domingo, 26 de enero de 2014

SLUGS, MUERTE VISCOSA

En una tranquila localidad estadounidense, una de ésas en la que nunca parece suceder nada digno de consideración, repta por su subsuelo una amenaza en forma de babosas, que han mutado hasta convertirse en una especie carnívora. Un inspector de sanidad, valiente como él solo, y contra los poderes fácticos, que andan a la greña con la construcción de un centro comercial, se hará cargo de la situación. Las babosas, por su parte, hambrientas de carne humana, harán de las suyas cargándose a cuanta persona pillen por su camino…
El valenciano Juan Piquer Simón (1935-2011) apareció en un momento en el cual el cine de género en España andaba ya dando sus primeras señales de crisis. A pesar de ello, Piquer Simón no se amilanó, y debutó ni más ni menos que con una adaptación de “Viaje al centro de la Tierra” (1977), rodada en inglés, contando con la distribución de la AIP americana y con actor, el británico Kenneth More, entonces muy popular por su papel en la serie televisiva del Padre Brown. El descomunal éxito comercial de la apuesta, segunda película más taquillera de aquel año, por detrás de “La guerra de las galaxias” (“Star Wars”/1977/George Lucas), propició que el realizador siguiera la senda del cine de aventuras más familiar y con clara intención de atraer a las audiencias juveniles de la época, aportando títulos como “Supersonic Man” (1979), “Los diablos del mar” (1981), otra versión de una novela de Verne, en este caso “Un capitán de quince años” y “Misterio en la isla de los monstruos” (1981), donde el legandario Peter Cushing, ya en el los últimos estertores de su extraordinaria carrera, se daba la mano con nuestro Hombre Lobo particular e intransferible, Paul Naschy.
Ahora bien, en mitad de tanto cine de aventuras hecho con pretensiones de apostar por un cine de aventuras tradicional, puro, Piquer Simón aprovechó la moda de “Viernes 13” (1980) para filmar la muy contundente “Mil gritos tiene la noche” (1981), suerte de explotación del modelo yanqui, de nuevo rodado en inglés pero con equipo técnico netamente español y algunos intérpretes americanos de segunda división para dar el pego. Y lo logró con creces, obteniendo de nuevo una respuesta en taquilla francamente remarcable.

Divertida secuencia de "Slugs, muerte viscosa", con un primer plano de una de las babosas, que ponen de manifiesto el trabajo artesanal, en cuanto efectos especiales, de esta película de Juan Piquer Simón.
“Slugs, muerte viscosa” nació con unos planteamientos similares; contando con el respaldo financiero de  Raffaella DeLaurentiis, hija del famoso magnate del cine, que por aquel entonces andaba con la idea de situarse también como productora, Piquer Simón puso en marcha este homenaje al cine de ciencia ficción de los años cincuenta, adaptándolo a los parámetros de la serie B de los ochenta, esto es, con un poc más de salsa y pimienta. Vamos, que le puso algo más de sangre e higadillos, con unas gotitas de erotismo de andar por casa para que el conjunto cuajara a la perfección. Y cabe decir que la cosa volvió a salirle más que redonda.
Con sus imperfecciones, entre las que cabe destacar el principal “handicap” de Piquer Simón, su escasa, por no decir nula, pericia a la hora de dirigir a los actores, que deambulan más que interpretan, de manera en ocasiones harto artificiosa, lo que resta enjundia dramática al asunto, “Slugs, muerte viscosa” es una vistosa aportación española al género de terror y ciencia ficción, que se ve con gusto, por cuanto su realizador, ante todo un artesano enamorado de su trabajo, pero que sobre todo supo siempre muy bien cómo venderse al exterior. Puede que sus excesos gore puedan resultar sumamente difíciles de ver, por el asco que dan, más que las propias babosas, pero posee un encanto de clase B que la hace simpática y francamente atractiva.

