martes, 18 de marzo de 2014

DR. JEKYLL Y EL HOMBRE LOBO

Un hombre de negocios, de mediana edad, casado con una mujer joven y bella, decide que ha llegado el momento de hacer un viaje a su tierra natal, en los Cárpatos, con el fin de recuperar sus raíces, pues tuvo que abandonarla como consecuencia de las fuerzas comunistas tras la Segunda Guerra Mundial. El viaje transcurre sin mayores dificultades hasta que son asaltados por un grupo de ladrones, que hieren mortalmente al marido. Cuando están a  un paso de agredir a la esposa, aparece Waldemar, un  hombre que vive, cual ermitaño, en los apartados bosques de la zona. Tras dejar a los atracadores hechos unos zorros, la joven, que sin comerlo ni beberlo ya ha olvidado al difunto y empieza a sentir cierta atracción por Waldemar, le propone irse con ella a Inglaterra, donde vive. Waldemar ve en ello la posibilidad de curarse de su dolencia, pues padece de licantropía y la chica es amiga, ni más ni menos, de un descendiente directo del Dr. Jekyll. Ya en las Islas Británicas, en el populoso Londres, el Dr. Jekyll empieza a tener claro que con Waldemar tiene una muy buena materia prima para recuperar las investigaciones de su antepasado. Pero una enfermera celosa, que teme que Jekyll aún sienta algo por la viuda, lo fastidia todo. Waldemar se convierte en una mezcla de tres personalidades distintas, la suya propia, la de hombre lobo y, en última instancia, la de Mr. Hyde. El terror está servido...
"Dr. Jekyll y el hombre lobo" (1972) surgió como un encargo del productor José Frade, que andaba muy interesado en hacer una película de terror con la pareja León Klimovsky-Paul Naschy quienes, dos años antes, habían recaudado un buen fajo de pesestas con "La noche de Walpurgis". Frade estuvo muy implicado en la redacción del libreto que, como siempre, escribió un entregado Naschy. Pero llegado el momento de pasar al rodaje, el productor dejó de estar interesado en el asunto, por lo que Naschy tuvo que buscarse a otro financiados para sacar adelante el proyecto, siendo el elegido Arturo González. 
La película, digámoslo ya, es todo un monumento al delirio más desbocado; en este caso, Waldemar Daninsky pasa por el trauma, no sólo de ser un hombre lobo, sino de ser Mr. Hyde, como consecuencia de las manipulaciones del Dr. Jekyll (una muy bien hilvanada interpretación de Jack Taylor), que utiliza la fórmula de su antepasado con el objetivo de repetir la experiencia ya narrada por Robert L. Stevenson en su genial "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde". Pero una enfermera cargada de celos y mala uva (Mirta Miller, actriz que por aquellos años era una presencia habitual del cine de género español) hará que la situación tome unos derroteros del todo impensables, con el protagonista cambiando de Hyde a hombre lobo y viceversa con la misma facilidad que algunas cambian de novio en un "reality" de Tele 5. 
Pero antes de eso, la película tiene un impagable prólogo ambientado en tierras del Este europeo, en el cual se produce el primer encuentro entre la protagonista femenina (Shirley Corrigan) y Waldemar, que la salva de unos ladrones en una secuencia de pelea de las que hacen época, con tono de "western" europeo.
Con "Dr. Jekyll y el hombre lobo", Klimovsky demuestra de nuevo que era el director ideal para Paul Naschy, aparte del propio Naschy. El director argentino afincado en España asume al cien por cien el tono B de la propuesta, en la que se conjuga el gusto por el goticismo de su protagonista y guionista, además de unos toques de "thriller" psicológico, que redondean con brillantez el conjunto.
Con todo, la respuesta comercial no llegó a los niveles logrados con "La noche de Walpurgis", seguramente porque eran muchos los que esperaban un filme similar, encontrándose con un producto más enloquecido, en el sentido de que no está encorsetado a modelos extranjeros, como era lo habitual, optando por una original, y por momentos muy "bolsilibresca" mezcla de mitos del terror, muy de la Universal en el fondo, pero netamente naschyana en las formas. El hecho es que fueron muchos los que se tomaron excesivamente en serio una película que pide a gritos ser vista con desprejuicio... 

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