de ellos, caso de César Mallorquí, hayan franqueado la etiqueta de "escritores de género" para abordar propuestas que, a nivel pecuniario les resultan más óptimas, abrazando la literatura de raíz juvenil, donde por fin han ganado premios y reconocimiento, tras años de batirse el cobre.
El volumen parte de un ensayo de los dos compiladores, Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, que primero acotan los parámetros genéricos de la Ciencia Ficción para luego hacer un breve repaso histórico a cómo se ha afrontado y hecho Ciencia Ficción por estos lares. Posteriormente, se recogen un total de once relatos, elaborados por otros tantos autores que, como ya he indicado, vienen a dar una panorámica, un gran angular, de este tipo de literatura en nuestro país.
¿Podría haber sido más amplia? No les quepa duda de que sí, pero lo bueno es que el material escogido es de una calidad única y absoluta, un compendio de fábulas que afrontar el género desde prespectivas e intenciones muy diferentes, lo que hace de él un volumen muy rico y disfrutable. Los amantes del género tienen en él un punto de lectura ineludible, y los desconocedores, un libro que se lee con curiosidad y sumo interés. Una obra del todo recomendable. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

BOLSILIBROS, UNA NECESARIA REIVINDICACIÓN

Ayer en este blog que tienen ustedes a bien leer y que un servidor escribe en la soledad de su escritorio, mientras cae la noche y por las calles empieza ya a notar se las primeras señales de la cercana Navidad, al final de mi reseña dedicada al (muy buen) libro sobre Ed Wood, hice un comentario referente a un bolsilibro, "Quieto o disparo", realizado por uno de los más destacados y reivindicables autores de dicho género, Silver Kane, seudónimo del catalán Francisco González Ledesma. 
El hecho es que llevaba días pensando en la idea de introducir algún comentario sobre este tipo de literatura, antaño muy consumida, especialmente en los cincuenta y sesenta, que se mantuvo a cierto nivel en los setenta, con la adaptación a los modos y formas de aquel periodo lleno de cambios políticos en nuestro país, y que luego en los ochenta inició un evidente y claro declive, aunque aún se mantuvo a pleno rendimiento hasta bien entrado el nuevo siglo. 
Generalmente el bolsilibro ha sido denigrado por cierto sectores de la "alta cultura", que la consideraban poco menos que subliteratura, despachándola como un simple entretenimiento para clases iletradas, sin caer en la cuenta de que, se supone, los iletrados si son eso, iletrados, es porque no leen. Hoy en día podrán encontrarse algunos jóvenes que se engancharon a la lectura gracias a Harry Potter, pero es indudable que hay unas generaciones anteriores que si supieron apreciar la lectura fue gracias a estos pequeños libros de bolsillo, de apenas cien páginas, con una cubierta vistosa y que tanto podían ser del Oeste, como de Terror, Ciencia Ficción, Romántica o hasta deportiva o bélica. 
Hoy en día el bolsilibro es pasto de coleccionistas, de habituales de los puestos de segunda mano o de tiendas "de chinos". Editoriales como Bruguera, Astri o Rollán llevan años convertidas en mero recuerdo en el cerebrito de algunos nostálgicos o acérrimos amigos del dato, que vienen a ser la misma persona en la mayoría de los casos. El hecho es que aún es posible encontrar libros de Marcial Lafuente Estefanía de forma más o menos regular en este tipo de puestos de venta, pero ya no son ediciones originales. Son reediciones que qudan olvidadas en alguna esquina del mostrador, para que alguien, de pronto, se percate de su existencia y, de pronto, recuerde cuando pilló alguna de pequeño y empezó a cogerle el gusto a eso de leer. Luego, pasado el tiempo, empezó a pillar a Lovecraft, Poe y Stephen King y fue progresando en sus gustos e intereses, pero de vez en cuando, muy de tarde en tarde, coge un Silver Kane y sigue deleitándose de la narrativa de este autor, que convertía sus páginas en una vorágine de hechos que te ametrallaban de forma absoluta, por no hablar de Lou Carrigan, maestro del "thriller", que con su "Perfume de rosas y muerte", cuya portada ilustra esta reseña, propone una trama de trasplantes oculares y agentes del FBI más duros que un tanque Sherman de la II Guerra Mundial. 
En estos tiempos en que lo que menos se hace es leer, en que la cultura se halla en manos de sujetos verdaderamente desastrosos para su supervivencia, es casi un milagro que hasta las literaturas consideradas de segundo (cuando no de tercer) orden, se mantengan aún vivas y, hasta cierto punto, saludables. Al menos para algunos no han muerto del todo...