Piquer Simón incidiría en la mixtura ciencia  ficción-terror con la también muy recomendable “La grieta” (1989), pero a partir de ahí las cosas irían cuesta abajo. Las cambiantes circunstancias del cine de género hecho en España provocaron que el siguiente proyecto dirigido por el valenciano, “La mansión de Cthulhu” (1991) sufriera una complicada gestación, que sumada a una posterior distribución, muy deficiente, en vídeo, determinó que su director abandonara el cine de terror de raíz más gore para regresar al campo del cine de aventuras. Pero el panorama de primeros y mediados de los noventa no era ya el mismo de finales de los setenta, y “La isla del Diablo” (1994) y “Manoa, la ciudad de oro” (1996) fueron recibidas con total y absoluta indiferencia, determinando, tristemente, el final de su actividad profesional como cineasta.  

Juan Piquer, a la derecha de la imagen, dando indicaciones en pleno rodaje de "Slugs, muerte viscosa", uno de sus grandes éxitos comerciales.

viernes, 24 de enero de 2014

KILLER BARBYS

Una banda de rock decide pasar la noche en una casa habitada por una condesa, ya anciana y decadente, que encuentra en los jóvenes la materia prima esencial para recueprar su juventud y esplendor. Ayudada por un par de sicarios, uno especialmente sádico (Aldo Sambrell) y otro tonto de capirote (Santiago Segura), la condesa irá cometiendo una escabechina entre los componentes de la banda de rock…
En 1996, y en un momento profesional un tanto complicado(*), Jesús Franco logró la financiación necesaria para poner en marcha un guión que llevaba tiempo durmiendo el sueño de los justos en un cajón de su despacho. Con todo, para lograr poner en marcha la película, Franco tuvo que hacer ciertas concesiones a los que proporcionaban la “pela”. Al tratarse de una discográfica, Subterfuge Records, éstos impusieron la presencia en el rol protagonista de los componentes del grupo musical “Killer Barbys”, por aquel entonces con cierta presencia dentro de la escena musical independiente española, entonces muy en boga, dando preeminencia a las canciones de la dicha banda. A estos les acompañan actores tan diferentes como la italiana Miriangela Giordano, Aldo Sambrell, actores bregados en la serie B europea más o menos de empaque, y un Santiago Segura en sus primeros días de cierta popularidad mediática.
A pesar de esta concesión, “Killer Barbys” es una película cien por cien franquiana, que en su momento se encuadró en el resurgir del cine español representado por “El día de la Bestia” (1995/Alex DelaIglesia). La presencia de Santiago Segura, al que sus Torrentes aún le quedaban lejos, no es para nada casual, pues la idea era atraer a la misma clase de público. El hecho es que esto llegó a ocurrir, aunque debe decirse que más de uno, y más de dos, se sintieron bastante desconcertados con el resultado final que se vio en pantalla, aunque, como ya he dicho, la película no engaña a todo aquel que esté iniciado en los parámetros del cine cultivado por el director de “Los ojos del Dr. Orloff” (1973).
