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jueves, 12 de enero de 2017

CUANDO CHARLES BAND DOMINABA LOS VIDEOCLUBS...

Hoy he decidido variar un tanto la concepción de las reseñas con el objeto de repasar un puñado de filmes que tienen como nexo en común haber sido producidas por Charles Band, productor que desempeña su actividad desde finales de los setenta para, ya en los ochenta, al frente de la Empire, iniciar una efímera etapa gloriosa con respecto a la producción y distribución de películas de bajo presupuesto. Merced a títulos tan señeros, y recomendables, como "ReAnimator" (1985/Stuart Gordon), "ReSonator" (1986/Stuart Gordon) y "Dolls" (1986/Suart Gordon), entre muchísimas otras, Band se establece, junto con Roger Corman, en uno de los principales facturadores de baratijas para los videclubes. Pero todo lo bueno se acaba, la Empire muerde el polvo alrededor de 1988 como consecuencia de una serie de problemas financieros vinculados a la crisis económica en Italia, lo que provoca que la compañía se quede empantanada y con varios títulos por estrenar, entre ellos "Robot Jox" (1990/Stuart Gordon, sí, otra vez). Cuando parecía que Charles Band no volvería al redil del cine barato, poco más tarde resurge de sus cenizas mediante una muy modesta cinta de terror, "La venganza de los muñecos" (1989/David Schmoeller), cuyos buenos resultados permiten que las películas que habían quedado sin estrenar de la extinta Empire lo vayan haciendo paulatinamente, ahora bajo el sello Full Moon que, mediante un contrato de distribución con la Paramount, se asegura la subsistencia, al menos hasta mediados de los noventa, cuando ambas partes deciden romper su relación por discrepancias diversas. 
Pero eso es otra historia; lo que aquí nos concierne es hacer un repaso a cinco películas de lacitada compañía, algunas de ellas posteriormente recuperadas en ediciones digitales, incluso disponibles en Blu ray, pero que un servidor de ustedes atesora en formato VHS por aquello de que uno ha pasado por etapas de auténtica voracidad cinéfila, aunque sea de bodrios de serie Z de niveles infumables algo que, por otro lado, se hará característico en la Full Moon más reciente, con producciones del estilo de "Blood dolls" (1999/Charles Band), donde se hace evidente que la escasez de medios no es en ocasiones sinónimo de simpatía o de ingenio, más bien del racaneo de un productor que con tal de gastar bien poco dinero en hacer películas es capaz de pasarse por el forro de donde ustedes ya saben las mínimas normas del decoro y del sentido común, cuando no directamente de la estética. 


"La venganza de los muñecos" (1989/David Schmoeller) es el mascarón de proa de la Full Moon y, personalmente, es una de mis películas predilectas, no ya de la compañía misma, incluso si tuviera que hacer un listado de películas preferidas la pondría en ella sin dudarlo. Schmoeller era, junto a Stuart Gordon, uno de los directores más fieles de Charles Band, para quien ya había trabajado en diversas ocasiones, siendo recordado por la excelente "Trampa para turistas" (1978). La relación entre ambos fue siempre bastante cordial hasta que empezaron a discrepar por la titularidad del guión, circunstancia que se resolvió con la salomónica decisión de firmar el guión con seudónimo, un cachondo Joseph G. Collodi, como claro homenaje al creador de "Pinocho", aunque también podría interpretarse como un choteo a la mala fama que Band ha ido adquiriendo dentro de los márgenes del cine de serie B. El gran éxito comercial del filme propició nueve secuelas, que Band reciclara el concepto de muy mala manera en más ocasiones de las debidas y que Schmoeller dejara el cine para dedicarse a la docencia, tan harto ha terminado de los entresijos de la cara B de Hollywood...