miércoles, 12 de noviembre de 2014

ED WOOD Y EL REDESCUBRIMIENTO DE UN AS DEL BOLSILIBRO

Parafraseando a García Márquez, podemos afirmar que Ed Wood, el considerado peor director de la historia del cine, ya tiene quien le escriba, y no uno, sino dos escritores dos, se responsabilizan de escribir este volumen de la siempre recomendable colección de "Lo esencial de...", editada por los de T&B. 
"Ed Wood", el libro, escrito por Miguel Ángel Parra y David G. Panadero, es un muy buen acercamiento a la figura de este cineasta, un hombre marcado por un entusiasmo digno del mayor de los aplausos, pero cuay falta de talento a la hora de dirigir le hizo ganar un puesto de honor dentro de la lista de los peores, espacio en el cual hay auténticas luchas a uñas y dientes por hacerse un hueco. 
Ed Wood Jr (1924-1978) nunca vivió un momento de gloria; aunque la película que le dedicó Tim Burton en 1994 afirma lo contrario, "Plan 9 del espacio exterior" nunca llegó a disfrutar de un estreno digno de tal nombre. "The sinister urge" (1960) supondrá el aldabonazo definitivo a su carrera como director; a partir de ese momento, tanto a nivel profesional como vital, Wood irá decayendo hacia los meandros del cine para adultos, pero incluso en ese ambiente se hallará con el rechazo de la industria de este tipo de cine, teniendo que filmar cortos casi clandestinos, de distribución muy limitada, casi subterránea, y a la escritura de novelas baratas eróticas, dos de ellas, "La drag asesina" y "Muerte de un travesti" no del todo desdeñables si se las lee como lo que son, literatura de pura y dura evasión. Sus últimos, y muy penosos años, quedan marcados por el alcoholismo y el abuso de las drogas, que determinarán su triste final a los 54 años de edad. Poco más tarde su película más señera, "Plan 9 del espacio exterior" lo sitúa definitivamente como figura clave de ciertos sectores afines a la cultura más underground. 
Editado en 2005, "Ed Wood" es un libro que hilvana la trayectoria vital del director, para luego comentar sus películas y su posterior hundimiento. En el capítulo final, los autores comentan la excelente "Ed Wood" de Tim Burton, película cinematográficamente sensacional pero que edulcoraba en gran medida la figura de Wood, que en la vida real era más caradura de lo que la película deja entrever. Un libro muy recomendable sino se conoce al personaje o se pretenden completar datos sobre el homenajeado.