Así pues, estamos ante una película que, sirvió para que las nuevas generaciones conocieran a uno de los directores más heterodoxos del cine español y, por extensión europeo, por más que lo hicieran a través de una película tan poco lustrosa como ésta, preámbulo del renacimiento profesional de su director, que a partir de entonces mantendría un ritmo de producción casi endiablado. Al año siguiente dirige “Tender flesh”, primera de las once películas consecutivas que rodará, sin solución de continuidad, para el sello estadounidense On Shot, editor de la revista “Draculina”, publicación americana dedicada a glosar la vida y milagros de las actrices más neumáticas de la serie B y Z yanqui y de la Vieja Europa. Si “Killer Barbys” es una película caótica, desarmante en su desnudez de narrativa y complejidad, “Tender flesh”, que contó con una primera distribución videográfica directamente en inglés y sin subtítulos (tampoco es que el guión tenga demasiada importancia) es, por comparación, mucho peor, lo que ya es decir.
La presencia de la citada One Shot permitió que algunas de las grandes “starlettes” del terror barato estadounidense hicieran acto de presencia en Málaga, lugar de residencia de Jesús Franco, para rodar sus desvaríos, en los que adaptó el formato de vídeo digital para abaratar costes. A esta etapa pertenecen “Mari Cookie y la tarántula asesina” (1997), una por momentos alucinante cinta de ciencia ficción con las muy apetitosas Michelle Bauer y Linnea Quigley, además de Monique Parent, ya presente en “Tender flesh” (recuperada en DVD por el sello Vellavisión con un doblaje realizado por el propio Franco, que deja claro que los diálogos, aún en inglés, eran alucinantes)  así como la siempre presente Lina Romay, musa de Franco y desgraciadamente ya desaparecida, al igual que el realizador madrileño.  Otro título de esta etapa puede citarse, por suponer un punto y aparte con respecto al cine de terror, sería “Seda roja” (1999), un “thriller” de espías de nuevo con Lina Romay y la incorporación de Christie Levin…
En 2002 llega a festivales especializados la secuela, “Killer Barbys contra Drácula”, una coproducción hispanoalemana, de nuevo con la citada banda y Aldo Sambrell, al que se suma Dan Van Husen, antaño un secundario muy habitual en el cine de Franco.
Imagen de "Killer Barbys" de Jesús Franco película que, si bien sirvió para "resucitar" profesionalmente a su director, no posee cualidades cinematográficas dignas de tal consideración, siendo más bien un producto coyuntural, en un momento en que la (mal)llamada "cultura basura", a mediados de los noventa, pretendía vender la serie B (o lo que se consideraba que era muy de serie B). Como todos sabemos, dicha moda duró lo que dura una estrella fugaz...Afortunadamente, todo sea dicho de paso.  