Tres estudiantes americanas se trasladan a Transilvania para realizar su tesis doctoral sobre el folklore local.
El caso es que una de ellas terminará enamorada de un vampiro con resabios al vampiro chora de "Crepúsculo" y secuelas, el cual tiene un hermano espacialmente malvado, Radu, que ha tenido los bemoles de cargarse a su propio padre, el rey de los no muertos, encarnado con notable grado de dignidad por el malogrado Angus Scrimm, al que le toca bregar con uno de los pelucones más terribles que uno haya visto en una película, del género que sea. Radu, encarnado por el actor de origen islandés Anders Hove, es ayudado en su maligna tarea por unos bichos de pequeño tamaño, las subespecies, que para algo han de justificar el título de la cinta. La chica de la carátula, no sale así vestida guarretes, que en Rumanía en esta época del año hace una rasca de tres pares de narices. Dirige el cotarro Ted Nicolaou, realizador de origen rumano, tal cual, que también visitó muy asiduamente los platós de la Full Moon por aquellas fechas. 


Si en "Subespecies" teníamos a una especie de "gremlins" de pan untado con aceite, en esta caso lo que tenemos son unas copias descaradamente burdas de los "Critters", tan burdas que por no ocultar no se ocultan ni los hilos que las sujetan cuando vuelan. "Semilla negra" (1992/Peter Manoogian) es una insoportablemente chabacana reformulación de "La invasión de los ladrones de cuerpos" (1956/Don Siegel). Todo en ella chirría, desde unas intepretaciones que limitan con lo bizarro hasta la insoportable presencia de una novata Holly Fields, que luego se concentró en la caja tonta, en series juveniles y similares. Los efectos especiales es mejor ni mentarlos, pues aparte de los hilos es que los monstruos son de un quieto que asusta más por su aspecto de peluche y plástico que no por su capacidad, nula, para asustar. Peter Manoogian fue el responsable de la recomendable "Eliminators" (1986), coproducción entre USA y España que es igual de mala pero resulta ligeramente más simpática por su agradecido tono de delirio superheroico y cutrez asumida sin coartadas. 


De nuevo Manoogian tras las cámaras para una, algo, mejor cinta sobre juguetes poseídos por el Diablo y que se ubican en un viejo almacén, regido por un segurata algo pasado de peso y un repartidor de comida rápida encarnado por el nieto menos talentoso de Robert Mitchum, Bentley, presencia habitual en el peor cine de género de los noventa, aunque se dejó ver en alguna cosilla que merece la pena, también hay que reconocérselo. Sale Tracy Scoogins, un rostro muy habitual de la pequeña pantalla, en series tipo "Dinastía" y que tampoco le ha hecho ascos a eso de meter su fibroso cuerpo de modelo en productos escasos de presupuesto financiero y, ya que estamos, intelectual. Lo dicho, en "Juguetes asesinos" (1992) Manoogian no está tan manazas como en el caso anterior, pero es que de donde no hay no esperen mucho, pueden creerme...


Uno de los títulos con los cuales Charles Band recuperó guiones que inicialmente iban dirigidos a la Empire y que, con el cierre de ésta, pasaron a la Full Moon con mucho menos presupuesto y resultados que rondan lo menesteroso. Suerte que por ahí andaba el tristemente desparecido David Allen, que crea algunas memorables escenas de animación imagen por imagen que son una delicia de ver, dando a la película un tono de serie B de antaño del todo disfrutable y entrañable a poco que un aficionado la vea. El simpar Jeffrey Combs encarna a un émulo del "Dr. Strange" marvelita, en un conjunto de aventuras y misticismo de baratillo hecho desde la más pura explotación del bajo presupuesto. Entretenida y muy divertida en su agradecido tono de pseudoMarvel anterior a la explosión de adaptaciones de tebeos maervelianos que vivimos ahora mismito en las carteleras. Dirigieron el asunto el propio Charles Band junto a su señor padre, Albert Band. La banda sonora es de otro habitual de la casa, Richard. Sí, todo queda en casa en la Full Moon. 

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