Cubierta del bolsilibro "Quieto o disparo" en su segunda edición, de 2001. Existe una primera edición realizada a mediados de los setenta, con otra portada a cargo de Editorial Bruguera, la editorial señera tanto de Kane como del más afamado Lafuente Estefanía. Ediciones B recuperó mucho material de la mítica Editorial Bruguera, aunque cambiando las portadas y situándolas en otras colecciones. B editó, o más bien reeditó, bolsilibros hasta bien entrada la priemra década del siglo XXI, para luego cancelar todas las colecciones, hoy  en día pasto de librerías de segunda mano o tiendas de chinos. En futuras reseñas comentaremos la figura de Marcial Estefanía y su larga existencia editorial, aún  siendo el peor de los autores del género.
Y si antes les hablaba de literatura barata, a continuación hago comentario de una muestra más que digna, francamente muy remarcable, de uno de los grandes del género en España, me refiero a Silver Kane. Seudónimo del barcelonés Francisco González Ledesma, Silver Kane fue uno de los grandes de la literatura de kiosco hecha en este país. Practicó todos los géneros, del Oeste al "thriller", pasando por el terror más descarnado. 
"Quieto o disparo" es un muy buen ejemplo del estilo y gran habilidad narrativa de su autor, muy por encima del más popular (y mediocre) Marcial Lafuente Estefanía (1903-1984), que en su momento de máximo esplendor vendía novelas a unos niveles realmente brutales, aunque su estilo siempre resultó más automático, menos creativo que algunos de sus colegas que, como el caso de González Ledesma, o Silver Kane, que tanto monta monta tanto, siempre se preocuparon muy mucho por el estilo y el producto final que ofrecían al lector, aunque fueran novelas de "a duro" que posteriormente se tiraban, se intercambiaban u olvidaban en algún rincón de la casa. Novela desternillante, efervescente, con pasajes magistralmente escritos, "Quieto o disparo" es una pequeña obra maestra de apenas cien páginas con un ritmo que ya quisieran algunos vuelaplumas que necesitan cuatrocientas para explicar su vacío existencial o su estreñimiento cerebral crónico.  

lunes, 10 de noviembre de 2014

CONTRABANDO

Dos veteranos detectives de la policía de San Francisco deben hacerse cargo de un caso relacionado con el tráfico de drogas. Un cargamento de heroína se ha desviado de su ruta, como consecuencia de un error, y en el transcurso de la operación murió un agente de policía en el cumplimiento de su deber, por lo que el departamento está decidido a hallar una solución rápida. Pero además de los detectives, la mafia también está interesada en recuperar el preciado cargamento, por lo que envía a dos de sus mejores profesionales. Julian (Robert Keith), es un sicario bregado y que sabe que lo mejor es siempre mantenerse en su discreto segundo plano, pero su compañero de fatigas, Dancer (Eli Wallach) es impetuoso y no se anda con chiquitas a la hora de hacer su trabajo. La difrencia de maneras de actuar y de pensar hace que la operación, ya en sí harto arriesgada, se convierta en un estallido de violencia en toda regla, provocado por un Dancer que cada vez está más decidido a cumplir con su encargo, caiga quien caiga. 
A Don Siegel (1912-1991) le pasa como a muchos dentro del mundo de las artes, del tipo que sea, que empiezan a ser valorados una vez están crioando malvas. En vida, Siegel fue ninguneado por buena parte del sector crítico, que le despachaba como un simple "artesano" con buena mano para la serie B, que luego se convirtió en un asalariado de Clint Eastwood. En Francia, que suelen ir siempre, en cuestiones de cine, y en otras, más avanzados, supieron desde el primer momento apreciar sus cualidades, merced al puñado de "thrillers" de bajo presupuesto que rodó entre finales de los cincuenta y primeros de los sesenta, aunque en este punto hay que aclarar que uno de sus filmes más apreciados, "Código del hampa" (1964), era un telefilme que obtuvo distribución en cines en el continente europeo. 
"Contrabando" ("The lineup" en su versión original) es un "thriller" entretenido, de violencia muy marcada, que se beneficia de unas muy buenas interpretaciones, aunque hay que conviene decir que Wallach sobreactúa en diversas escenas dejando clara su pertenencia al mítico "Actor´s Studio", lo que resta credibilidad a su papel de Dancer, el pistolero que poco a poco va mostrando su personalidad de demente. Su principal "handicap" radica en el hecho de que, como solía ocurrir en los "thrillers" de la época, o en algunas de las muestras filmadas por otros buenos "artesanos con buena mano", como son Anthony Mann o Richard Fleischer, la primera parte del filme posee un planteamiento casi informativo, documental, narrando los quehaceres de la pareja de policías. Ello hace que al filme le cueste algo arrancar, cosa que hace cuando los asesinos de la Mafia hacen acto de presencia. Es en ese momento cuando la película sube enteros, gracias a la interacción de Wallach y Robert Keith, así como a la presencia de un joven Richard Jaeckel, que interpreta a un tipo de ademanes algo nerviosos que tendrá su parte de responsabilidad en lo que sucederá a partir de su unión a la pareja. El tramo final pone de manifiesto que Siegel era un maestro del género, que se conocía al dedillo su oficio y la forma de dar ritmo a una escena de persecución o a un tiroteo. El resultado final es un buen film noir, que a lo mejor no está entre lo mejor del género pero sí refrenda que su director era algo más que un mero cumplidor de encargos. 