 (*) Franco llevaba cuatro años sin dirigir, siendo su última realización "Ciudad baja" ("Downtown heat"/1992), un filme de acción rodado de encuadres televisivos y muy escasa repercusión comercial. En 1995 se estrena su montaje del Quijote de Orson Welles (no olvidemos que Franco fue ayudante de dirección del genio en "Campanadas a medianoche" ("Chimes at midnight"/1965)), que levanta ampollas desde ciertos sectores de la crítica más inmovilista española, así como entre estrechos colaboradores de Welles de aquella época, caso de Juan Cobos,  que a la sazón también estuvo presente en el citado rodaje, en calidad de asistente. Dicho recibimiento, ni que decir tiene, está más vinculado a la escasa simpatía hacia el director que no por la tarea realizada, algo bastante habitual, por desgracia en este país...  

jueves, 23 de enero de 2014

HALLOWEEN III

A pocos días de la festividad de Halloween, empiezan a emitirse por televisión una serie de anuncios de una empresa de máscaras, que mediante una cancioncilla especialmente molesta pero pegadiza, cantan las excelencias de las caretas. Un doctor, recién divorciado, que se halla realizando el turno de noche, se responsabiliza de un paciente que acaba de llegar a urgencias, y que le habla de que las máscaras están malditas. El doctor, primero escéptico, pero tras la muerte del sujeto, asesinado, empieza a hacer sus averigüaciones, ayudado en sus pesquisas por la hermana del difunto. Las investigaciones los llevan a descubrir que la empresa responsabilizada de la fabricación y distribución de las máscaras es propiedad de un oscuro hombre de negocios, con intenciones francamente ominosas…
“Halloween III” (1982) es una anomalía dentro de la saga que narraba las matanzas de Michael Myers. John Carpenter no quedó muy contento de los resultados de la secuela de “La noche de Halloween” (1978), “Sanguinario” (1981/Rick Rosenthal), y temiendo que la cosa podía empezar a parecerse a “Viernes 13”, convenció a los responsables d ela franquicia de realizar un cambio de tercio, que proporcionara algo de estímulo a los seguiodres de la misma. El plan consistía en que la saga se convirtiera, más que en una serie de películas centradas en Myers, en la fiesta de Halloween en sí misma, ofreciendo cada película una historia distinta, pero ambientada en una fecha tan señalada. La idea le fue aceptada, pero pese a dar una película cuando menos curiosa, no tuvo los resultados esperados en taquilla, con lo cual se volvió a la idea anterior, más evidente a nivel argumental, más fácil, pero que cuyos resultados productores consideraban que era más factible de dar rendimiento en taquilla, algo del todo equivocado, pues las siguientes entregas de la saga fueron todavía peores y deficitarias que ésta, que si bien no es del todo redonda, sí posee mayor grado de interés que las siguientes entregas, en especial de la cuarta y la quinta, del todo desdeñables.
Así pues, en esta tercera entrega se aparca la figura de Michael Myers para adoptar la estructura de un relato de horror que posee una atmósfera muy lograda, que en manos de Carpenter seguramente hubiera sido la base de una película notable, pero en manos del grisáceo Tommy Lee Wallace se convierte en una obra con destellos de genio, pero que nunca acaba de despegar del todo.
Protagonizada por un rostro habitual del cine carpenteriano, Tom Atkins, “Halloween III” contó con un primer esbozo de guión obra del genial Nigel Kneale, responsable de los guiones de algunas de las grandes joyas de la Hammer Films, como “¿Qué sucedió entonces? (1967/Roy Ward Baker), una de las favoritas de Carpenter. Discrepancias entre los productores hicieron que la estructura presentada por Kneale no fuera respetada, hecho que hico que éste exigiera que su nombre fuera retirado de los créditos de la película.
Por momentos  fascinante,  embriagadora visualmente, se trata de una de las mejores aportaciones al género de terror de Tommy Lee Wallace, profesional muy vinculado al cine de John Carpenter, y amigo personal suyo desde los días de universidad,   cuya posterior labor como director queda adscrita a aportaciones tan poco remarcables como “Vampiros. Los muertos” (2002), desangelada secuela de la sensacional “Vampiros” (1998), una de las indiscutibles obras maestras de Carpenter, y que salió en algunos países distribuída directamente en DVD, menos en España, que contó con una inmerecida exhibición en pantalla grande. El resto lo compone mucha televisión, destacando su trabajo en la adaptación a la pequeña pantalla de la novela de Stephen King "It" (1990), producción de tres horas de duración que, junto a la película aquí comentada, son los más remarcable de su trayectoria como realizador. 

“Halloween III” queda pues como una verdadera “rara avis” dentro de una saga que, como ya hemos dicho, y viendo el escaso rendimiento económico de la propuesta, decidió seguir por caminos trillados, resucitando a Michael Myers, mediante una serie de secuelas cada vez más simples y aburridas, que mantenían en primera instancia la numeración, por más que la tercera entrega fue obviada, olvidada, aún siendo muy superior a ellas. Permitiendo de esta forma la creación de una especie de culto a su alrededor. 
Tommy Lee Wallace en los tiempos en que filmaba "It" (1990) una muy destacable adaptación televisiva de la novela homónima de Stephen King,

