domingo, 29 de septiembre de 2013

DARKLANDS

Fraser Truick es un periodista cuya carrera en Londres se fue al garete por investigar a unos peces gordos, descubriendo sus tejemanejes. Con su carrera hundida, no tuvo más remedio que volver a su tierra natal, el País de Gales, donde se gana la vida como reportero en un modesto rotativo local. Siguiendo la pista de una serie de asesinatos, así como el asalto a iglesias de la zona, Fraser empieza a vincula estos hechos con la aparición de un partido político de tendencia nacionalista, cuyo líder defiende la vuelta a los orígenes paganos de la Gales dominada por los romanos, cuando los druidas dirigían los destinos de sus habitantes. 
Producción británica de 1996, "Darklands" es una película a todas luces insatisfactoria, por cuanto no logra enganchar al espectador en ningún momento, merced a una puesta en escena televisiva, casi apática, y unas interpretaciones en exceso acartonadas, que restan credibilidad a la historia, que muy probablemente en manos más diestras y creativas, hubiera dado lugar a una obra como mínimo digna, y no a un mero panfleto antinacionalista que pretende servirse de la denuncia para plantarnos una demagógica crítica en contra de dichos movimientos políticos, en un tono y unas intenciones que, sin lugar a dudas, harían que la Rosa Díez de turno, y de ser galesa, se pondría las botas analizándola. Incluso hasta la utilizaría en sus mítings.
Y es que lo peor de este "Darklands" no es que como filme de terror se quede corto, sin llegar siquiera a enunciado, es que además se pretenda utilizar su discurso ideológico de manera tan burda y rastrera. Su imagen de los villanos, nacionalistas galeses, como una pandilla de descerebrados mentalmente enclaustrados en tiempos remotos, pone los pelos como escarpias por la forma en que nos es mostrada. Si las intenciones de su director y guionista, Julian Richards, eran las de criticar a ciertos sectores de la sociedad galesa, mejor hubiera sido hacer un documental, pues al convertirlo todo en una cinta de terror al uso, acaba por empobrecerlo todo de manera irreversible, dando como resultado una película zafia, tramposa y, de paso, embustera. Un bodrio indefendible e impresentable. Lo único loable: la esforzada interpretación de Rowena King, que hace lo que buenamente puede entre todo este desastre. 
Rowena King, quizá lo único bueno de una película nefasta por intenciones, tanto artísticas como ideológicas...

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