INTERSTELLAR

En un futuro cercano, la Tierra se halla en proceso de quedar colapsada como consecuencia de la sobreexplotación y los excesos de la Humanidad. La única posibilidad radica en que puedan hallarse nuevos planetas que tengan las condiciones adecuadas para albergar vida...
Inicialmente planteada para ser dirigida por Steven Spielberg, "Interstellar" pasó luego a manos del británico Christopher Nolan, director que, sin lugar a dudas, era el más idóneo para hacerse cargo de esta muy ambiciosa cinta de ciencia ficción "seria", con un ojo puesto, quizá demasiado, en el Stanley Kubrick de "2001, una odisea del espacio" (1968) y el otro en el alma spielbergiana, al fin y al cabo el proyecto llamó la atención del director de "Encuentros en la tercera fase" (1977) y Nolan procura acercar ambas posturas con evidente soltura, sin que la cosa chirríe más de la cuenta, aunque el filme caiga en algunos, por fortuna breves, momentos de ñoñismo que Nolan, afortunadamente, sabe controlar y hacer durar lo justo. Nolan es en estos momentos el director que mejor sabe rodar en el cine de Hollywood. Mientras Michael Bay se dedica a practicar la elefantiasis visual descontrolada, el director de "Memento" se revela como un virtuoso del oficio de narrar con imágenes. En tiempos en que el cine americano se halla en estado casi comatoso, sobreviviendo a base de adaptaciones de tebeos de la Marvel (ojo, muy bien facturados, pero no sólo de de tebeos bien filmados vive el cinéfilo) y alguna, poca, película que puntualmente despierta al personal del sopor, aparece Nolan y logra el milagro de hacer una película que intenta, y parcialmente logra, ser "algo más".
Con todo, a pesar de su virtuosismo visual, de su gran reparto, todos ellos espléndidos, aunque tengan una participación mínima, "Interstellar" peca, llegado a su tramo final, de cierta pretenciosidad. Sin entrar argumentalmente en la película, para no fastidiar a aquellos que no han tenido la oportunidad de verla, el filme entra en terrenos que, en caso de no saberse plantear bien, pueden llevar al espectador a cierto grado de confusión y, si se tercia, de sentirse estafado. Es en este punto cuando el filme de Nolan se acerca peligrosamente en los terrenos que ya sondeó "Contact" (1997/Robert Zemeckis), aunque el británico sale victorioso del empeño porque al menos no suelta el discursete moral y cristiano que arruinaba el filme protagonizado por Jodie Foster (y, curiosamente, un novatillo Matthew McConaughey). Nolan apuesta por ofrecer un discurso científico, algo espeso en algunas partes, pero que apuesta por la razón, por el intelecto, aunque al final serán las emociones humanas y el corazón las que terminarán impulsando los actos de los protagonistas de este filme visualmente impactante, cuya mayor virtud es despertar el cerebro de los espectadores más que maravillarlos, que también lo hace con sobrada eficiencia. Pero, siempre tiene que haber un pero, tampoco había que llegar a las casi tres horas de metraje para llegar a según qué clase de conclusiones. Al fin y al cabo la también reciente "Gravity" (2013/Alfonso Cuarón) llegaba a conclusiones similares en tan solo la mitad del tiempo empleado aquí...Otra cosa es que Nolan es muy superior a Cuarón, que también.  