martes, 21 de enero de 2014

WITCHBOARD

Jim y Linda celebran una fiesta con el fin de que sus amigos conozcan la bonita casa que acaban de comprar, una preciosa mansión victoriana, situada en el bello pueblecito de Fairfield. Brandon, que siempre sintió cierto ronroneo por Linda, y al que le gusta el esoterismo, se trae una tabla de ouija, con el fin de demostrar sus conocimientos sobre el tema, propone una sesión a los asistentes que, aparentemente, termina sin mayores resultados que alguna muestra de sonoro escepticismo por parte de Jim, pero no así por  parte de Linda, que en el transcurso de la sesión contacta con un niño llamado David. La muchacha empieza a obsesionarse con la tabla, distanciándose paulatinamente de su prometido, quien sospecha que el tal David, lejos de ser una entidad bondadosa en realidad oculta intereses ocultos. Tras la intervención de una médium algo pasada de rosca, se hace evidente que el tal David es un espíritu maligno, que posee a Linda, iniciándose de este modo una serie de crímenes…
“Witchboard, juego diabólico” (1985) es un pequeño clásico de la serie de los ochenta, realizado por un realizador, Kevin S. Tenney, que dos años más tarde realizaría uno de sus títulos más populares, “Night of the demons” (1987), otro título que marcó a más de un asiduo de los videclubes. Tenney, que de hecho debutó en tareas directivas con esta película, se ha mantenido como un realizador vinculado de forma clara en la producción B, que nunca ha logrado superar los niveles de impacto logrados con estas dos cintas, por mucho que lo intentara mediante una secuela, tardía, de la presente, filmada en 1993, o produjera un remedo de “Night of the demons” (2009). El resto de su filmografía lo componen cosas como “La venganza de Pinocho” (1996), una versión barata y bien poco recomendable de “Muñeco diabólico” (1987/Tom Holland) y la secuela a vídeo, realmente espantosa, de la muy simpática “Han llegado” de David Twohy, “Han llegado 2”, directa a vídeo y DVD.
El filme posee ese encanto, ya perdido, del cine barato de los ochenta, en el cual los efectos generados por ordenador no eran aún un recurso cansinamente utilizado y el gore, aunque en este caso no es una película que abuse de ello, se utiliza en su muy justa medida. Tenney se luce en varias de las escenas de asesinatos, caso de la secuencia del hacha, o de los sustos sorpresivos, manteniendo el ritmo en todo momento.

En el reparto tenemos a una serie de actores que, por aquellos años, mediados de los ochenta, estaban muy vinculados a la pequeña pantalla…Circunstancia que se mantiene hoy en día, aunque en papeles más episódicos que antaño, cuando parecía que iban a romper. El caso más sangrante es el de la guapa Tawny Kitaen, actriz que se dejó ver (en especial sus encantos) en diversas producciones como “Gwendoline” (1984/Just Jaeckin), “Despedida de soltero” (1984/Neal Israel) o el  tremebundo melodrama  “Corazón de cristal” (1986/Gil Bettman), que narraba la trágica historia de amor entre un joven encerrado en una habitación aislada por culpa de una enfermedad degenerativa (Lee Curreri, famoso por su papel en la serie “Fama” de los ochenta) y una chica pizpireta y llena de vida. Como dato curioso indicar que fue la protagonista de la primera película gibraltareña, la horrible “Marine: entrenado para matar” (1986/Craig T. Rumar) junto a otra promesa estrellada,  Michael Paré y todo ello encuadrado en una España de pandereta, jamón y guardias civiles en plan bombero torero. Después de eso, mucha tele, intervenciones en diversos videoclips musicales del grupo “whitesnake”, no en vano el líder de la banda, David Coverdale, fue su marido durante algunos años.