jueves, 6 de noviembre de 2014

EL TERROR

A principios del siglo XIX André Duvalier, joven oficial del ejército napoleónico, es salvado de la muerte por intercesión de una muchacha, que tras salvarlo desaparece. André, decidido a encontrar a la chica para darle las gracias, empieza a seguir las pocas pistas que ha podido hallar sobre la chica, que lo llevan hasta el decrépito castillo del no menos decadente Frederick Von Leppe. Por sus pesquisas, el oficial descubre que se llama Hèlene y que se hace pasar por el fantasma de la difunta esposa de Von Leppe, como parte de un muy oscuro plan que tiene por objetivo socavar la poca cordura del noble anciano, con el fin de que se suicide. Pero es entonces cuando algo terrorífico hace que la situación tome un camino tan sorprendente como terrorífico...
"El terror" (1963) es una especie de punto y aparte de su director, Roger Corman, que hasta ese momento se había dedicado en cuerpo y alma a su ciclo de adaptaciones de Edgar Allan Poe, la gran mayoría de ellas protagonizadas por Vincent Price. La idea surge cuando Corman, con una reconocida fama de tacaño y explotador de altos vuelos, además de gran descubridor de talentos (que eran la materia prima a la cual explotar laboralmente en la mayoría de las ocasiones, esto tampoco es que haya cambiado con los años, lamentablemente) descubrió que el actor Boris Karloff, bajo contrato en la AIP, le quedaban cinco días para finalizarlo. Decidido a que Karloff cumpliera su contrato a rajatabla, Corman urdió el rodaje a toda prisa de un filme de horror, contando con la participación de los habituales de la casa, tanto delante como detrás de las cámaras. 
El problema es que, a poco de comenzar a rodar, a Corman le surgieron unos compromisos profesionales ineludibles, teniendo que dejar el filme a cargo de un joven Francis Coppola, que oficialmente estaba en calidad de asistente de producción. Coppola filmó algunas escenas, siendo relevado por Jack Hill, otro aprendiz dentro de la AIP, prosiguiendo con el rodaje. Por filmar que no quede, pues hasta el propio Jack Nicholson llegó a sentarse en la silla de director para rodar unas pocas escenas. Por último, cuando faltaba ya poco para terminar el tiempo de filmación, recordemos que estipulado en cinco días, Corman regresó para ultimar los pocos hilos que faltaran por coser, dar su visto bueno y poner su nombre tras el "directed by". El "método Corman" tuvo en este filme su muestra más ilustrativa.
Este baile de directores no es que hiciera mucho daño a una película fabricada única y exclusivamente para el lucimiento de un actor ya en declive, Boris Karloff, que se veía obligado a hacerla por contrato, que de hecho finalizaba. La escasez de presupuesto, la rapidez con la que debía hacerse el filme provocaron algunos errores, en especial referidos al desenlace, con unas piedras de cartón piedra que dan el cante pero a un metro de distancia. Pese a ello, "El terror" es un filme que destaca por una historia de amor loco llevado hasta sus últimas consecuencias, una venganza dirigida por un sirviente (un joven Dick Miller, luego casi un fijo de Joe Dante) que se sirve de los encantos de una joven (la preciosa Sandra Knight, a la sazón primera esposa de Jack Nicholson) que acabará por despertar los instintos de un oficial (Jack Nicholson, en su primer rol relevante dentro de la AIP) que será testigo y partícipe de la venganza de ultratumba, primero se supone que falsa pero luego convertida en una terrible realidad.
Un filme sencillo, que de haber contado con algo más de presupuesto, y más días de rodaje, quizá hubiera quedado como una pieza de orfebrería del género en la que se halla encuadrada. Tal y como está realizada, queda como un título menor en la filmografía de su director-productor, muy dado en ocasiones a hacer rodajes a toda velocidad. Recuérdese que "La pequeña tienda de los horrores" (1963) la filmó en tres días (tres) sin ensayos previos y aprovechando decorados de una producción anterior. En este caso el tiempo de filmación era de dos días más, pero el resto era básicamente lo mismo, aprovechar decorados, atrezzo, con la salvedad de que en este caso tuvo la oportunidad de contar con fotografía en color.
Algunas escenas de "El terror" fueron reutilizadas para la filmación de "El héroe anda suelto" (1968), debut como director de Peter Bogdanovich, producido por Roger Corman y protagonizado por un Karloff que moriría poco después de acabado el rodaje.  

  

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA LLUVIA DEL DIABLO

Hace trescientos años, la familia Preston, que formaba parte de una secta de adoradores del Diablo, traicinó al líder de la misma, el terrible Jonathan Corbis, engañaron a éste, robándole su libro sagrado. Tres siglos más tarde, Corbis no ha olvidado tamaña afrenta, y está decidido a tomarse venganza con los descendientes de los Preston. A lo largo de este tiempo, los Preston han logrado mantener el libro bien escondido, pero Corbis tiene métodos con los cuales lograr recuperar el volumen...
El británico Robert Fuest (1927-2012) es un realizador hasta cierto punto curioso; trabajó indistintamente en cine y televisión, formado en Bellas Artes, pintor en sus ratos libres, también se conoce que estuvo muy interesado en lo oculto, lo esotérico. Su vinculación al Fantástico queda circunscrita a unos filmes de auténtico culto, caso de las dos entregas que dedicó al Dr. Phibes, encarnado con gran pretancia por el mítico Vincent Price. Me refiero a "La venganza del Dr. Phibes" y "El retorno del Dr. Phibes". Pero también hay que destacar esta "La lluvia del Diablo" (1975), aportación a la tema satánico que se benefició, o más bien surgió, del activo interés de un personaje bien peculiar, me refiero a Anton LaVey, fundador de la llamada "Iglesia de Satán".
LaVey se había labrado una gran popularidad en Hollywood, a lo largo de los años sesenta, merced a sus planteamientos filosóficos y su gusto por la parafernalia satánica. Mediante su  "Iglesia de Satán" se ganó el favor de muchas celebridades de la Meca del cine, donde gustaba de organizar misas negras y demás tipo de celebraciones de similar estilo e intenciones. Su fama llegó a ser tan elevada que la Paramount se hizo con sus servicios para que, con su presencia, promocionara la mítica "La semilla del Diablo" (1968/Roman Polansky) el día de su estreno. Algunas fuentes afirman que llegó a colaborar como asesor, per dicho papel ha sido posteriormente rechazado, Donde sí ejerció de asesor, y de paso tuvo un pequeño papel como uno de los oficiantes de una misa negra, es en "La lluvia del Diablo".
"La lluvia del Diablo" es una película que, personalmente, me interesa más por cómo cuenta la historia que no por la historia misma, muy atractiva, pero que tampoco creo que interesara muy mucho a sus responsables, pues nos es mostrada de manera un tanto esquemática. A Fuest lo que le interesaba era mostrar en pantalla una historia realista de satanismo, y para ello ofrece imágenes que pueden dejar al espectador realmente apabullado. En un primer visionado, la muerte del padre de los Preston puede impactar por la crudeza de su forma de morir, derritiéndose. El lugar que habitan Corbis y sus seguidores es un pueblo del Oeste abandonado, con una iglesia casi en ruinas en mitad de la nada. Es un decorado natural de primer orden, que impresiona lo suyo cuando la cámara realiza una panorámica sobre él, y que Fuest utiliza con gran inteligencia y sabiendo lo que se trae entre manos. 