lunes, 20 de enero de 2014

MIEDO AZUL

Publicada originalmente en 1983, “El ciclo del hombre lobo” (“Cycle of werewolf” en el original) es una de esas novelas de Stephen King que suelen despacharse como “menores” pero que le permitieron situarle en la primera posición entre los autores de novela de terror a primeros de la década de los ochenta.
Se trata de una novela francamente muy entretenida, de lectura ágil y que pone de manifiesto la indiscutible buena mano de su autor para crear tensión en el lector, mediante el ingenio y unos recursos narrativos muy creativos. Como apoyo, King presentó la edición con ilustraciones a cargo del gran Berni Wrightson. Dibujante de cómics de terror y fantasía, Wrightson y King habían trabado amistad gracias a la amistad mutúa que les unía con George A. Romero, responsable de “La noche de los muertos vivientes” (1968). Un año antes de la edición de “El cliclo del hombre lobo”, los tres colaboraron en la elaboración de la adaptación a viñetas de “Creepshow” (1982), particular homenaje de Romero y King a los viejos, y censurados, tebeos de la EC Comics de los años cincuenta.
El éxito del libro fue lo bastante importante como para que el productor de origen italiano Dino DeLaurentiis adquiriese los derechos de la novela para poner en marcha una adaptación fílmica. El propio King se responsabilizó del guión, y el director elegido fue Don Coscarelli, firmante de la gran “Phantasma” (1979) y las no tan grandes secuelas que rodó de los desmanes del Hombre Alto, interpretado por Angus Scrimm. Todo indicaba que estábamos ante una película que lo iba a petar en las taquillas pero, finalmente, no fue así.
Por un lado, a pocos días de inciarse el rodaje, Coscarello se apeó del proyecto, aduciendo las habituales “diferencias creativas” con el siempre mandón DeLaurentiis. Su sustituto, Daniell Attias, le puso arrojo, pero rrancamente se hizo evidente que el proyecto le venía grande, quedándose “Miedo azul” (“Silver bullet” en el original yanqui/1985) en su única incursión para la pantalla grande, para luego dedicarse de forma total y absoluta a la pequeña, dirignedo episodios de series como “Perdidos”, entre otras.
“Miedo azul” no puede decirse que sea una mala película, pero a uno le queda la sensación de que podría haberse hecho algo más con el sugerente material de partida. Adaptándola a un planteamiento adolescente, muy similar en intenciones a “Los goonies” (1985/Richard Donner), pero con menos gracia y con una fotografía de aires siniestros que no encaja con tales pretensiones. Nada en la película parece ser aprovechado por su director para hacer que la película ascienda unos cuantos metros de la llanura visual que se nos pone por delante, algo que acaba por afectar incluso a los actores, encabezados por un Gary Busey que ya estaba entrando en barrena en una carrera que se inició prometedoramente con “El gran miércoles” (1979) y que luego le llevó a los meandros de la serie Z más pestilente. Le acompañan dos jovenes promesas que tampoco pasaron de eso, promesas, Megan Follows, y el tristemente fallecido Corey Haim, actor que luego logró hacerse un hueco en el corazoncito de todos los aficionados gracias a su papel en la divertida “Jóvenes ocultos” (1987), y cuya adicción a los estupefacientes hizo que fuera, al igual que le ocurrió con Busey, un rostro habitual de la serie B lanzada a DVD. Falleció en 2010 de una sobredosis, a los 39 años de edad… Aunque se anuncia para este 2014 el estreno de “The dead sea”, oscurísimo “thriller” dirigido por el bien poco conocido T.A. Williams, en un proyecto que seguramente quedó afectado por su muerte, y ahora se recupera o, no sé, cualquier otro disparate hollywoodiense que se les pueda ocurrir.
DeLaurentiis, pese al palo recibido con “Miedo azul”, no perdió la fe en las obras de Stephen King, pues casi al unísono estrenó la más lograda “Los ojos del gato”, bajo la batuta de un director de trayectoria igualmente concentrada en la caja tonta, pero bregado en el cine de bajo presupuesto con fundamento (esto es, trabajando para Roger Corman), Lewis Teague. No contento con eso, le financió a King su debut en la dirección cinematográfica con “La rebelión de las máquinas” (1987), que se pegó una castaña en taquilla que dejó el fiasco de “Miedo azul” en mera zancadilla.


Imagen de Corey Haim, actor de prometedora carrera que se vio tristemente truncada por su adicción a las drogas, muriendo en 2010 a la edad de 39 años...

jueves, 16 de enero de 2014

LA MONTAÑA DEL DIOS CANÍBAL

Susan Stevenson, junto a su hermano Arthur, llegan a Nueva Guinea con objeto de localizar al marido de Susan, desaparecido en las profundidades de la selva hace ya varios meses. Ayudados por un guía, Edward Foster, los tres forman una expedición de búsqueda y rescate, en un viaje lleno de difucultades, especies peligrosas y tribus que aún practican el canibalismo. Un viaje al corazón de la oscuridad, donde nada es lo que parece…
Nacido en Roma en 1938, Sergio Martino es uno de esos directores que cultivaron con fruición el cine de género, tocando todos los palos, o mejor sería decir subgéneros que conformaron la época gloriosa del cine comercial italiano. El inevitable “western”, la ciencia ficción, la comedia de tinte erótico, pasando por el “giallo” más contundente. Los nostálgicos del videoclub recordarán con especial cariño títulos del calibre de “Todos los colores de la oscuridad” (1972), “Torso-violencia carnal” (1973), “La isla de los hombres peces” (1979, con una maravillosamente guapa Barbara Bach, “Caimán” (1979), respuesta de la serie B itálica al “Tiburón” spielbergiano, o “Casablanca express” (1989), cinta de acción bélica con un Glenn Ford perdido entre Jason Connery Francesco Quinn, rodada ésta cuando el cine comercial italiano ya se hallaba en sus últimos suspiros.
“La montaña del dios caníbal” (1978), que se adelantó dos años al impacto de “Holocausto caníbal” (1980), puede encuadrarse perfectamente al lado de ésta, aún cuando sus intenciones y planteamientos se alejan bastante de los buscados por Ruggero Deodato en aquel falso documental que tanta tinta hizo correr en su día. Estamos ante una cinta de aventuras que conjuga, con solvencia y estilo, el gore con el erotismo, en un argumento que remite sin pudor a la mejor tradición del bolsilibro, con personajes que parecen ser una cosa y luego resultan ser otra; personajes que actúan en principio por una cuestión personal, encontrar al marido, pero que a la hora de la verdad andan tras algo más valioso.

Ursula Andress, Stacy Keach y Antonio Marsina, de espaldas, en una escena de "La montaña del dios caníbal" (1978), una muy notable aportación del italiano Sergio Martino al cine de aventuras, con sus toques de gore incluídos
La presencia de Ursula Andress, que por aquel entonces hacía horas extras en el cine italiano de raíz más comercial, sirve para que Martino (quien era también un especialista en la comedia erótica, no en vano había dirigido a la, por aquel entonces reina del género, Edwige Fenech, que de paso se convirtió en su cuñada) la utilice como elemento vertebrador de las escenas más subidas de tono, para enseñe cacho, vamos. Puede que dichas escenas estén metidas algo con calzador, pero en el desenlace final, del todo impactante, poseen una función casi esencial. A ella se suman el estadounidense Stacy Keach, inolvidable intérprete el “Mike Hammer” televisivo, que aporta su solidez dramática al papel de guía y la presencia, en un papel secundario, de Franco Fantasia, actor muy vinculado a lo más granado del cine de género practicado en el Viejo Continente.
Ursula Andress (1936) es el reclamo erótico-festivo en "La montaña del dios caníbal" en un momento en el cual, a nivel profesional, era una habitual de cine de género elaborado en Italia.
Sin ser una película redonda, “La montaña del dios caníbal” es un título perteneciente a un periodo, ya acabado, del cine italiano, y por extensión europeo, aquel en el cual el cine de género era una constante, que producía toda clase de películas de todos los géneros imaginables, que podían ser pálidas copias de éxitos americanos, eso no los vamos a discutir, la mayoría de los veces era así, pero que no engañaban al público sobre sus intenciones, que eran meramente las de entretener al personal durante hora y media, en los añorados cines de programa doble. Un cine popular donde artesanos versátiles como Sergio Martino acometieron una carrera de fondo, pero de resultados, en ocasiones, muy considerables.