El problema estriba en que luego la cosa empieza a escapársele precisamente cuando realmente más debía tener las cosas controladas. Ernest Borgnine está espléndido como Corbis, pero quizá no hacía falta vestirle de demonio con cabeza de macho cabrío para dotar de inquietud a sus apariciones, ya de por sí inquietantes. William Shatner, que por aquellos días se hallaba sobreviviendo a salto de mata mientras soñaba con retornar a surcar los espacios siderales a bordo de la "Enterprise" se esfuerza en dotar de fuerza a su personaje, pero sus ademanes, por mucho que se esfuerce, suenan demasiado a "Star Trek". Otra veterana, la mítica Ida Lupino, sí obtiene una interpretación digna de consideración, pero tampoco es que su intervención sea de peso. Si se tiene algo de ojo podrá reconocerse a un jovencito John Travolta, en uno de sus primeros trabajos como actor. 
El hecho es que "La lluvia del Diablo" se ha ganado a pulso su consideración de peiza de culto para ciertos amantes del género. Es evidente que Fuest jugó muy bien sus cartas, imprimiendo una estética muy realista a las imágenes, pero también se hace evidente que cargó demasiado las tintas, lo que hace que el filme acabe derivando en un final de "fuegos artificiales" puntuado, eso sí, por una "sorpresa final" tan sorpresiva como efectiva, que demuestran la indudable calidad técnica de su director, así como el hecho de que en los setenta se hicieron muy buenas películas de terror, muchas de ellas merecedoras de mayor atención, Y "La lluvia del Diablo", con sus defectos es, y debe estar, entre ellas, no les quepa duda. 
Por último indicar que, en su edición en DVD, por obra y gracia de los señores de la "entrañable" Paycom Multimedia (en este caso distribuidos por otros "maestros" de la edición digital, los de Llamentol) "La lluvia del Diablo" tuvo que apechigar con una carátula de las típicas que solían hacer en sus ediciones baratas de kiosco. Esto es hacer un cortar y pegar de imágenes de la cinta más alguna que perteneciera a alguno de los actores de la misma, el más conocido a poder ser. El elegido en este caso fue William Shatner, pero el Shatner de "Star Trek", para entendernos. Porque en 1975 el capián Kirk ya no era un jovencito cadete del espacio. De hecho, la imagen parece sacada de su papel en "Los hermanos Karamazov", película que realizó a las órdenes de Yul Bryner a finales de los cincuenta. Con todo, no es de las peores lanzadas por estas compañías, que si bien recuperaron muchos títulos poco difundidos a nivel comercial, nunca destacaron por su sentido "artístico" o por meter subtítulos, más bien apostaron por tirar a lo fácil. Esta no es de las peores, pero se las trae.
La edición viene acompañada de un par de "extras", que corresponden a imágenes de un par de añejos documentales que el sello Paycom editó sobre temática esotérica o similar. En el primero podemos ver al tristemente célebre Charles Manson y en el otro una pequeña entrevista a Antón LaVey, con imágenes de una de sus peculiares misas negras, con las que alegraba las fiestas de la alta sociedad de Beverly Hills y sus aledaños. Otra pieza en "Historia de dos diablos", un montaje de animación que ofrece el "retrato" de dos demonios del panteón cristiano, acompañado de voces guturales e información sobre el tema. Si se está interesado en el tema quizá puedan llegar a ser útiles, en caso contrario quedan como una curiosidad de las que dan un poco de mal rollo, ciertamente lo digo. Más que la película en sí. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