Posteriormente, con la ya citada “Holocausto caníbal” (1980) la moda tomó posiciones estéticamente más embrutecidas, dejando de lado la coartada aventurera para ofrecer mutilaciones a mansalva en bellos parajes amazónicos. 
Por último indicar que "La montaña del dios caníbal" es famosa en España como consecuencia de un error de programación de Televisión Española, que la emitió un sábado por la tarde,por la Primera, provocando que a más de uno se le atragantase el pan con chocolate...

El realizador Sergio Martino, nacido en 1938, es uno de esos directores que, dentro de los márgenes del cine más comercial hecho en Europa, realizó películas dignas de consideración como "La montaña del dios caníbal.

miércoles, 15 de enero de 2014

BEOWLF, LA LEYENDA

Beowulf, un guerrero solitario, llega a un apartado castillo azotado por el horror de un monstruo que campa a sus anchas por el lugar. El noble del castillo, ayudado por su hija y un joven pero algo engreído oficial, mantienen el tipo con las escasas fuerzas disponibles, que además deben tener en cuenta que están siendo sitiados, con lo cual las posibilidades de encontrar ayuda son prácticamente nulas. Pese a la desconfianza inicial, Beowlf se convertirá en su única esperanza ante el avance de Grendel, una criatura en apariencia indestructible.
El mismo año en que protagonizaba “Resurrección” (1998), de nuevo bajo las órdenes de Russell Mulcahy, quien había filmado uno de sus mayores éxitos profesionales, “Los inmortales” (1986), el francés Christopher Lambert también se dejó caer, de muy mala manera, en este subproducto de acción y aventuras, con un punto de fantasía y terror, que bien podrían haberse ahorrado, teniendo en cuenta el resultado final, a todas luces insatisfactorio. Y me quedo corto.
“Beowulf, la leyenda” (1998) es un artefacto fílmico sobre el cual resulta muy complicado hallar un elemento que resulte atractivo. Nada en ella despierta el más mínimo interés, a no ser su curiosa escenagrafía, muy al estilo Mad Max, que en manos de un director con algo más de personalidad, muy probablemente hubiera dado lugar a algo con cara y ojos.
Por desgracia, en manos de Graham Baker, realizador británico de carrera guadianesca (debuta en 1981 con “El final de Damien”, tercera parte de “La profecía” (1976), regresa en 1988 con la simpática “Alien nación”, y no será hasta diez años después que regresará al primer plano con esta película, cuya nula repercusión comercial enterrará definitivamente su actividad para la gran pantalla, centrándose en la publicidad) la cosa se convierte en una especie de “western” europeo con hechuras de fantasía heroica, donde un Lambert más inexpresivo que nunca hace las veces de “hombre sin nombre”, aunque en este caso sí lo tiene, pasándose de rosca en su rol de tipo duro.

Por otra parte, en sí misma, la base argumental de la película es del todo estúpida, tanto como los propios habitantes del castillo, que se ven afectados por la presencia de un ser demoníaco, llamado Grendel, resultado de ciertos pecados del pasado del noble que habita el lugar, junto a su bella hija, interpretada por Rhona Mitra, tan mala actriz como Lambert pero resultona en las secuencias de acción, no como Lambert que se ve a la legua el trabajo de su doble para las escenas peligrosas.  A todo esto hay que sumar las deficiencias en el tema de efectos especiales (explosiones ridículas) y la vergüenza ajena que provoca la aparición final del monstruo, que se quiere estremecedora pero se queda en directamente impresentable.
Por último, y esto es ya publicidad pura y dura, sepan que "La butaca inquieta" tiene ya su propia versión en Facebook, donde se publican enlaces a su versión bloguera y más contenidos que se irán introduciendo próximamente...

Modelo antes que actriz, Rhona Mitra realizó una de sus primeras intervenciones cinematográficas en este desastre que supone "Beoulf" (1998), aunque pudo resarcirse con creces años más tarde, merced a su intervención en la sensacional "Doomsday" (2009) de Neil Marshall, ésta sí, una apuesta de serie B hecha con talento y conocimiento de causa.