LA CHICA QUE YO QUIERO

Amy es una estudiante tan inteligente como tímida, que bebe los vientos por Scott, prototípico ejemplo de estrella de fútbol en el instituto, incapaz de acercarse a él o de llamar su atención, Amy pide ayuda desesperada a Lisa y Teri, las peores de la clase, pero que son unas campeonas entre el sexo masculino, con el fin de que le den unos consejillos. Ajeno a todo esto, Scott también parece sentir algo por Amy, el problema está en que toda una serie de equívocos acabarán desembocando en una persecución de coches...
Hay una serie de directores que podemos calificar de versátiles, en tanto en cuanto saben moverse en cualquier género con soltura y buen nivel. Hay otros que lo que hacen es especializarse, demostrando siempre que en ese género, sea el que sea, saben lo que se hacen. ¿Pero qué ocurre cuando estamos ante un director que no domina ningún género, que es un verdadero zoquete?
Este es el caso de David DeCoteau, realizador que se labró sus primeras armas en esto de filmar bajo la protección de Roger Corman, aunque pronto tuvo que dedicarse al cine porno, con el fin de llegar a fin de mes. Decidido a labrarse una carrera "respetable", DeCoteau convenció a otro de los reyes del cine barato, Charles Band, para que le permitiera labrarse cierto prestigio, aunque fuera dentro del circuito del cine directo a vídeo, o en subproductos del calibre de "Dreammaniacs" (1986) o "Creepozoides" (1987). Con Band, DeCoteau pudo enlazar un rodaje tras otro, dejando muestras de su inusual sentido a la hora de afrontar géneros como el terror o el de ciencia ficción, dentro de los más estrictos márgenes de la serie Z.
En 1989 decide cambiar de tercio, apostando por una comedia estudiantil de planteamiento más cercano a las que se filmaban a primeros de los ochenta, pero que a finales de la década se hallaban ya en franco desuso. 
"La chica que yo quiero" (1989) es una comedia que se pretende cómica, pero en ocasiones es casi una grotesca sombra de artefacto presuntamente cómico, filmado con verdadera ineptitud. Una comedia, para que funcione, debe tener ritmo, una energía que haga que el público empatice con sus personajes y disfrute con ellos. En este filme, los personajes son todos unos memos de cuidado, trazados con líneas gruesas, que deambulan en pantalla con la idea de hacer reír pero que acaban por provocar vergüenza ajena. 
Filmada con muy pocos medios, "La chica que yo quiero" adolece de una puesta en escena pobretona, desangelada, colando secuencias de archivo, como la del partido de fútbol, que no cuadran con la acción del filme. Todo parece indicar que se rodó en casa de amigos, o en las de los propios actores, pero tampoco es que eso a DeCoteau le importe mucho, pues su absoluta negación para narrar con la cámara hace que el conjunto revele pronto su absoluta ineficacia como comedia. Cierto es que su pretensión era la de hacer una comedia grosera, pero hasta en eso la película es inútil. El director parece sentir también vergüenza de lo que está rodando, por lo que se dedica a dejar ciertos momentos fuera de cámara, por lo que inutiliza por completo su posible impacto en el espectador. 
Al final, en esta película lo poco que queda se concentra en el entusiasmo de la guapa y zalamera Linnea Quigley, actriz muy acostumbrada a ejercer funciones de "gancho erótico" en más de una y más de dos basurillas. En calidad de productora, Quigley podría haberse dedicado a lucir más palmito de lo que hace habitualmente. No es que en "La chica que yo quiero" no lo haga, porque lo hace en abundancia, pero digamos que el resto de compañeros son todos unos inútiles a la hora de actuar, enseñen o no las tetas en algún momento de la cinta. De este modo, el filme adquiere un aspecto casi amateur, disculpable si ésta fuera su verdadera identidad, pero el hecho es que fue filmada por profesionales con bastante carrera a sus espaldas como para filmar semejante fiasco. 
Una película inepta, hecha por verdaderos terroristas visuales...

En calidad de productora del filme, Linnea Quigley se reservó algunas escenas para lucimiento personal, especialmente físico, algo habitual en una carrera jalonada de muchas intervenciones similares en producciones de bajo o muy bajo presupuesto. A finales de los noventa llegó a España, donde trabajó a las ódenes del inclasificable y único Jesús Franco.